jueves, 26 de noviembre de 2015

6923. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
Parte 31

El Sr. Obispo Adolfo Hernández Hurtado creó el Fondo Común, formado con la participación y aportaciones de “Catedral, de todas las Parroquias, Vicarias y Capellanías. Para esto, las más potenciadas económicamente darán un diez por ciento del total de las  entradas y las demás un cinco por ciento”

Prueba también de su cuidado y delicadeza hacia sus Sacerdotes fue el hecho de que, cuando fallecía alguno de ellos, personalmente y por medio de una Circular, avisaba a la Diócesis tal suceso, fomentando con ello el espíritu comunitario y eclesial que deseaba vivir y hacer vivir a sus diocesanos.

 Reformó las Vicarías y formalizó la Organización Pastoral de la Diócesis, continuando, con ello  la obra del Señor Anaya y del Señor Salazar, como él lo afirmó varias veces

Con todo dolor de su corazón, tuvo que cerrar la Escuela Doméstico-Rural de Pajacuarán, ya que, después de un estudio realizado por el Señor Cura Nacho Orozco, El Padre José Luis Amezcua y otros, se llegó a aquella conclusión. Los problemas económicos y de otra índole, nacidos tal vez de la falta de solidaridad y visión de algunos Párrocos, de ciertos malos entendidos y de los malos resultados de la Escuela (sobre todo por la falta de creación de valores apostólicos en las alumnas de dicha Escuela) fueron las causas de aquella clausura, “provisional” para el Señor Hernández.

Un hecho que habló mucho del espíritu del Señor Hernández fue la invitación que hizo a los Sacerdotes de la Diócesis para ir a trabajar a Diócesis pobres, bajo ciertas condiciones, circunstancias y acomodos con los Ordinarios de ellas. El sabía y había experimentado la angustia y el sufrimiento por la carencia de Sacerdotes en las Diócesis pobres.

Otro bello gesto de su parte fue la invitación que hizo al Señor Salazar, ya Cardenal, para venir el 13 de mayo de 1973 a recibir de la Diócesis de Zamora una muestra pendiente de “gratitud y afecto” por los años que trabajó en ella. Una comida en Camécuaro para todo el pueblo,  una cena para algunos invitados y, principalmente, una Misa concelebrada a las 6.30 p.m. en la Catedral.  La llegada del Señor Salazar de Guadalajara fue directamente a Camécuaro.

Características de Don Adolfo fueron su sencillez y amabilidad en el trato hacia todos, sin distinción de clases ni personas, mostrándose siempre atento y correcto;  fue, por ello, estimado y querido por todo el pueblo cristiano. Practicaba, por naturaleza y por convicción, los apostolados del saludo y de  la sonrisa amable (apostolados tan fáciles,  tan cristianos y que  tanta falta hacen en nuestros días). En Ciudad Guzmán, en Tapachula y en Zamora el saludo y la sonrisa eran esenciales en la persona del Señor Hernández Hurtado.

Durante su permanencia en la Diócesis de Zamora y cuando ya se comentaba entre los Sacerdotes su “suavidad y excesiva prudencia en el gobierno”, algunos llegaron a afirmar que ello se debía, tal vez a que estaba  “acomplejado”, al verse “en medio de un clero inteligente, instruido y, en cambio él, sin título académico alguno, etc., etc.”. Tal afirmación, como era natural, hirió al Señor Hernández y  fue motivo para un comentario hecho por un Sacerdote en Guadalajara: “En el plano pastoral, sin menospreciar los títulos académicos, lo que más cuenta es el celo y la espiritualidad del Sacerdote o del Obispo. La ciencia --necesarísima desde luego en el apóstol--, sin la virtud, de poco sirve en el plano de la salvación de las almas. El pueblo desea y necesita Sacerdotes santos, más que Sacerdotes sabios”

Tal vez la obra del Señor Hernández, como Obispo de Zamora, se pudiese catalogar como “pobre”, pero se deben tener en cuenta dos factores para poder juzgarla: el poco tiempo que trabajó en la Diócesis y, sobre todo, su presentimiento expresado el día de la toma de posesión:

 “... en una comunidad... resquebrajada por tensiones de unos, incomprensión de otros o indiferencia de muchos, no se realiza la presencia del Señor”


CONTINUARÁ.

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