jueves, 31 de diciembre de 2015

7092. UNA MALA RESPUESTA.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Una mala respuesta.
Tía Tina (no, no se llamaba Cristina, sino Celestina… y era secreto y su papá, un bruto), fue la mujer más crédula de la familia, el barrio, la ciudad, el país y Latinoamérica. Casada con un señor más bueno que malo -tío Polo, Leopoldo, dueño de una tienda de artículos fotográficos-, que ganaba el dinero a manos llenas y lo gastaba con mayor facilidad, vivía siempre a la cuarta pregunta, pero cada 31 de diciembre, el marido  le entregaba muy formal una carta con sus propósitos para el siguiente año y la tía volvía a creerle que dejaría de parrandear, de mantener a las rémoras de su familia que tenía en la nómina y que controlaría su compulsión de comprar lo que fuera al precio que fuera. Cada año lo mismo y cada año… lo mismo, nunca cambió. En la casa cuando querían decirle a alguien que era ingenuo y cándido, rayando ya en baboso, le decían: -“Ya estás como la Tina” –y los que no eran de la familia no entendían qué tenía que ver una bañera con ser inocente en grado idiota.

Cerramos el año con la novedad de que no se pudo abatir la pobreza. El gobierno federal destinó este 2015 (nota de Daniela Barragán, “Sin embargo” del 29 de diciembre), “238 mil 676 millones de pesos para programas sociales que tuvieron un nivel de desempeño débil o están altamente dispersos”, entre otras cosas porque según el Índice de Desempeño de los Programas Públicos Federales -INDEP- (que elabora Gestión Social y Cooperación, Gesoc), el 85% de esos programas no funciona” (¡épale!... ¿en México?... nooo, ¡eso es de no creerse!).

El presupuesto anual nada más de la Sedesol, de 2013 a 2015, suma la bonita cantidad de 320 mil 967 millones de pesos, que por devaluados que estén, es una montaña de dinero. Y ese dineral se invierte básicamente en ayudar a los menos favorecidos económicamente (“Cruzada contra el hambre”, incluida), cosa muy correcta, pero si sabemos por el Inegi que a don Peña Nieto le ha crecido en dos millones el número de pobres, algo anda mal con la estrategia que se aplica, aún suponiendo que no ha nacido el desalmado que se robe un peso de todos esos miles de millones, y que no se desvía ni malgasta un centavo de todo eso.

Si usted va para Acapulco y llega a Veracruz, la próxima vez, pregunta y revisa, pero no vuelve a la misma carretera. Estos, no. Estos repiten. En esto, algo no funciona y para el próximo año van con la misma cantaleta y becando niños, regalando teles de plasma y repartiendo cacerolas de chicarrón en salsa verde y platos de arroz con frijoles refritos (incluye agua fresca, a veces jamaica, a veces piña), no se va a resolver nunca esto.

La cosa es muy seria y es un flaco consuelo que no podamos ni comparar la miseria de hace 50 años con la de ahora.

El Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM, publicó el pasado 15, su “Reporte de investigación 122”, sobre la situación de los trabajadores y el salario en México en el que consigna: “102 millones 425 mil mexicanos no pueden comprar la canasta básica constitucional, que tiene un costo de 16.04 salarios mínimos” (porque, ¡oh, sí!, es una “canasta constitucional”: la lista del mercado como derecho consagrado en la Constitución… ¿y?, ya está escrito ¿y luego?... nuestros legisladores son como la Tina); y si somos por ahí de 120 millones de tenochcas, que más 102 millones no puedan comprar la más básico para despegar la panza del espinazo es de verdad grave.

Nuestras autoridades han diseñado dos canastas alimentarias, la Canasta Alimentaria Recomendable -CAR-, que es mejorcita que la Canasta Obrera Indispensable -COI-, diseñada para que la gente nomás no se desmaye caminando.

Bueno, pues, dice la UNAM (mismo informe, segundo párrafo de la nota a la gráfica 5): “En 1987, se tenían que laborar 4 horas y 3 minutos para poder adquirir una CAR según el incremento en la pérdida del poder adquisitivo, a lo largo de los años, para el 13 de octubre del 2015 se necesitaban 22 horas con 29 minutos y así acceder a la CAR, eso significa trabajar 15 horas más, después de una jornada laboral de 8 horas diarias”. En buen castilla: ahora, el que gana salario mínimo, para tragar tiene que trabajar 22 y media horas diarias… es que la gente es floja, si sí alcanza, pues.

Lo malo es que según el Coneval, “casi 12 millones de personas tienen un ingreso promedio de quince pesos al día per cápita (15.20 pesos). Otros 12 millones, tienen un ingreso promedio de treinta pesos al día por persona (30.53 pesos)”. Así, más de 24 millones de entusiasta nacionales, lejos, muy lejos del salario mínimo -el que no alcanza para comer, ese que ganan siete millones-, es decir, un total de 31 millones en el hambre.

En el gobierno federal tienen una tendencia casi irresistible a manejar los asuntos nacionales de manera inercial. Lo que se hizo antes, a veces cambiándole el nombre, se hará ahora… bueno, pues en esto ya no tienen derecho a seguir creyendo que eso es lo que se debe hacer: eso, eso que han hecho durante decenios es precisamente, lo que no se debe hacer.

Si subir el salario por decreto a tontas y a locas, no es la solución (de ninguna manera), si los programas asistencialistas (con su tufo de caridad y limosna), tampoco han resuelto nada… ¿cuándo van a despertar? Damas y caballeros de las oficinas elegantes: despierten, todo lo que hacen no sirve para nada y si hoy la pobreza en México no es la miseria haitiana de antes, no es por nada que ustedes hayan hecho sino porque la gente se parte el lomo, los empresarios invierten y ahí van las cosas mejorando aunque sea a paso de tortuga de la tercera edad.

La mínima responsabilidad del gobierno es dejar de ser ineficaz y ¡por el amor del dios en que cada uno crea!, pararle al clientelismo del gasto social e impedir la infinita corrupción que cobijan: infinita.

Por lo pronto a usted, estimado lector, le recomiendo que se ande con mucho cuidado al decir a granel ¡feliz año nuevo!, porque en una de esas se topa con uno de los 31 millones que le comenté y le pueden dar una mala respuesta.

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