miércoles, 23 de diciembre de 2015

7064. POBRE DEL POBRE, QUE AL CIELO NO VA…

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Pobre del pobre, que al cielo no va…
Usted ya lo sabe, la abuela Virgen (la de los siete embarazos), la que en la cocina era una diosa y rezando, campeona, no era una mujer de muchas luces; si no la hubiera querido tanto toda la familia, hubieran dicho que era tontita. Bueno, pues, siendo como era, tenía prohibido que tío Ernesto entrara a su casa (y en su casa mandaba ella), porque la disgustaba que tuviera a su mujer e hijos al borde del hambre mientras él parrandeaba, vestía como duque y estrenaba carro cada año. Muy seriecita decía: -“Ernesto tiene mala entraña”. Tenía.

Con varias razonadas sinrazones el Senado de la República, en voz de su presidente, el panista Roberto Gil, ayer nos hizo saber a todo el peladaje del país, que el año que entra construirán un edificio al lado de su nueva sede: -“(…) queremos hacer una nueva torre con un estacionamiento, que le brinde servicios al Senado para desahogar la utilización de la calle, así como salas de usos múltiples, oficinas para el personal de administración, salas para exposiciones y para atender a la gente”, dijo y aclaró que no van a pedir dinero a Hacienda, porque ya lo tienen (de Hacienda, se entiende).

Se le recuerda a usted que la sede que acaban de estrenar costó el 246.49% de lo originalmente presupuestado (dijeron que costaría 1,699 millones de pesos, ya va en 4,188 y puede salir en más, dependiendo de cómo resulte el litigio por otros cientos de millones que tienen pendiente con la contratista).

Supongamos, dominados por el espíritu navideño (?), que esa obra, todas las demás y todas las acciones de gobierno, de los tres poderes federales y estatales, del sector central y el paraestatal y de los municipios,  todas, se ejecutan sin una sola manchita de corrupción… pues aun así podríamos decir sin mucho equivocarnos que nuestra casta gobernante no tiene madre (no es insulto, que se los digo a la mexicana, como sinónimo de desvergüenza, descaro, cinismo, lo que se llama no tener madre, pues).

Supongamos también que el boato de que se rodea la clase gobernante, todos sus gastos suntuarios no alcanzan para remediar las carencias de la población entera: igual es un acto de inmoral que gasten el dinero en lo que lo gastan, no sólo porque no es de ellos, sino a la vista de las necesidades básicas y sin satisfacer de tantos y tantos.

En el país padece muchas graves carencias una masa que supera los 50 millones de personas (aparte de la educación, salud, seguridad o fuentes de empleo, faltan cosas más sencillas: tomas de agua potable, saneamiento, suministro de energía eléctrica, caminos -no carreteras, simples caminos-, construcción y reparación de escuelas; muchas cosas)… y nuestros gobernantes viven en el lujo, el dispendio, la ostentación.

El nuevo avión presidencial tiene un costo de 6,769 millones 996 mil 888 pesos, según Hacienda (el más caro del mundo, mejor que el de Putin y Xi Jinping, presidente de China; y mejor que los actuales de Obama); más un nuevo hangar que salió en 977 millones (incluye canchas de futbol, frontón y squash, indispensables como todos sabemos).

El Papa puede viajar en aviones comerciales, porque a fin de cuentas representa nada más a Dios, pero nuestro Presidente no puede asentar sus republicanas nalgas en un asiento de avión mancillado por algún mortal común y corriente, primero, por razones de seguridad (le vayan a pegar una cochinada); en segundo lugar porque representaría mal a nuestra patria (de la que el mundo no sospecha que está habitada por masas de hambreados y desarrapados); y en tercero… porque sí, faltaba más, que para eso mandan.

El Presidente de este país no tiene derecho a viajar en el avión que hoy es el más caro del mundo mientras 11 millones 700 mil niños mexicanos padecen pobreza alimentaria (según publicó el pasado Día del Niño, la Unicef, de la ONU).

Lo mismo sucede en los otros poderes. La Suprema Corte paga a cada uno de sus once ministros, salarios de entre 350,800 y 563,417 pesos al mes (los que ganan más son cuatro de los once, porque entraron a la Corte antes de que se modificara la Ley de Salarios Máximos, el 25 de agosto de 2009, que prohíbe que nadie gane más que el Presidente). Y esto es un inmenso descaro en un país en el que la justicia es quimera.

El Poder Legislativo federal, este diciembre gastó 132 millones 515 mil 920 pesos en pagar a diputados y senadores, sus aguinaldos, dietas mensuales y las ayudas correspondientes a diciembre (es mes de muchos gastos, usted sabe). En promedio cada diputado recibió 194 mil 852 pesos y cada senador 274 mil 140 (o sea, cada diputado recibió en este mes el equivalente a 7.67 años de salario mínimo y cada senador 10.71 años… nada mal).

Lo dicho: aunque no hubiera corrupción y actuaran dentro de la más absoluta legalidad, viven entre lujos que insultan a millones de desposeídos.

El Universal de ayer, en su versión digital, informó:

“El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) abrió una queja de oficio para investigar los presuntos actos discriminatorios ocurridos en contra de una pareja en situación de calle en Nayarit. El pasado domingo, tres empleados de la sucursal de Coppel de Tepic humillaron a un hombre y una mujer que permanecían sentados en unas escaleras, frente a la tienda principal de la tienda, al correrlos con el chorro de agua de una manguera (…) Tras estos hechos la Fiscalía General del Estado inició una averiguación previa y efectuó un operativo en el que detuvieron al gerente de la tienda y a los dos empleados denunciados a través de las redes sociales (…) Por su parte, ayer el corporativo Coppel emitió un comunicado para disculparse por la actuación de sus empleados en Tepic.

Bueno, pues a 55.3 millones de mexicanos pobres (46.2% del total nacional, según informó en julio pasado el Coneval), les parecen discriminatorios y humillantes los manguerazos de dinero con que se despachan nuestros gobernantes. No habrá disculpa, ni detenidos, ni averiguación ni nada. Pobre del pobre, que al cielo no va…

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