martes, 22 de diciembre de 2015

7051. ¡MI GORDO AMOR... Y LA PAREJA...!

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

A PESAR DE TODO

El olor, el brillo de la hierba
al depositar su rocío en mis manos,
me anuncia que no has llegado
que se mantiene virgen la vera,
que el final de la entrega,
regalo interminable y repetido,
cada amanecer sin tregua,
vuelve a ser un final, un destino.
Amor que se repite, se reedita,
amor que casi en silencio lo grita.

eliseo.

No sé si a usted la ha llegado a lamente la idea de conversar hacia sus adentros de la contradicción y chapuza que sistemáticamente nos fabricamos en materia de relaciones humanas, cuando siendo gorditos se quiere aparentar, o auto-engañarse aunque sea por un momento negándolo, o simplemente asumiendo que, aunque gordos, lucimos bien.

Esto se parece al cuento de Blanca Nieves, donde la malvada reina tiene amenazado a su espejo, al que le sentencia... ¡si no reconoces que soy la mas bella del reino te mato..., bueno te quiero, que es lo mismo...! pobre espejo, debió pasarla muy mal.

¿Quién no conoce la historia de una chica gordita que en vías de casarse es capaz de atentar en contra de su salud a cambio de bajar algunas tallas para meterse a la de a fuerzas su amenazado vestido de novia (¡o entras cabrón o te mando de regreso a la tienda!).

Amenaza válida por cierto, si tomamos e cuenta que la sociedad ha elevado al rango de gran evento "único" el del matrimonio..., aunque a la vuelta de los días se fabriquen los divorcios, con el pretexto de que... ¡la pareja no resultó ser lo que durante el noviazgo había aparentado...! cuando en realidad la culpa la tenemos nosotros al esperar que se nos traduzca en verdad la mentira sobre la que se monta el noviazgo históricamente.

Efectivamente, los amores gorditos se fincan en una circunstancia penosa, en el momento en que ella y sus muy generosas carnes se medio matan para entrar en un vestido amenazado de muerte o abandono; son conscientes, pero se hacen las tontas al creer que sus amigas y conocidas les van a perdonar lucir como lindas y folclóricas piñatas de las muy mexicanas fiestas, verlas luchar contra el tiempo y el espacio es algo terrible, en cada momento desean escuchar que ya se les va notando la dieta..., los vasos de agua en lugar de comida..., la iniciada actividad de hacer ejercicio unos días antes de la boda... en lo que me caso...; conque les entre el vestido aunque se apretado... en lo que termina el acto de la iglesia..., y en lo que sus invitados constatan que definitivamente ella si lo logró... casarse como dios manda.

El gordito por su parte la tiene más fácil, cuestión de ensayar plenamente la lista de chistes pendejos con que fingirá que no pasa nada ante sus amigos y conocidos; él solo necesita presumir poder de compra; que se le reconozca como un chingón que gana mucho dinero; con eso puede evadirse de las críticas por la muy redonda figura en donde nos e sabe donde inicia nada..., cintura, abdomen. En definitiva, si es un buen proveedor, si cuenta buenos chistes, y tiene un séquito de vividores, incluso puede terminar siendo el corazón de la fiesta... ¡qué chingón es el gordo... tiene la pura lana, invita la parranda, es un tipo con clase..., godo pero con clase!

La referencia es diferente, ella quiere engañar y engañarse al menos el día de la boda; que el vestido entre al menos en lo que termina la boda..., ya después el problema es lo de menos, ya estarán casados. y el pequeño  autoengaño desde el espejo deja de ser tan peligroso. En cambio la gordura de él se convierte en una justificación de vida... "¡es que me dediqué a hacer dinero... para que no falte nada en casa...!"

Con esta expresión, incluso el señor de casa puede darse el lujo de reclamar un homenaje a su gordura... es símbolo del sacrificio para que en casa nada falte. Mientras tanto la señora gordita solo tiene una alternativa real que usa sistemáticamente; trata de embarazarse a todo costo, de esa forma, incluso le pone enfrente la panza a las amigas para resumir... "es que así me dejó el embarazo..." y santo remedio.

Este juego perverso y contradictorio es un lastre social que vivimos en la actualidad, la obesidad ha dejado de contar con mitigantes; hoy es difícil que alguien se anime a aplaudir los chistes pendejos del gordo que presume su panza como sinónimo de salud financiera, extendible a una salud social. Nada menos cierto y recomendable; hoy sabemos que eso que en un momento puede ser anecdótico termina en pronósticos de parejas enfermas con descendencia idem...; parejas desordenadas que construyeron un noviazgo fincado en la esperanza de que el otro, tarde que temprano va a cambiar... tarde que temprano lo hará... tarde que temprano..., que por cierto regularmente termina por ser una evasión de la realidad que seguramente es traumática en el día a día.

Desde hace al menos una década la secretaría de salud ha desplegado una campaña a nivel nacional para tratar de frenar la torpe idea de que los gorditos son muy bonitos... por chistositos..., la medicina social se está en problemas por el alto índice de enfermedades producto del desorden físico que ha desembocado en el triste calificativo de "México, país de obesos".

Hoy, esa penosa historia del vestido que debe entrar al menos en lo que termina la ceremonia de boda deja de ser agradable, es un problema alimentada con las mentiras del noviazgo, con las falsas esperanzas de un incierto cambio en el futuro... eso de que "por mi va a dejar de engordar, es un cuento peor que el de Blanca Nieves y su madrastra condenada con su aterrorizado espejo.... ¡pobre espejo... pobre!

Bueno todo esto para pedirle que no se atragante en estos días con el pretexto de las fiestas de diciembre... no las use de pretexto para decir... es que los tamales... el atole... las enchiladas... ¡nada, deje de ser glotón o glotona... su pareja y la medicina social se lo agradecerá. Aun no conozco a una mujer orgullosa de que su pareja sea un costal de grasa cuenta chistes....; ni un hombre orgulloso de que su pareja se mata de hambre en lo que se mete un vestido por unas horas...

Un abrazo y hasta luego... ¡no trague..., coma!

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