miércoles, 23 de diciembre de 2015

7065. PERIODISTAS VALIENTES.

Reporte  Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Periodistas Valientes.

Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que
empezar de nuevo.
Julio Cortázar (1914-1984)
Escritor argentino.


Hace una semana Denise Dresser recibió las insignias de Caballero de la Legión de Honor del gobierno de Francia por su compromiso en favor de los derechos humanos, la rendición de cuentas y la democracia. Denisse agradeció la distinción de Francia: “cuna de la democracia, de la libertad, la igualdad, la fraternidad”. Algunas de las ideas expresadas por la periodista en su discurso merecen una reflexión profunda.

En un país en donde los oficios más peligrosos son el periodismo y el sacerdocio, la distinción a una periodista libre y valiente debe ser notable. Denisse junto con Carmen Aristegui ha dignificado un oficio que la mayoría de los periodistas prostituyeron, no sólo los que se venden en cifras de 6 ceros y en dólares como los corruptos López Dóriga y sus secuaces, sino los periodistas que en provincia venden su pluma a cambio de unos pesos.

Denisse señaló que un sentimiento une a los mexicanos: “La orfandad compartida ante la certidumbre de que la vida pública se ha corrompido –sin distinciones ni matices– entre partidos y gobernantes. La desilusión colectiva ante la persistencia de la cercanía, la amistad y las lealtades políticas en el nombramiento de funcionarios públicos. La angustia ante la opacidad que persiste en la fiscalización del dinero público y la repartición del botín partidario sin consecuencias. Sin efectos. Sin sanciones.”

De acuerdo a Reporteros sin fronteras, más de 80 periodistas fueron asesinados en la última década y 17 fueron desaparecidos; como en otros casos de asesinatos y violencia la regla es la impunidad, en 2006 se creó la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Contra la Libertad de Expresión, pero se trata de una simulación más del gobierno, a pesar de las denuncias sólo se ha condenado a uno de los criminales.

Por eso Denisse afirmo: “México hoy, donde la libertad de expresión y prensa habitan en la simulación de leyes que dicen defenderlas. Donde para los periodistas las palabras más comunes son miedo, silencio, muerte, censura, o un nuevo eufemismo acuñado en el caso de los periodistas que exhibieron la Casa Blanca: despido por “abuso de confianza”. Un estado de indefensión para defensores de derechos humanos, blogueros, tuiteros, dirigentes sociales y estudiantiles que viven en la aprensión permanente. Porque alzar la voz para denunciar, disentir, criticar, conlleva un alto riesgo.”

La denuncia de Denisse es implacable: “Y como Ayotzinapa reveló, el Estado mexicano demuestra su impotencia frente al crimen organizado que históricamente protegió. Las ramas más importantes del gobierno –las procuradurías, las Cortes, las policías– demuestran su disfuncionalidad a diario.

“Denisse, como muchos otros mexicanos comprometidos, sabe que esperar que los gobiernos cómplices de los criminales si no por comisión, sí por omisión,  cambien la situación es inútil, la transformación de nuestro país vendrá de los ciudadanos. Por eso Denisse pregunta: “Y mientras tanto, ¿qué pasa con nosotros? ¿Cuál es el papel de los ciudadanos y los activistas y los periodistas confrontados con esta descomposición?”

Denisse nos recuerda: “el derecho que tenemos a protestar contra un gobierno que no merecemos y recordar las palabras de Martin Luther King: “El arco moral del universo es largo pero se dobla hacia la justicia”.

La periodista demandó justicia, una palabra que pocos quieren oír: “Justicia para los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Justicia para los 22 asesinados en Tlatlaya. Justicia para los 49 niños de la Guardería ABC. Justicia para los más de 26 mil mexicanos desaparecidos. Esta condecoración es un tributo a ellos: un pequeño esfuerzo por doblar el arco moral del universo en su dirección. En nuestra dirección.”

Denisse y Carmen, dos mujeres valientes, dos periodistas que no se doblan ante el poder de gobiernos corruptos nos enseñan la verdadera esencia del periodismo: la verdad no se vende.

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