miércoles, 9 de diciembre de 2015

6992. CÓMPLICES Y COBARDES.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Cómplices y cobardes.
Se sospecha que hay un virus que ataca a los funcionarios públicos de México y los vuelve estúpidos (con las excepciones bla, bla, bla…). Piensa uno que es la prensa la que malinterpreta o es amarillista, pero no: con frecuencia inaceptable, los personajes de nuestra vida pública, se enredan en su lengua, se andan ahogando en la espesa baba que emiten, y hacen cosas de pena ajena.

Por ejemplo: sobre el tema de la legalización de la mariguana por diversión (uso lúdico dicen los jueces para que se oiga bonito), insisten en repetirle al respetable que fumar hierbita vaciladora hace daño: ya lo sabemos, señores, nadie está proponiendo que el gobierno la promueva, ni que la recomiende ni la incluya en la canasta básica del mexicano. El punto es: el gobierno no es nuestro papá para andar prohibiendo qué come, bebe, se unta o se mete la gente; y, por el contrario: el gobierno sí es responsable de evitar que nadie dañe a nadie, por lo que deberá emitir las normas necesarias sobre la mota, así como hay sobre el alcohol (sería bueno que con el mismo criterio que se sostiene la prohibición del consumo de drogas, se prohibiera el de alcohol… sería bueno… los linchan).

En especial se sospecha sobre la existencia de ese virus, por el giro que ha tomado la increíble y triste historia del cándido Escobar y la desalmada Fepade. Desde la prensa nacional, ayer le dejaron caer encima al titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, Santiago Nieto Castillo, toda clase de obuses verbales, como tratando de demostrar que la falta de calificación ética del denunciante exime al denunciado. ¡Acabáramos!.

Don Castillo efectivamente, se merece lo que le están diciendo, porque el chistorete de no anotar en su currículum que trabajaba como asesor del PRD, una vez ante la Cámara de Diputados, para intentar ser nombrado consejero del INE y la otra ante el Senado, para conseguir (como consiguió), la chamba de fiscal electoral de todo el país, no es algo ilegal, pero sí una manera de mentir, lo que deja del asco su calidad profesional, cierto… pero, ¿qué tiene que ver el culo con las témporas? (que son el tiempo litúrgico del ayuno). Si el Mochaorejas, la Mataviejitas, Roberto Madrazo o el señor Deschamps, denuncian un hecho delictivo, la inmoralidad de un denunciante no invalida la denuncia. Ya podrá decirle el ministerio público que es un cínico y el juez que es un descarado, pero no deben dejar de investigar ni de juzgar por eso.

Además, si a esas vamos, es muy sorprendente que un señor haya sido asesor de la fracción amarilla del Senado más de un año, desde el 1º de enero de 2014 hasta cinco días antes de ser nombrado jefazo de la Fepade… y que no lo supieran varios de los senadores del PRD y algunos de los otros partidos.

Los asesores en las cámaras del Congreso de la Unión, van a juntas de trabajo, acompañan a sus asesorados a sesiones de comisiones, saludan en los pasillos, comen o toman cafecito con los demás. No andan con la cabeza cubierta con una bolsa de papel, ni con máscara. Cobran sueldo, dan todos sus datos a la administración precisamente para que les paguen su sueldo y en el caso de don Castillo así hizo ante la Dirección General de Recursos Humanos del Senado… ¿cómo es posible que nos digan los señores tribunos que no lo sabían?: lo sabían, si no todos, sí los suficientes para que se hubiera mencionado su nexo con el partido que fuera y tal vez, hacer a un lado el asunto e igual otorgarle el cargo. No es creíble lo que nos dicen ahora: ninguno sabíamos; en política y en la vida real, después de uno, se acabó el secreto y después de dos, hay chisme.

Cuando reventó el escándalo de que la Fepade había solicitado orden de aprehensión contra don Escobar, el del teclado hubiera apostado un brazo a que se había hecho con conocimiento previo de la Procuradora de la república y anuencia de cuando menos el Secretario de Gobernación, dado el calibre del asunto. Ahora resulta que todo apunta a que no, a que don Castillo se fue por la libre en el mejor caso (porque el peor sería que lo hubiera hecho a solicitud de cuates… o exclientes, pero, no, no seamos mal pensados: lo consideró su deber… ¡perfecto!, así le va a ir).

Don Castillo aparentemente no es un principiante en esto del nado sincronizado con tiburones y lagartos. Ya fue magistrado electoral Presidente de la Sala Regional con sede en Toluca, no es ningún candoroso en estas andanzas y da la impresión de que se le olvidó que la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, es eso, una fiscalía de la PGR, tal cual dice su propio portal: “organismo de la Procuraduría General de la República responsable de atender en forma institucional, especializada y profesional, lo relativo a los delitos electorales federales contenidos en el Título Vigésimo cuarto del Código Penal Federal”.

O sea, don Castillo tiene jefa, la Procuradora General y se la saltó (ahora va a resultar mañana que no, que doña Arely Gómez González le ordenó que solicitara la orden de aprehensión… ya sería el colmo y lo sería porque estas cosas no se analizan conforme a la ley -que estaría entonces muy bien-, sino conforme a la realidad de lo que es el ejercicio de la política en México: todo el gabinete, diga lo que diga la ley, se cuadra ante el Presidente de la república).

De cualquier manera: es ridículo usar la calidad ética del denunciante como argumento dirimente de la responsabilidad que tenga don Escobar (o no, falta el juicio).

Claro que si las cosas son ahora como siempre han sido, no tocarán ni con el pétalo de un citatorio al blondo y fétido Verde…  aunque están las cosas tan revueltas que con tantita suerte sí lo sujetan a proceso (mmm… otra vez a soñar despierto).

Por este López, pueden hervir a fuego lento a don Castillo, pero estamos claros, lo sabían al menos varios senadores y todos son de dar vergüenza, por callar cuando votaron por él y por callar ahora que lo están linchando. Cómplices y cobardes.

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