lunes, 14 de diciembre de 2015

7023. EN LEÑA VERDE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

En leña verde.
La abuela Virgen (la de los siete embarazos), tuvo siete hermanas; una, María, que no conocí porque murió en la cuna y otras seis que conocí porque murieron de viejas: Beatriz, Lulú, Elena, Carmen, Juanita y Gracia. Todas buenas personas y todas, aparte de cocinar como diosas, más católicas que el padre Ripalda, pero que todo mundo prefería tratar poco porque algo andaba mal con ellas: si no estaban rezando, hablaban sólo de tonterías. Ya desde niñito este menda se daba cuenta que no era normal que señoras grandes hablaran de cosas como el mejor modo para medir el tiempo de unos huevos tibios (rezar un Credo o tres minutos, he ahí el dilema); si el consumo de plátano acortaba la vida de los canarios; si el uso del escapulario aseguraba entrar al Cielo el siguiente sábado después de morir; o si la reuma daba por planchar (no da... ¿o sí?).

Una noticia de primera plana en la prensa de circulación nacional de ayer, me recordó a esas santas viejitas:

En el diario Milenio: “Madruguete”, alza al salario: Mancera. El aumento al salario mínimo de 70.10 a 73.04 pesos, decretado por la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) “fue un madruguete”, aseguró el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera.

Seguramente el Jefe de Gobierno del D.F., capital de la república, no se ha enterado de los millones de problemas que tiene pendientes de atender. Y millones no es exagerar, porque así fueran cuatro, multiplicados por el total de sufridos tenochcas que viven en la ciudad en que se ve lo que se respira, da millones de problemas. Se entiende que dado su afán por ser candidato a la presidencia de la república, ande a la pepena de temas de interés nacional, pero ya podría dejar de meterse en donde no lo llaman (o de ir de gira a Dubai) y dejar de impulsar el ciclismo como medio de transporte en una ciudad en la que son inseguras las banquetas y las camionetas blindadas.

Se trepa don Mancera en un tema facilón como el del salario mínimo porque no tiene ninguna dificultad hacer tasajo con su monto -de verdad mínimo-, ni chiste conseguir el aplauso de la galería, haciendo por ejemplo, la comparación de cuántos meses de sueldo mínimo se necesitan para dormir una noche en un hotel de cinco estrellas o que trabajando los 365 días del año con ese salario, se necesitan 23 años para juntar lo que se va a llevar nomás de aguinaldo cada ministro de la Suprema Corte de Justicia (586 mil 449 pesos), o ya más en plan de que se caliente la raza: que el argentino Lionel Messi se gana un salario mínimo mexicano cada 1.4 segundos de cada minuto y hora hábil del año… nada mal.

Comparaciones todas muy babosas, porque el salario mínimo general -el más bajo que puede pagarse-, debe alcanzar para “satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos” (segundo párrafo de la fracción sexta del artículo 123 de la Constitución), no para compararlo con lo que gana un doctor en derecho que despacha de Ministro de la Corte, ni para reventar de envidia por lo que gana un señor pateando una pelota… transmitido vía satélite a todo el mundo con siete tomas simultáneas y produciendo ingresos a su club de millones de dólares por patada (porque si le pagan eso, imagínese lo que produce el chiquitín).

Que el salario mínimo es una burla lo saben hasta los niños de teta. Que la solución no es incrementarlo por decreto lo saben hasta los neonatos. Burla es el salario y burla que diputados federales sostengan que ya existen “las condiciones económicas para que el ingreso en el 2016, fuese apegado al artículo 123 constitucional y más elevado”, lo que es un engaño brutal que echa sal en la herida de los más de seis millones de conciudadanos que ganan esa miseria y encima quedan convencidos de que es nomás por el puro gusto de verlos tambalearse de desnutrición y de ira.

Mire nada más las perlas que soltó la diputada perredista Evelyn Parra (declaraciones tomadas del portal de “El Universal” de ayer, reporte de las 14:00 horas), que es la secretaria de la Comisión del Distrito Federal de la Cámara de Diputados: “(…) la Conasami no mostró voluntad en el aumento al ingreso de millones de familias mexicanas, tal y como lo hizo el Poder Legislativo al desindexar el salario mínimo” (ponga “Pausa”: “Conasami”, Comisión Nacional de Salarios Mínimos; dele “Play”)… “fijar los salarios mínimos cada año, es lo único que hace la Conasami y además, lo hace mal, por lo que es injusto que su titular perciba un sueldo de cinco mil pesos diarios” (rudeza innecesaria), y remató la Ladyconasami: “Emitiré un punto de acuerdo mediante el cual comparezca ante diputados, Basilio González Núñez, y se reduzca a la mitad el presupuesto de la Comisión, pues su rentabilidad no está justificada con tan millonario recurso asignado cada año al organismo descentralizado” (don Basilio es el presidente de la Conasami).

Habría que explicarle a la Ladyconasami, que no es asunto de “voluntad”; luego, que los puntos de acuerdo son como las llamadas a misa y que si va a proponer reducir a la mitad el presupuesto de la Comisión, mejor que se reduzca el del Congreso que no ha servido para nada de 1917 hasta acá (antes, menos), con la diferencia de que entre diputados y senadores este año nos costaron 11,608 millones de pesos, mdp (casi 272 veces más que los humildes 42.7 mdp que nos costó la Conasami en todo el año), y ya en esas, que se siga de frente y sin retoque, con la Secretaría de la Función Pública (la del ricitos Virgilio Andrade), que sirve para exactamente nada y salió este año en 1,484 millones tirados a la basura; o la Secretaría de Desarrollo Agrario, que sirve para puras vergüenzas y en 2015 nos costó 21,826 mdp. Y no se olvide de los partidos políticos que en 2015 se llevaron 5,356. Ahí le piensa doñita, si quiere, le seguimos por ahí.

Pobre mujer, sus compañeros legisladores y de partido la van a linchar o quemar en leña verde.

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