lunes, 11 de enero de 2016

7133. SON DE ESE TAMAÑO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Son de ese tamaño.
Cuando se tituló de ingeniera química la prima Silvia, hubo fiesta. Cuando Ismael, otro primo, regresó de Alemania, ya doctorado en matemáticas, también hubo fiesta. Y hubo fiesta con todos lo de mi generación que terminaban su carrera… pero cuando al primo Daniel (ya sabe cuál, el de cociente de inteligencia de ostión), sus papás le organizaron su fiesta, varios de los tíos y tías los convencieron de que la cancelaran, porque terminar la Secundaria a los 23 años de edad no era como para eso, aunque, claro, daba gusto.

Por supuesto da gusto que hayan apresado al Chapo Guzmán, por supuesto. Nadie regatea a la importancia de haber conseguido la reaprehensión de este delincuente (aplican restricciones, el Pejehová sí; a él nada le parece bien en su condición de dios principal de su propia mitología política mexicana).

Es innegable la importancia de esta captura, dada la escala de las operaciones ilícitas del Chapo y por la trascendencia mediática mundial de su tercera fuga, por lo que significó de desprestigio a nuestro ya de por sí desprestigiado gobierno. Tercera fuga porque la primera fue en junio de 1991, en la Ciudad de México, cuando fue detenido y liberado mediante el pago inmediato de 100 mil dólares (cosa que todo mundo parece olvidar, ahí le preguntan a los entonces, Jefe de la Policía del D.F., Santiago Tapia Aceves y al comandante Fulvio Jiménez Turegano, que se fueron a la cárcel por el chistecito); la segunda en enero de 2001, de Puente Grande, Jalisco, y la tercera, esta última, la de julio el año pasado, de otro penal de alta seguridad (y esperemos que sí sea la última vez que se les va, ya ven lo inquieto que es).

Que lo hayan detenido y que no haya muerto -como aseguraron que sucedería todos los especialistas en “peñanietología”-, da más gusto, pero que el anuncio oficial de la reaprehensión de un delincuente, por delincuentazo que sea, lo haga personalmente el Presidente de la república en el Patio de Honor de Palacio Nacional, es ir demasiado lejos y refleja la superficialidad e ignorancia de quienes tienen en sus manos el gobierno nacional… si no expulsamos a un ejército invasor.

No es manía de este tecleador, es la Ley General de Bienes Nacionales, que respecto de Palacio Nacional se concreta en el “Reglamento para el Uso y Conservación de las Áreas, Objetos y Colecciones de Palacio Nacional” (Diario Oficial de la Federación del 6 de septiembre de 1984), que en su artículo segundo, define al patio central como Patio de Honor, formando parte de “las áreas históricas, artísticas y protocolares”.

Sí, sorpréndase, no somos un país de salvajes y existen las normas a que se deben sujetar los mandones de turno, para que no den mal uso a los bienes de la nación (…mmm). En particular, sobre lo que se puede hacer o no en el Patio de Honor del Palacio Nacional, el artículo 19 del Reglamento, ordena:

“El Patio de Honor de Palacio Nacional, será usado exclusivamente en recepción de más de 300 personas con máximo de 800 personas sentadas o 1000 de pie; arribo y salida de los Embajadores y honores a los mismos en la presentación de Cartas Credenciales; y arribo y salida del Presidente de la República al Palacio Nacional y como paso a la escalera de honor, elevador y de funcionarios que ocupan diversas oficinas ubicadas en el área y exclusiva de peatones para tratar asuntos en las mismas”. Dice “exclusivamente”.

O sea: el Patio de Honor no se puede rentar para posadas, bodas, bailes de quinceañera, conciertos de los Tigres del Norte, ni demostraciones prácticas de "table dance”. No. Tampoco es para hacer anuncios de la comandancia de policía.

Anunciar la recaptura de un delincuente (por tercera ocasión), no forma parte  de lo que la ley permite se haga en el Patio de Honor de la que es nuestra principal sede de gobierno, por eso dice “exclusivamente”. No es una “recepción”, ni un arribo o salida de embajadores, ni ninguna de las muy formales cosas que ahí se pueden hacer. Aparte de que atrapar al Chapo no es nada de presumir pues de entrada, no se debía haber escapado ni la primera, de las manos de la policía de la capital del país, ni la segunda y tercera, de prisiones federales de alta seguridad, con lo que significa y no se ha explicado.

Ya es cosa del Presidente considerar que su investidura da para esos anuncios, porque la persona es la que da la talla del cargo. Correspondía en todo caso a la responsable de la procuración de justicia, a doña Arely Gómez, acompañada por el gabinete de seguridad si es que no les da pena que se les haya escapado.  Y claro que se entiende que el Presidente de la república felicite a los que lo reaprehendieron, pero nada más, y esa felicitación bien pudo ir acompañada por un exhorto a que se termine de aclarar la fuga anterior, se determinen los responsables y se llegue a la altura que se deba llegar, que eso de salirse de una cárcel de alta seguridad no se arregla dando mordidas para que los carceleros se hagan los dormiditos.

Además, si el Presidente consideró que él debía hacer el anuncio por lo peligroso que es el tipo y por el daño que hacía a la sociedad, entonces no se entiende que no haya mandado retacar de funcionarios disfrazados de público, el Patio de Honor, para informar a ¡México! de la detención de la señora Elba Esther Gordillo, que tuvo de rehenes a millones de niños y mangoneaba a más de un millón de maestros, para no mencionar las ingentes cantidades de dinero que escamoteaba del erario vía cuotas sindicales. Quien sabe quién hacía más daño a la sociedad mexicana, porque la señora gozó de la complicidad de presidentes de la república, secretarios de educación y centenares de funcionarios, con una impunidad que nunca tuvo el Chapo. Si a esas vamos.

Inaugura nuestro Presidente una tendencia, pues tal vez sea la primera vez en la historia que un Jefe de Estado y de Gobierno, se toma la molestia de anunciar la detención de un delincuente. De ese tamaño era la preocupación y sí, con la pena, son de ese tamaño.

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