miércoles, 16 de diciembre de 2015

7029. SABER, CONOCER Y APRENDER.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LOS OBISPOS DE LA DIÓCESIS DE ZAMORA
Parte 35

El día 18 de octubre de 1993 significó para la Diócesis de Zamora un día de  pena y de consternación... Desde la operación que le habían practicado hacía tres años, la salud del Señor obispo José Esaúl Robles se había quebrantado bastante. Pero su muerte repentina y solitaria, causó verdadero impacto en toda la Diócesis y fuera de ella. La tristeza y el dolor invadieron las almas de los fieles súbditos diocesanos del Señor Robles. Ante su cadáver, expuesto en la Catedral, pasó un desfile interminable del pueblo, de las autoridades y de todas las clases sociales Sus funerales reunieron a 23 Obispos, casi 300 Sacerdotes y a miles de fieles que no cupieron en el recinto sagrado.  El cuerpo del Señor Robles fue sepultado el 20 de octubre, después de la Misa y un conmovedor y silencioso recorrido  por la Plaza, frente a Catedral.

El Señor José Esaúl Robles Jiménez ha muerto y el único juicio valedero y justo  es el que ya ha hecho  el Señor al que él sirvió... Acerca de su vida pública y de su actuación como hombre público y como Obispo, la historia se encargará de juzgarlo. Emitir un juicio sobre él y su actuación, a tan corto tiempo de que nos ha dejado, es difícil y peligroso porque la herida aún está fresca y los ánimos aún están caldeados.

 Pero, aunque con miedo y con respeto,  podemos adelantar algunos juicios sobre el Señor Robles, basados en su actuación pública, conocida por todos, en su hablar y predicar y, sobre todo, en algunos de sus escritos.

Debemos mostrar madurez al juzgar o al oír juzgar a nuestros hombres públicos, sobre todo a nuestros Pastores en el orden espiritual. No se vale ni el culto idolátrico y fanático a la personalidad, ni la descalificación injusta y visceral. Debemos aceptarlos con sus cualidades y sus defectos. Su historia, su verdadera historia, se irá escribiendo poco a poco...

El Señor Robles fue, sin duda, un gran hombre. En lo “grande” están incluidas sus muchas cualidades y virtudes; en lo “hombre”, sus carencias y defectos.

Su inteligencia y sentido práctico, su alegría y entusiasmo, su sencillez y su amor al prójimo, su valentía y decisión, su humildad en muchos casos, unida a su prudencia y, sobre todo, su entrega total a su ministerio y su lucha constante por ser fiel a Dios, a la Iglesia y a su propia conciencia, fueron el trasfondo y el fondo de su vida de hombre y de Sacerdote.

Tuvo la fortaleza de salir adelante en situaciones críticas, en las muchas dificultades, en los varios disgustos, malos entendidos, enfrentamientos, anónimos, injurias, etc. Casi siempre tuvo la virtud de saberle dar su tiempo al hablar y al callar. Tenía un fuerte carácter, pero la mayoría de las veces se mostró atento y cortés.

El Señor obispo Robles plasmó en sus escritos, hechos a la luz de la sinceridad con su Dios y en el silencio de sus Retiros y Ejercicios Espirituales, su personalidad, su intencionalidad y la aceptación humilde de su lado humano. En ellos se ve que nunca pretendió obrar de mala fe, ni hacer daño a nadie, sino que todo aquello que reconocía negativo en él tenía precisamente su origen en su condición humana. El se conocía y se enjuiciaba humildemente así:

“Me falta tener más en cuenta a los demás para planear mejor las juntas...” “... me falta escuchar más, convivir más con los demás” “... me chocan las protestas estériles, pero no promuevo más las acciones positivas...” “... al correr de los años, me amenaza la frialdad y el desinterés por los problemas de los demás”

Y en un escrito sincero y elocuente para Dios, para él y para los demás:

“NO ME GUSTA: f) que me falta dialogar más... g) que a veces me siento impaciente para tratar a los demás... ME GUSTA: g) bastarme a mí mismo”

No es pues de extrañar que todo esto se reflejara a veces en sus actuaciones: dejarse llevar algunas veces por simples simpatías o antipatías, ser víctima inconsciente de la adulación y de la alabanza exagerada --nacidas de la falsa o interesada amistad-´- equivocadas tomas de decisión, no tomar mucho en cuenta a quienes no pensaban como él, etc. Actuaciones que eran comentadas con cierto disgusto por algunas personas, sobre todo Sacerdotes.

Dos cosas sorprenden en el Señor Robles y en su actuación como Obispo de Zamora: su facilidad y capacidad para realizar grandes obras --su legado social, sobre todo, fue extraordinario-- y la poca consistencia de muchas de ellas que, o no han tenido continuidad o su fuerza se ha ido apagando poco a poco. El buscar explicaciones a esta realidad sería fruto de un largo y ecuánime análisis. Pero podrían delinearse algunas de ellas, como simples hipótesis, pero con cierto fundamento real: quizás cierto descuido en la parte legal, jurídica y pastoral de dichas obras emprendidas; o tal vez, un exceso de confianza hacia laicos a quienes encomendó algunas de esas obras y que sólo trataron de figurar socialmente o buscar sus propios intereses, so capa de apostolado; o el haber dejado que tales obras se fundaran y construyeran a la sombra de una personalidad, etc.

CONTINUARÁ.

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