jueves, 26 de noviembre de 2015

6928. JUGAR CHUECO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Jugar chueco.
Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, hizo muchas y algunas graves. Una vez en ausencia de él y sus papás, en sobremesa de domingo, salió el tema y alguien comentó “bueno, pero también en su casa no se las cantan claras”, otro más, terció “sí, se ponen reglas y se respetan”, y la mamá de este López, afamada por haber vuelto mudo al perico de tía Rosita con una mirada, especialista en doma de mandriles, dijo: -Con Pepe es inútil todo –reconociendo todos que ella era la máxima autoridad en esas cuestiones, cambiaron de tema: ¡para que lo dijera Yolita!

Ayer, Mariana Gómez del Campo, vicecoordinadora del grupo parlamentario del PAN en el Senado, presentó una iniciativa una iniciativa de reforma al Artículo 81 de la Constitución, para que haya segunda vuelta en la elección presidencial.

Esta modalidad nació en Francia en el siglo XIX y es una tradición muy respetada en ese país. Por eso le llaman balotaje los exquisitos que hacen gala de un galicismo mamón (en francés “ballotage” al hablar de elecciones significa empate, dicen allá: “En cas de ballottage, il sera procédé à un scrutin spécial”; en caso de empate se procederá a un escrutinio especial).

La propuesta azul consiste en que (nota de El Universal de ayer): “Si ningún candidato llega a más de la mitad de los votos se aplicará una segunda votación en la que únicamente participarán los dos candidatos que hayan obtenido el mayor número de votos respecto del total de los sufragios emitidos”.

Se hace así en muchos países, pero no cuando hay empate (cosa casi imposible de suceder), sino cuando ninguno de los candidatos obtiene mayoría absoluta. La idea es dar “legitimidad” a la obtención del mandato. ‘Tá bueno.

Nada más que si cada cabeza es un mundo, nomás imagínese los países… hay reglas de todos tipos. Para empezar el 51% de los votos no es “mayoría absoluta” para todos: en Argentina gana sin necesidad de ir a una segunda vuelta, el que consigue el 45 % de los votos o más del 40 % si el segundo lugar está 10% debajo de él. Hacen igual en Costa Rica, Nicaragua y Ecuador, pero les basta una diferencia del 5% entre primero y segundo lugar. Cada quien.

Declaró el bebesaurio presidente del PAN, Ricardo Anaya: “Debe haber una segunda vuelta para que jamás quien sea el más rechazado sea quien gobierne el país”. Mire nomás… intentó darle con su sonaja a don Peña Nieto, que ganó la presidencia con el 38.91% de votos, pero se le olvidó que su antecesor, don Calderón se trepó a La Silla con menos votos que don Peña a su favor (el 35.89%), y que don Vicente Fox de Sahagún, tampoco ganó con mayoría absoluta (obtuvo 42.52% de los votos emitidos). ¿Y qué?, igual ganaron y fueron legítimamente presidentes de México… como don Peña Nieto.

Sí da un poco de ternurita que doña Marianita haya propuesto modificar la Constitución; según el Diario de Debates de la Cámara de Senadores, “Estableció que de aprobarse en sus términos la iniciativa, se reformaría el artículo 81 de la Constitución para establecer que "será electo Presidente por mayoría absoluta el candidato que obtenga la mitad más uno del total de los sufragios emitidos”.

El artículo 81 como ahora está, no necesita cambios, pues dice a la letra: “La elección del Presidente será directa y en los términos que disponga la ley electoral”. O sea que con proponer un cambio a la ley, dejan en paz a la Constitución y además, no se pone doña Marianita el obstáculo adicional de tener que obtener el voto a favor de dos terceras partes de las cámaras de diputados y senadores, más la aprobación de la mayoría de los congresos locales del país… pero, cada quien.

Por otro lado, a más de que con reglas no se evitan mañas ni se consigue legitimidad, le falta seso a la propuesta, porque en nuestro país vota (en elecciones presidenciales), cerca del 60% de la ciudadanía, y no es creíble que vaya a votar más gente en la segunda vuelta, lo que puede hacer que quien se tercie la banda presidencial, lo haga con menos votos todavía. Pongamos un ejemplo con la elección de don Peña Nieto:

En su elección, el padrón total de votantes, era de 79’454,802 tenochcas. Le dio la gana salir a votar a 50’323,153 cumplidores. Él obtuvo 19’226,784 votos (el 38.3% de los votos emitidos; 24.19% del padrón). Ahora imaginemos que en la segunda vuelta, sale a votar nomás la mitad: 25’161,577 (porque, ya fueron una vez y ya chole). Si don Peña junta el 51% de esos votos, aparenta ganar más que en la primera vuelta en que se quedó con el 38.3%... sí, pero serían 12’580,789 votos, que es menos que los 19 millones y pico de la primera vuelta. Esto es: segundas vueltas no garantizan nada, ni legitimidad, ni más votos ni nada.

Que lo hagan en otros países no significa que sea mejor ni deseable, porque si a esas vamos, en el mundo hay 195 países, pero descontemos el Vaticano, que ahí gobierna el Espíritu Santo (ajá… sí); en los 194 países que quedan, hay dictaduras, monarquías, califatos, gobiernos de partido único… legalitos y que no es cosa de imitar.

Nada más piense en dictaduras, para abrir boca en Asia la de China y otros 18 países; en África, la de Egipto y otros 15 países; en América, una (con la pena, pero esos chamacos, Raúl y Fidel, no son muy democráticos); en Europa, una (Bielorrusia).

En total en el mundo: 37 dictaduras más 10 monarquías en que manda el rey, por ejemplo, Arabia Saudita y Marruecos; aparte de sultanes y emires que mangonean 43 países. En resumen: en el planeta sólo hay 28 países plenamente democráticos y 26 democracias imperfectas (ahí nos hablan), que aún sumadas dan 54 del total de 194 países. O sea, 150 países, la mayoría, no tienen democracia. No les vaya a dar por querer copiar a la mayoría, digo, son capaces.

Por supuesto (permítame que hable en nombre de usted), nos importa poco si cambian las reglas porque sabemos (sigo hablando a nombre de usted y el propio), que con reglas no se impiden las trampas en una mesa de póquer de tahúres profesionales, todos especialistas en jugar chueco.

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