martes, 1 de diciembre de 2015

6956. AGUANTA PUEBLO, AGUANTA.

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
Aguanta pueblo, aguanta
         
Pudiera mejor guardar silencio y aguantarme las ganas de decir las cosas, porque me he metido en cada bronca por aquello del causar heridas en la susceptibilidad de las personas; y porque ¿debemos respetar las creencias políticas, religiosas, sexuales y deportivas?, que en algunos casos son sagradas en ésta nuestra sociedad, sedienta de cosas que pudieran de alguna u otra forma reforzar su espiritualidad; pero con el anhelante “ojalá” que reforzara mejor el respeto hacia las personas, el respeto hacia la vida.
         
Por cierto, con eso del respeto a la vida, debemos respetar el destino natural de la gente. O sea, que ésta tenga la oportunidad de morir cuando la madre naturaleza se lo indique, y no arrebatándoles la vida a cambio de unos cuantos centavos; lo que nos dice que la vida, como dijo José Alfredo Jiménez, “no vale nada” y no solamente en Guanajuato, sino en todo el globo terráqueo.
         
Pero bueno, volvamos al principio de la columna. Con la llegada del último mes del año, Diciembre, de nueva cuenta llega el caos vial, causado ahora por el “paganismo, hermano del fanatismo religioso”, no solamente a Zamora, sino a muchas poblaciones, donde la gente cierra las calles para instalar enormes altares venerando a la imagen considerada como la Reyna de América dentro del catolisismo, Nuestra Señora de Guadalupe, venerada en nuestro país el 12 del presente mes.
         
El problema se agiganta con la llegada de las peregrinaciones al Santuario, procedentes de todos los rincones de la ciudad habidos y por haber. Ello implica el desvío del tránsito vehicular por calles adyacentes a las avenidas Juárez y 5 de Mayo, principalmente los caóticos y anárquicos microbuses.
         
Si fueran unos cuantos no había problema, pero la ciudad está invadida de vehículos del transporte urbano, que en ésta ocasión se juntan con los foráneos. O sea, los que vienen y van a las rancherías. A ello habrá que añadirle taxistas, combis, carga mixta, particulares y de empresas. Lo mejor es dejar el vehículo en casita y movernos en bici o a patín (de ruedas y de dos patas).
         
Podría reconocerse que lo caótico es solamente por las tardes y que habría que aguantarnos, porque se trata de una expresión religiosa que, sin embargo, no cambia ante lo monótono y tedioso de quienes bailan al son de las maracas y del tambor; no actualizan sus bailes y el escenario es siempre el mismo.
         
Pero bueno y ya que hablo del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, habrá que recordar que al Padre Ventura “ya se le quemaban las habas” porque fuera desalojado el edificio que albergaba a la Casa de la Cultura del Valle de Zamora, para iniciar la construcción de un no sé qué, el cual mandó derribar de inmediato, solamente para abandonar los escombros que representan un nido seguro de ratas, arañas, tarántulas, cucarachas, ratones, alacranes, hormigas, moscos, moscas e insectos de toda naturaleza, que representan un serio riesgo para la salud, ahora que están de moda las enfermedades que causa el mosquito “Tígre” o Aedes Agepthy.
         
Lo bueno es que no ha encontrado la forma de destruir el Centro de Salud, cuyos médicos, enfermeras y demás personal han defendido de manera perruna, como debe defenderse la sociedad, unidos y a una sola voz ante lo injusto.

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