viernes, 18 de diciembre de 2015

7042. PEREZA MENTAL.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Pereza mental.
Tito siempre le dijimos a un primo de este López, hijo de tío Betito, nieto de Beto que fue hijo de don Beto, su tatarabuelo, que lo fue de un señor Alberto, del que tenían un óleo muy feo. Tito tenía la peculiaridad –a más de medir casi dos metros de estatura-, de hablar en telegrama, lo mínimo indispensable, manía que en la familia de su texto servidor era considerada virtud, siendo que los callados deben ser sujetos de toda sospecha. Pero así era Tito, podía contar la Guerra de los 30 Años en una frase: -“Ganó Francia, España perdió Portugal, Alemania se amoló” –y ya. Hablaba bien inglés (estudió en el Colegio Americano), y en unas vacaciones de la Prepa se metió a trabajar de guía de turistas; pero a los gringos que llevaba a pasear, en Teotihuacán, por toda explicación sobre esa centenaria civilización, les decía: -“The pyramids” –y ya; en Palacio Nacional, al entrar les decía: -“The palace” –luego los ponía frente a los murales de Diego Rivera y explicaba: -“The murals” –y sanseacabó. Lo corrieron.

En los tiempos actuales se observa una alarmante economía verbal en las familias y entre enamorados, resultado de la práctica intensiva de mandar mensajes (y fotos) por el artilugio electrónico que tenga cada quien a la mano. Hoy la gente se “textea”, se “guasapea”, se “mensajea”, se “tuitea”, se “instagramea” o se “feisbuquea” (¿se “aipadea”, o eso no se dice?), y platica en monosílabos (a veces sin dejar de “textear”; raramente mirando a quien se dirigen). A la par, lo que escriben corresponde a un idioma español nuevo (no “malo”, no “bueno”: nuevo), que ahorra letras y para los que nacimos antes de la televisión a color (y en blanco y negro), es del todo incomprensible: “acbo” es acabo; “xa”, para; “dew”, adiós; “bss”, besos; “mx”, mucho; “dmda”, dormida; “q”, que; “sk”, es que; “tkm”, te quiero mucho… y “lol”, es que se está riendo mucho el que tecleó (por “lots of laughs” en inglés).

Ya se sabrá dentro de una generación si todo eso resultó ser sustituto satisfactorio de la conversación como antes se practicaba y del arte de la tertulia. Puede ser. Porque debe uno aceptar que no entiende, es de bulbos, si acaso analógico, y esta generación es digital (y para estos menesteres no hay adaptador).

Antes de que alguien se apresure a considerar que este junta palabras reprueba a los que forman esta generación, aclara como cosa probada que siendo ajenos a la ortografía y la sintaxis, siendo avaros de palabras y letras, sorprendentemente, no pierden la sensibilidad y se emocionan con el Julión cantando “Me entrego a ti (“…hasta el aire quiere ver lo que pasa”… berrean a coro); hicieron colas de muchas horas a las puertas de Bellas Artes para oír “Los amorosos” de labios de su autor; y tiran puertas por entrar adonde están pasando un video de don Eraclio contando que don Chico iba a volar, “altísimo y lejísimo”, seguro.


Pero en lo que no está dispuesto el del teclado a ceder un ápice es en la generalizada maña de pretender enterarse de las cosas y suponer que algo se aprendió, a pildorazos, leyendo nomás los encabezados de las notas de prensa o las cápsulas de revistas a todo color y flacos textos, prodigios de síntesis, imprecisión y ligereza, en las que los diez tomos de la metafísica de Aristóteles se enseñan en cuatro párrafos -encajados entre fotos de la película Ben-Hur con Charlton Heston-; dan un resumen de buenas maneras y etiqueta a la mesa, según una desnudista retirada; explican la física cuántica sin números -con la foto de Einstein sacando la lengua-, y dan las recetas de un chef de Massachusetts para hacer pozole o paella valenciana, que es lo peor de todo, porque se puede vivir sin Aristóteles, siendo un gañán y sin sospechar la existencia de la constante de Planck, pero con el noble caldo y el sagrado arroz, mancillados al estilo Boston, mejor es morir.

Ayer mismo, un rumboso diario nacional encabezó una nota relacionada con el inicio de las posadas de este año, de la siguiente manera: “Acolman, el pueblo donde nacieron las piñatas en 1587”, y sabe uno que más de cuatro no pasarán del título y vivirán el resto de su vida repitiendo muy orgullosos, babeando la camisa: -“Las piñatas son invento mexicano” –para rabia de Marco Polo que regresó a Europa muy contento a contarles de las piñatas en China.

Igual, con agravantes, reporta la prensa de estos días que ¡subió la tasa de la Fed!, con subtítulos que alarman al más bragado: “Termina una era”; “Impacto sobre la economía real”; “Endurecimiento monetario”; “Adiós al dinero barato”. Y la inmensa mayoría de la gente no leerá completa la información, seguirá sin saber qué es la Federal Reserve (los más enterados sostienen que es como el Banco de México pero en inglés), se quedará con la idea de que nada más falta que nos orine un perro y alguno habrá que encuentre en esto excusa para acudir al suave consuelo de los brazos de Baco, para aliviar la depresión de lo que en realidad, poco nos afecta a los que vivimos en pesos y estirando la quincena ya de por sí (a menos que tenga usted créditos en un banco de Nueva York).

Y qué me dice de los titulares poniendo altavoz a la estrepitosa caída del precio del petróleo: “Cae el precio del petróleo mexicano al nivel más bajo del año: 27.27 dólares por barril”, y ya se imagina uno a la gente sintiendo que se le revuelven en la barriga los huevos con jamón del desayuno, a pesar de lo cual no emprenderán la fatigosa tarea de leer la nota completa, para que sus pupilas se relajen en el renglón en que se recuerda al respetable que tenemos una especie de seguro (las “coberturas”), que para este año 2015 -completo o hasta 228 millones de barriles, lo que suceda primero- nos garantizan un precio de 76.40 dólares por barril (o sea: que lo vendan a peso si quieren, nosotros, cobramos el seguro); y para el 2016, ya se contrató otra cobertura (por $49.00 dólares el barril).

Sirvan estos ejemplos para que entendamos el riesgo del inmediatismo del saber que es simple pereza mental.

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