miércoles, 30 de diciembre de 2015

7088. CUCHILLITO DE PALO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo, de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Cuchillito de palo.

Estimado Dios:
Antes que nada, disculpa que no dirija adecuadamente esta carta a Ti pero es imposible mencionar todas las profesiones que ejerces: arquitecto, biólogo, legislador, doctor, astrónomo… y una infinidad más (además, de ninguna tienes cédula profesional y no quiero comprometerte).

Tampoco encontré alguna palabra de cortesía que manifieste adecuadamente Tu jerarquía porque “Ilustrísimo” o “Excelentísimo” lo usan acá algunas personas con las que no creo que Te gustaría codearte; y decirte “Rey de Reyes”, está muy pasado de moda (sí, lo siento, entérate; y lo de “Señor Dios de los Ejércitos”, está ya muy mal visto, sería muy bien recibido que mandes que se borre eso de todas las biblias, está en Salmos, como bien sabes, Tú lo dictaste… claro, salvo Tu mejor opinión), y aunque “Presidente de Presidentes” o “Jefe de Estado de Jefes de Estado”, es más actual, todos ellos tienen sus cargos por elección popular y podía parecer una insinuación mía del peor gusto, para ni mencionar que ejercen el poder sólo por un limitado tiempo, lo que se opone a Tu naturaleza de Eterno y Todopoderoso. (Te confieso que estuve a punto de ponerte “Slim de Slimes”, pero don Carlos debe ser muy Tu amigo, tiene fama de ser muy modesto y tampoco quiero incomodarlo, a él menos que a nadie, en México y después de Ti, se entiende).

También evalué dirigirme a Ti por alguno de los nombres con los que Te llamamos en este planeta, pero son muchísimos y como están las cosas, era meterme en averiguatas, discusiones (o algo peor), con algunos de Tus devotos que promueven el nombre Tuyo de su preferencia, a balazo limpio y consideran chic usar chaleco de dinamita. Mejor así, “Dios” nada más y “estimado”, porque has de estar hasta el copete de lambiscones dos caras que Te dicen “Amadísimo”, “Santo, Santo, Santo”, y con el que tratan diario es con el diablo (nota por favor la minúscula… inche Luzbel).

El motivo de esta carta (sin subestimar, para nada, Tu Omnisciencia), es el fin de año. Te escribo porque está visto que Te gusta que Te digamos las cosas aunque siempre sepas todo (¿no te aburres a ratos?), y aunque no Te sorprenda, no es para pedirte nada (sin sobreestimar mis enormes limitaciones… de todo tipo y entre más viejo, hasta de las penosas).

No Te pido nada porque sería el colmo que si algo me lo puedo conseguir trabajando o portándome bien con el vecino, Te lo pidiera a Ti, que bastantes cosas tan importantes tienes que atender (me quiero imaginar los asuntos bien gordos que tienes pendientes en Israel, en Siria o lo del Donald Trump… ¡no Te envidio la chamba!). Y de las cosas importantes que me pudieran hacer falta y que no se obtienen como resultado del esfuerzo personal, nomás faltaba que fuera necesario decírtelas, como si no fueras Quien Eres; aunque sin que sea abusar de Tu paciencia, Te encargo mucho a mis hijos, mis nietos y toda la gente que quiero (y ya en estas, que no me fallen la salud, ni el trabajo… bueno, qué Te puedo decir).

Como Tú sabes, Te escribo para darte las gracias. Parece mentira que leyendo cinco periódicos diarios sea uno optimista, pero aparte de que no están las cosas del negro zaíno que cierta prensa dice que están, hay muchas otras cosas que agradecer y no vayas Tú a creer que nos pasan desapercibidas, desde que siga en orden la mecánica de los planetas y el Sol salga a su hora todos los días. Todo es Tu creación, está bien hecho y se Te agradece (aunque ya habrá oportunidad después, cuando nos conozcamos personalmente -no hay prisa-, de que me expliques los mosquitos, que no parecen aportar nada al equilibrio del Universo -y friegan de un hilo-, y el tamaño del hueso del mango, que sin semilla te hubiera quedado mejor… es una simple opinión de neófito).

Lo importante es que Te estamos muy agradecidos por muchas cosas, empezando por  cada día, que es un milagro Tuyo, y también lo del cloruro de magnesio que me recomendó Mercedes mi hermanita que me curó el dedo tieso (¡gracias!, que veo claramente Tu mano tras esas cosas y también en mi sistema digestivo que es una maquinaria de trabajo pesado y alta  precisión: ¡gracias!).

También Te agradezco que siga siendo buena la inmensa mayoría de las personas (¡bendito seas Tú!), y encima, simpática, en particular en Tuxtla, que es de donde me constan las dos cosas.

De las muchas otras que no me gustan y están fatal, no me atrevo a pedirte que las corrijas porque Tú sabes Tu cuento y si las permites por algo será; no me refiero a la delincuencia organizada ni a la estrategia de nuestro gobierno de tratar de volver locos a los narcos a fuerza de desconcertarlos con metidas de pata, porque eso está en manos de Tus tenochcas criaturas y no Te metes, se entiende, pero a niñitos de la calle o enfermos y mamás partidas de dolor, por ejemplo (¿una excepción no Te echas?... ¿no?... bueno, Tú sabrás).

Lo que no te pido es que Te metas a arreglar lo que nosotros desarreglamos, tampoco estás para vivir levantando nuestro tiradero pero Ojalá (quieras Tú), hicieras algunas distinciones, como tanto niñito de la calle, los viejos abandonados, los migrantes famélicos (y que los violadores cayeran fulminados en el instante que se les ocurriera una bajeza; acuérdate, antes hacías llover fuego y azufre, y a la esposa de Lot la volviste estatua de sal por voltear a ver Sodoma, no es tanto pedir)… de veras, a veces parece que pones a prueba nuestra fe en Ti, sin dejar de reconocer que en nuestras manos está que dejen de suceder esas barbaridades, que ya hiciste el milagro de darnos inteligencia sobrada para componerlas y son nuestra responsabilidad. Aceptado. (No me aguanto… lo de Chabelo ¿qué trabajo te costaba?… no es falta de respeto, Te lo comento con confianza de hijo, que conste).

Por lo demás ni pendiente tengas. Nosotros nos encargamos. Te podrá parecer que nos tardamos mucho en meter en varas a los malos políticos y gobernantes venales (no todos, nada más muchos), pero, de veras, no te apures, somos como cuchillito de palo.

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