miércoles, 16 de diciembre de 2015

7034. REFORMAR O MORIR.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el  Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Reformar o morir.
Era prima lejana de este menda, se llamaba Petra y tenía piernas de chichicuilote (pájaro zancudo no muy agraciado), y le pusieron así porque su papá padecía un raro retro-Edipo con su abuela, que así se llamó. Aparte de feucha, Petra tenía una apocada personalidad (y piernas de cigüeña), y la obligaban a tomar clases de ballet (con sus piernitas de chorrito de atole). Para cuando era adolescente ya iba a la Escuela Nacional de Danza, pero creció de más y le decían Vitola. Aparte de ir a clases, vivía encerrada en su casa, muy acomplejada… pero, Dios existe: la escogieron para ser la bailarina del “Petrushka” de Stravinsky y sin que nadie supiera o le importara que Petrushka es el papel del bailarín, a ella se le quedó el nombre y por el nombre empezó a cambiar, notoriamente y “Petrushka para acá” y “Petrushka para allá”, hasta ser otra, llena de vida, alegre, segura, y en un “para allá”, conoció a un joven de esos que en la literatura de fines del XIX llamaban “mocetón”, un percherón francés con pinta de vikingo, que trabajaba en la embajada de su país y a su país se la llevó sin ninguna formalidad, lo que normalmente hubiera sido un escandalazo familiar, pero tratándose de ella, se consideró milagro de Dios (de casi mandar  a decir un Te Deum). Y allá vive Petrushka (… con sus piernitas de chichicuilote).

No sabe este menda de caso similar tratándose de países o estados. Ayer cambió de régimen jurídico y nombre la capital del país. Por las reacciones de los más distinguidos gargantones nacionales… bueno, hágase de cuenta que fue la portentosa segunda llegada de Cristo. Ahora, mediante un complejo y rarísimo método harán su constitución y en cuantito apruebe la mayoría de los congresos estatales esta modificación, dejará de ser un distrito federal del país y será un estado (¡aleluya!, ¡aleluya!), que por nombre tendrá Ciudad de México (¡Hosanna en las alturas!); ya no tendrá delegaciones políticas, sino “demarcaciones territoriales”, al frente de las cuáles no habrá delegados sino alcaldes (¡bendito… bendiiito… bendito-sea-Dios… los áaangeles cantan…!)

El D.F., perdón, el estado Ciudad de México, es lo que es, se llame como se llame. Los ciudadanos que disfrutan y padecen vivir ahí no ganan absolutamente nada por este cambio, hecho según dijo algún olvidable e inspirado tenochca-tribuno, “pensando en ellos” (¡oh, sí!), “para que dejen de ser ciudadanos de segunda” (¿de veras?, ¿por qué?); seguido por otro más inspirado: “paso fundamental para el reconocimiento de los derechos políticos de los habitantes de la Ciudad de México”…  paso fundamental (las clases del chachachá, las vaaamos a comenzar). De veras, cómo les gusta oírse a ellos mismos.

Esto no es sino un ejercicio público, un “performance” de teololismo puro. Otro. Nada cambia sustancialmente en la vida de nadie porque en lugar de vivir en el “defe”, viva en la CMX. No hay mayor diferencia entre que el tenochca capitalino vote por su Jefe de Gobierno que por su Gobernador, que en lugar de elegir delegados, elija alcaldes. Logro enorme meter este gol sin portería, sin portero, sin público y sin balón. No va a ir la gente al Ángel a celebrar. Es una “gesta” que al chilango estándar, le viene guanga. Ballet de grillos.

Cuando el 29 de abril pasado, se aprobó esto en la Cámara de Senadores, los representantes de los cinco partidos que forman esa Cámara, lo calificaron unánimemente como un bodrio, una simulación, un insuficiente “Frankenstein jurídico”, que otorga a la CMX un régimen fiscal de privilegio, sin los controles federales de rendición de cuentas que sí tienen los estados de la república, reforma que “nació muerta”… que aprobarían sólo porque así se había acordado por los coordinadores parlamentarios de cada uno de sus partidos.

Está bueno saber con qué atingencia, con qué responsabilidad se legisla en este país: -Estando todos de acuerdo en que esto es una mamarrachada, se solicita su voto, señores senadores de la república. -¡Aprobada!

Tampoco entiende el del teclado porque era tan importante para don Mancera pasar de jefe de Gobierno a Gobernador. Empujó todo el tiempo que le dejó libre su trabajo de Secretario B del Trabajo, defendiendo el salario mínimo nacional. No quitó el dedo del renglón ni mientras se aseguraba su carácter de Apóstol de la Bicicleta; no se distrajo ni en su gira por Dubai: ¡reforma política o muerte! Tal vez piense que será recordado por esta gesta de puro vacilón. Pero igual, ya se le concedió y a su gusto, con el presupuesto de salud y educación, a cargo de la federación (del resto del país, o sea de todos, todos, todos, los que no vivimos en la CMX). Por eso se fue corriendo al Senado a dar las gracias:

-“Es un día histórico para la ciudad de México, es un gran paso para la capital, que culmina más de 200 años de búsqueda de esta reforma, un trabajo que se intensificó en la última década” -… mmm y mal informado: la Ciudad de México en el siglo XIX -y hasta 1856-, era capital del país y Municipio de México, parte del Estado de México. Luego, la Constitución de 1857, creó el Estado del Valle de México (para berrinche del Estado de México, que perdió tan jugoso ayuntamiento).

De hecho, respecto del nombre, lo que se va a modificar es el enredo actual de la Constitución federal en la que el D.F. es D.F., sólo si en él están los poderes federales y al mismo tiempo es Ciudad de México y Estado del Valle de México (artículo 44).

En fin. No es importante. Nuestros políticos perdiendo el tiempo en asuntos sin sustancia ni trascendencia. La Ciudad de México no va a amanecer con ningún problema resuelto porque don Mancera tenga tarjetas de presentación que digan “Gobernador”, ni porque los delegados sean alcaldes. Y se seguirá hundiendo la Ciudad, en algunas zonas 2.5 cm al año, en otras, 80 cm, porque le siguen sacando agua al subsuelo… o sea, habrá que rescatar un estado no un D.F. Otra vez: los grillos nacionales se han cubierto de gloria porque… lo de ahora es reformar o morir.

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