miércoles, 9 de diciembre de 2015

6995. SIN GOBIERNO Y AL GARETE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Sin gobierno y al garete.
Corrían los años 50’s del siglo pasado y de repente, en algunos carteles espectaculares de la avenida de Los Insurgentes y otras de mucho tráfico de la Ciudad de México, apareció un anuncio de trajes de baño para mujer -marca Jantzen-, que eran apropiados para señoras y señoritas muy decentes (completos y más pudorosos que algunos vestidos que se ven ahora en las bodas), que provocaron un verdadero terremoto familiar porque la modelo de las fotos no sólo se parecía mucho a la prima Olguita, sino que… ¡era la prima Olguita! Se la comieron viva (y sí, estaba para comérsela). Su papá dejó de ir semanas a su despacho (era abogado) y se dio de baja del Club de Leones; su mamá no contestaba el teléfono, cambió de mercado y no fue a misa muchos domingos. Hágase de cuenta que su hija hubiera caído presa por lenona o algo así. Amainaba el follón y parecía que pasaba al olvido,  cuando en una posada en casa de tío Emilio, su esposa, tía Queta, fue a sacar a la espectacular Olguita, diciéndole: -“En esta casa no entran desvergonzadas”. Para mala suerte de la Queta, se dio cuenta tía Victoria (la de muy agitado pasado, que se sabía vida y milagros de toda la familia y tenía la boca calibre 45), y con tono sobrado para que la oyéramos todos, le dijo: -¿De veras?... pues Olguita se queda y nos vamos yendo tú y yo, Queta, y que nos alcance el cornudo a sabiendas de tu marido –ya no hubo piñata.

-¡Caramba con los políticos de México!, que delicadeza ética, que ejemplar decencia –puede haber pensado algún extranjero despistado si leyó ayer por internet la declaración de Emilio Gamboa, coordinador parlamentario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de que “No podemos tener un fiscal que mintió al Congreso”, refiriéndose al ya comentado caso del titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, Santiago Nieto Castillo, que escamoteó de su currículum que era asesor del PRD en el Senado, presumiblemente para no estorbar su nombramiento como jefazo de la Fepade. La versión del Universal “on line”, dice literalmente que don Gamboa declaró:

-“Veo que el señor tiene que decir la verdad. Me parece que si mintió, tiene que hacer un acto de humildad y decir que mintió. Lo que no podemos tener en una fiscalía tan especializada, es a alguien que le haya mentido al Senado de la República y a la Cámara de Diputados”. ¡Fíu!, así de finito hila el señor.

Sin meterse a escarbar en el largo pasado político de don Gamboa (priísta desde 1972), se le recuerda a usted que el caballero ha sido entre otras cosas: Secretario Particular del presidente de la Madrid; Director General del Infonavit, del IMSS, Fonatur y la Lotería Nacional; Secretario de Comunicaciones y Transportes; Secretario General de la CNOP (Confederación Nacional de Organizaciones Populares, un sector del PRI); Diputado federal una vez y Senador dos veces (ahora es el Coordinador de la bancada tricolor del Senado)… sin rascarle a nada de eso, dejando de lado alguna amistad un poco incómoda (Kamel Nacif), sostiene este López que le tomemos la palabra y de aquí pa´l real, político que mienta, político que pierde el cargo. No porque lo diga él está mal la propuesta, que hasta el Chapo puede decir cosas muy ciertas y correctas, faltaba más.

Para abrir boca apliquemos esta norma de veracidad obligatoria so pena de renuncia fulminante, al político que nos dijo que él sabía cómo hacerlo (refiriéndose al arte de gobernar, no sea lépero); si no recuerda mal su texto servidor, se llama Enrique peña Nieto.

Sí, que vaya don Gamboa y le notifique que no podemos tener un Presidente de la república que le haya mentido al electorado, que haga un acto de humildad, que reconozca que no anotó todo lo que tiene en su declaración patrimonial, ni en la primera versión ni en la segunda.

Que don Gamboa le haga ver que tiene que ser humilde y aceptar que mintió el domingo 8 de septiembre de 2013, cuando presentó su reforma fiscal en Los Pinos, delante de los líderes de los partidos políticos entonces participantes en el Pacto por México, de los gobernadores, los miembros de su gabinete, los representantes de las cúpulas empresariales y selectos analistas económicos, y habló durante 28 minutos (con 15 interrupciones para aplaudirle; datos de La Jornada del lunes siguiente, página 5), y nos aseguró que se iba a eliminar el “Régimen de consolidación fiscal”, sin aclarar que nomás le iban a cambiar de nombre a “Régimen Opcional de Grupos de Sociedades” (ahí revise por su cuenta, no vaya a creer que anda uno de calumniador, por ejemplo, la versión de la CNN Expansión del 11 de septiembre de 2013, donde explican: “A pesar de que el Gobierno propone eliminar el régimen de Consolidación Fiscal -que permite a los corporativos sumar las operaciones de sus subsidiarias a fin de compensar pérdidas con ganancias y reducir el pago de impuestos- la misma iniciativa hacendaria considera un nuevo esquema que en la práctica tendría objetivos similares”). Que conste.

Y si no nos mintió, fue muy mal chiste la nueva Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública, pues ofreció dar con ella nitidez a las acciones de su gobierno y combatir la opacidad y resultó que el 13 de agosto de 2013 modificaron la Ley los diputados dejando una cosa que en la práctica le quita al IFAI la facultad de obtener directamente información de los partidos políticos, del Banco de México, el ejército, la CNDH, la PGR, y el Banco de México. Ahora sólo se conseguirá mediante juicio y -aún y cuando se gane el pleito-, el gobierno podrá apelar y a ver en qué siglo le andan contestando (¡qué necedad de este gobierno de hacer todo con truco!)

Sí, que le diga don Gamboa que lo que no podemos tener en la presidencia de la república, es a alguien que le haya mentido a la república. Faltaba más.

Ahora que… pensándolo bien… podría ser grave, mejor nos aguantamos así, porque para como están las cosas, nos podemos quedar en el vacío, sin gobierno y al garete.

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