miércoles, 2 de diciembre de 2015

6964. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
Parte 33

Vamos a conocer la vida de uno del obispo que gestionó y logró que el ahora Santuario Guadalupano fuera devuelto a la Diócesis, de José Esaúl Robles Jiménez  que nació en Jalpa, tranquila y a la vez alegre Villa de Zacatecas, el 4 de junio de 1925. Sus padres fueron Don J. Refugio Robles y Doña Ma. de Jesús Jiménez quienes, con él y sus hermanos, Carmelita y Nunila --ambas Religiosas--, José Ma. --también Sacerdote--,  José Isabel y José Trinidad, formaron una buena familia.

De chico, José Esaúl vivió en su tierra, natal una infancia tranquila, normal, con el sabor provinciano y pueblerino. Ahí en Jalpa, donde bebió el paisaje y aspiró el perfume de sus naranjales, hizo su Primera Comunión y se mostró siempre como un niño serio, obediente y piadoso, según el testimonio de quienes lo conocieron entonces.

 Pronto la familia Robles Jiménez tuvo que emigrar a Aguascalientes en donde Doña Ma. de Jesús, cuidadosa de la educación de sus hijos, consiguió que la Madre Superiora de las Hijas del Sagrado Corazón y Santa María de Guadalupe se llevara a José Esaúl a su Colegio, en la ciudad de Zacatecas, “para que fuera educado cristianamente”. José Esaúl, además de  aquella separación a tan tierna edad, tuvo que sufrir también las incomodidades, carencias y sobresaltos de una vida casi a escondidas, debido a la persecución religiosa, a tal grado que en alguna ocasión le escribió a su madre: “Ven por mí porque nos dan puro atole”.

El 18 de octubre de 1936, a los 11 años de edad, entró al Seminario de Zacatecas, entonces funcionando  en una casona de Ojocaliente. Ya desde entonces, aquel chico, destacó entre sus compañeros, no sólo por su pequeña estatura, sino por su inteligencia y sentido práctico. En septiembre de 1938, ya estando el Seminario en el anexo del templo de Jesús de la ciudad de Zacatecas, José Esaúl fue enviado al Seminario de Montezuma, donde era Rector el P. Don Ramón Martínez Silva, S.J., hermano del Obispo Auxiliar de Zamora, Don Salvador Martínez Silva.

Este seminario Montezuma nunca se apartaría de los recuerdos de José Esaúl... Ahí estudió dos años de Humanidades, tres de Filosofía y cuatro de Teología. Recibió la Tonsura en 1945 y el Subdiaconado, en 1947, mostrándose siempre, además de buen estudiante, como buen deportista (practicó el Hockey sobre hielo, el Beisbol, el Volybol, el Futbol y el Basquet). También fue Redactor de la Revista Montezuma, en la que sus artículos, llenos de ironía y buen humor y bajo el seudónimo de Bernal Díaz del Castillo, eran leídos con gusto e interés.

Una vez de regreso a Zacatecas, en 1947, recibió el Diaconado y el 13 de septiembre de ese mismo año y antes de recibir el Presbiterado, pasó a Roma a estudiar una Licenciatura en Derecho y un Doctorado en Teología, siendo su tesis  “La espiritualidad del Clero Diocesano”. Ahí mismo en Roma, fue ordenado Sacerdote el 2 de abril de 1949, en la capilla del Colegio Píolatino de manos de Monseñor Alfredo Viola, Obispo uruguayo.

Al volver a su patria, fue nombrado Vicario Cooperador, del Señor Cura Don Antonio Vela, quien lo había recibido  al Seminario, lo había enviado a Montezuma y había influido para que lo mandasen a Roma. Fue también Asistente de la ACJM en Guadalupe (tierra del Padre Pro), Encargado del Instituto Hacendario de la Diócesis, Prefecto General y Profesor del Seminario, Vicerrector y Rector del mismo y, como él mismo lo decía después, “chofer y granjero del mismo”

 En 1962, el Padre Don José Esaúl Robles Jiménez fue electo Obispo de Tulancingo, siendo consagrado el 14 de septiembre de 1962 por el Delegado Apostólico, Don Luigi Raimondi. En esa Diócesis ejerció espléndidamente y con mucho fruto su apostolado episcopal, durante casi 13 años, hasta que, el 12 de diciembre de 1975, fue nombrado Obispo de Zamora, tomando posesión de esta Diócesis  el 13 de marzo de 1975.

Fue  el Obispo mexicano más joven que asistió al Concilio Vaticano II. Ocupó varios e importantes puestos en la Conferencia Episcopal Mexicana, entre otros: miembro de las Comisiones de Educación y Cultura, del Clero, de los Seminarios, de las Vocaciones, de los Ministerios, llegando a ser un tiempo Vicepresidente de la misma Conferencia.

Su relevancia, su importancia como miembro del Episcopado Mexicano se manifestó, además de todos esos cargos, en la celebración de sus Bodas Episcopales en Zamora el año de 1987 con la asistencia del Cardenal Corripio, 25 Obispos, más de 200 Sacerdotes y numerosos Religiosos y Religiosas.


Continuará.

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