martes, 22 de diciembre de 2015

7050. UN PRIETITO EN EL ARROZ.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Un prietito en el arroz.
Tío José Juan vivía de hablar, porque hablaba muy bonito. Muy joven, descubrió  su habilidad un alcalde de Autlán -un tal Panzón Godínez-, que tuvo una larga carrera política -llegó a Senador y por poquito no fue gobernador de Jalisco-, y durante decenios lo llevó a remolque hasta que se le acabó la suerte al Panzón y el sueldo al tío, quien sin sofocos, pasó de apologista de la persecución religiosa y las virtudes cívicas de la Revolución, a conferencista consentido de párrocos y obispos, por sus piadosas pláticas sobre “Noviazgo y matrimonio católicos”, que retacaban confesionarios y metieron en problemas a más de un esposo, aunque su fuerte eran sus conferencias sobre la Pasión de Cristo, con las que era capaz de hacer llorar a una cabeza olmeca. Alguna fama hizo, cobraba caro y se lo pagaban. Un día estando en casa de la abuela Elena, ya en la sobremesa alguien pidió al tío que les dijera “unas palabras”, pero ella no lo permitió: -Tú vives de eso, Juancho -siempre le dijo así-, y no me meto ni opino, pero delante de mí, en mi casa, no hagas el payaso –incómodo silencio general y actitud estoica del tío quien, hierático, se retiró de inmediato. Viva se comieron a la abuela -a sus espaldas, claro-, las señoras de la familia, por haber llamado payaso al tío, pero años después, ya grandecito este menda supo que el santo varón siempre tuvo casa chica y también algunos hijos regados. Sí, payaso.

Ayer publicó la prensa de circulación nacional lo siguiente:

“Al inicio de la LXIII Legislatura, entre los grupos parlamentarios imperó el diálogo y la capacidad de lograr acuerdos para contribuir a que las familias mexicanas tengan acceso a más oportunidades de desarrollo, participación política y social con leyes que hacen más fácil la apertura de negocios, la utilización de energías limpias, el combate al robo de gasolinas y la protección de los derechos humanos (…) concluyó un fructífero y complejo periodo de sesiones en el que se cumplió con la responsabilidad de legislar en beneficio de México, al aprobar reformas históricas, como la política del DF o la creación de la Secretaría de Cultura (…).  Igual de importante es la reforma a un artículo de la Ley Federal de Telecomunicaciones, a través del cual se otorga una prórroga de un año a las televisoras públicas y estaciones de baja potencia para cambiar su tecnología, con lo que se evita dejar sin señal a un gran sector de la población (…) el primer periodo de la LXIII Legislatura ha sido de una gran productividad, siempre pensando en lo que le conviene a México”.

Puede uno estar o no de acuerdo. Puede uno creer que quien lo dijo, mentía o era sincero. Pero ya sabiendo que lo declaró el flamante coordinador del PRI en el Senado, Emilio Gamboa Patrón (nota de El Universal, versión digital, 13:19 hrs.), se queda uno con la pupila dilatada… don Gamboa Patrón diciendo que los diputados federales (él entre ellos, se entiende), contribuyeron a que el tenochca simplex tenga “acceso a más oportunidades de desarrollo, participación política y social”; leer que según él se “cumplió con la responsabilidad de legislar en beneficio de México”, y que el primer periodo de sesiones fue de “una gran productividad, siempre pensando en lo que le conviene a México”… es de conjuntivitis.

Una cosa que no hacen los grandes actores es sobreactuar, fórmula infalible para arruinar el papel que desempeñan. Don Gamboa, al decir esas cosas, llevó a la caricatura su ya de por sí discutible estampa política.

Hace no muchas Ferias recordaba el del teclado a usted algo de la trayectoria de don Gamboa, que ya en 1982, era secretario Particular del presidente de La Madrid y no se ha bajado desde entonces. Ha sido Director General del Infonavit, el IMSS, Fonatur y la Lotería Nacional; Secretario de Comunicaciones y Transportes con Salinas de Gortari; Subsecretario de Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación;  Senador de la República de 2000 a 2006; Diputado Federal de representación proporcional (elegido por nadie), de 2006 a 2009; ahora, otra vez, Senador (2012-2018). Y en sus ratos libres: Coordinador de la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa (en el 2000) y Secretario General de la CNOP (Confederación Nacional de Organizaciones Populares), del PRI, de 2010 a 2011. Mr. Hueso.

Gamboa es el personaje paradigmático de cómo algunos no tan escasos legisladores le cumplen al pueblo desde su curul. Recuerde usted el tierno episodio del 12 de septiembre de 2012, cuando la prensa nacional le publicó la grabación de una cándida conversación con el distinguido empresario Kamel Nacif, al que don Gamboa muy orondo le informa por teléfono: -“Vamos a sacar la reforma del hipódromo, ya no del juego… del hipódromo” –y don Nacif le contesta: -“No, no la chingues” –a lo que este tribuno que actúa “siempre pensando en lo que le conviene a México”, le respondió con profunda convicción cívica: -“Entonces lo que tú digas cabrón, lo que tú digas, por ahí vamos cabrón” –y don Nacif, para que no hubiera error, ni confusión posible, puntualizó: -“ No, dale pa'trás papá” –a lo que repuso don Gamboa, siempre dispuesto a “lograr acuerdos para contribuir a que las familias mexicanas tengan acceso a más oportunidades de desarrollo, participación política y social con leyes que hacen más fácil la apertura de negocios”: -“Pues entonces va pa'trás esa chingadera no pasa en el senado, eh” -qué bonito es asomarse aunque sea rara vez a cómo se toman las decisiones en este país. ¡Qué bonito!

No es delito decidir así los asuntos legislativos, no, es sólo una vergüenza.

Gamboa, al que la revista Proceso apodó “El incombustible” (1º de junio de 2010), acosado por los reporteros, no pudo negar la grabación y declaró: -“No me avergüenza; es una canallada, una acción concertada; no voy a renunciar” –era entonces, coordinador de los diputados priístas.

No seamos negativos, nuestra política no es una olla de arroz con frijoles negros… él, es un prietito en el arroz.

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