miércoles, 23 de diciembre de 2015

7067. LA NATIVIDAD QUE NO ES NAVIDAD.

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

EL BRILLO DE LA HIERBA

Desde la nostalgia rescato,
a la distancia de los años y las cosas,
aquel extraño brillo de tus manos,
bañadas de perlas de rocío,
impregnadas de aromas siempre a ti,
penetradas de ganas de vivir,
de vida nunca satisfechas,
en amor siempre generosas.
Tus manos ágiles y honradas,
rescatan el último... ¡ te amo!
de él me impregno, en él pernocto.

eliseo.

Desde hace algunos siglos, la iglesia católica tratando de consolidar su protocolo o ritual que le redondeé su versión de la vida se ha apropiado de algunas festividades que en un principio ha juzgado como "paganas", es decir que no siguen sus reglas. Por ejemplo, atacó con fuerza las adoraciones que los aztecas realizaban en el cerro del Tepeyac para su diosa Tonantzin; se les acusaba de adorar imágenes de su  pasado, que, por otro lado, era necesario enterrar como condición para someterles y explotarlos, como efectivamente se hizo por tres siglos.

Pasa lo mismo con la navidad; son festividades relacionadas con las epifanías negadas por la iglesia católica, toda vez que se trata del disfrute de la vida en sí misma. Sin embargo, aunque parezca difícil se decidió que sería conmemorado el nacimiento de Jesucristo precisamente en la noche del 24 de diciembre. Dato totalmente imaginario, al decir del máximo conocedor de estos menesteres, como lo fue hasta su muerte el investigador Ernesto de la Peña, fallecido hace pocos años. 

Entre sus grandes conocimientos, se afirmaba que nadie en este país sabía mas sobre la biblia (Quizá solamente comparado con Monsiváis el otro genio sobre el tema), y él decía que no existe registro alguno que nos indique  que la fecha de nacimiento de Jesús; en todo caso diciembre es imposible, dados los datos de que se disponen, y relacionan al mes de nacimiento a días cálidos mas de abril o mayo, que los fríos decembrinos.

No olvide usted que los registros de población no son muy viejos; realmente no hay forma de saber lo que no está registrado; por eso la historia se basa en eventos más o menos grandes que permiten ubicar una explicación de lo sucesos históricos, en este caso no hay ese dato; o no se ha descubierto. La tesis, explicada a Cristina Pacheco en su programa del canal 11 hace algunos años,  De La Peña señala que lo más cercano a saber ese dato nos manda a pensar que pudo haber nacido entre abril y mayo.

A veces los que saben son rudos, su conocimiento los hace ver así, no necesariamente mal intencionados.

Pero finalmente para el mundo católico en general, y para los mexicanos en particular, el 24 de diciembre es un buen motivo para ponernos nostálgicos, amorosos con los seres cercanos a nuestra vida, y con una gran capacidad de abrazar y desear lo mejor del mundo a los demás. De por si el mexicano está buscando cualquier pretexto para armar la pachanga, así es que retoma la propuesta del mundo católico al que pertenece en un 82%, según las encuestas, y se divierte como loco, se embriaga, abraza, desea feliz navidad a la menor provocación, se endeuda para mandarse hacer una súper cena, en la que lejos de cenar adecuadamente, simplemente traga; y todo sin culpa, es lo importante... sin culpa, porque es navidad, sostiene muy orondo.

Quizá sea mejor negocio para el mercado celebrar la natividad o navidad en un día de frío como es diciembre que en uno cálido: se consume más vino, se gasta más para ropa contra el frío, el cariño no desaparece, y la fiesta... esa si... inigualable.

Por todo esto, lejos de lamentar la errática fecha, disfrutemos la capacidad de amar, de encontrarnos con las personas con que tenemos cosas en común. Tal vez el deseo de decirnos esas cosas maravillosas que puede decir y sentir el ser humano en ocasiones por otro ser humano. No digo que corramos a abrazar a cualquiera, mucho menos amarle, digo que sigamos queriendo a quienes han estado ahí, metidos en nuestros brazos, o en espera de entrar en ellos.

Digo que hay que mandar al diablo a tanta gente idiota que va por la vida desgraciando la de los demás. Digo que aunque no me consta que los buenos somos más..., me consta que es mejor amar que odiar, agradecer que ignorar.

Usted sabrá de su vida. Yo le abrazo.

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