martes, 12 de enero de 2016

7141. PIEDRAS DE MOLINO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Piedras de molino.
La sección femenina senil de la familia materno-toluqueña de este menda, se integraba por la abuela Virgen (la de los siete embarazos), sus tres hermanas mayores y dos menores (es un decir, la más chamaca tenía 79); cinco tías; tres tías abuelas y una tatarabuela (tía Rosita), a la que se le olvidó que llegados a cierto punto, morir es ya de buen gusto. Se caracterizaba este escuadrón por varias cosas: todas cocinaban como para orillar al suicidio a un chef profesional y su rivalidad culinaria se llevaba al extremo de cocinar algunos platillos encerradas en la cocina, solas, porque con la excusa de ayudar, luego les robaban la receta; otra era su catolicismo, que no admitía bromas, de misa diario y rosario todos los días (después de la siesta, a las cinco en punto; luego era el chocolate); y cosa sorprendente: eran refractarias a los chismes, imposibles de escandalizar con nada. Decía la abuela: -“A estas edades ya viste todo, ya oíste todo, ya poco crees y nada te espanta”.

En todos los países del mundo si hay algo a lo que le temen políticos, gobernantes y personajes públicos, es al escándalo. Por un escándalo ruedan cabezas, caen gobiernos, se encarcela gente, se destruyen prestigios. Por un chisme de prensa sobre una travesura sin consecuencias, Richard Nixon, presidente del país más poderoso de la Tierra, tuvo que renunciar (escándalo Watergate). Por los desórdenes estudiantiles y obreros de mayo del 68 en Francia, agravados por la muerte de un estudiante (UNO) el héroe de la Segunda Guerra Mundial, Charles de Gaulle, entonces presidente de Francia, se sometió a un plebiscito y se fue a tejer calceta a su casita de campo, retirado para siempre de la política. Aún en Italia, en que las cosas discurren entre “canzonettas” napolitanas y comedias picantes, el todopoderoso Silvio Berlusconi, porque resultó que una de las señoritas invitadas a una de sus fiestas era menor de edad (sin calzones, sus fiestas eran sin calzones), le zambutieron cuatro años de condena e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, más otros cuatro por evasión fiscal, más otros tres por sobornar a un senador (le perdonaron irse a la cárcel, pero políticamente lo evaporaron).

Sí, los escándalos hacen temblar a los más bragados pero, por razones que seguramente los sociólogos conocen, en México vivimos entre escándalos y no pasa nada nunca.

Algo nos pasa que por un lado, es inagotable nuestra capacidad de escándalo (o es la prensa la que consigue esa apariencia… aunque, no, no es eso, pues la prensa no retacaría sus primeras planas ni sus horarios estelares de televisión, con el escándalo del momento, si no tuviera la certeza de que todo tenochca se va a interesar mucho en enterarse -es un decir-, sobre los detalles del trepidante suceso del momento); pero al mismo tiempo, no nos sorprende absolutamente nada que no pase nada nunca, nada de fondo se entiende.

Por mucho menos que el escándalo de la blanca casa de la esposa del presidente Peña Nieto (junto con los escándalos de las constructoras españolas que salpican muy arriba de la estructura del gobierno federal), por mucho menos que eso, en cualquier país lógico, el Presidente sería un paria y ya le hubieran iniciado un juicio político para mandarlo adelantito de donde van a moler a sus mamás los mal portados. Aquí no.

Es ocioso hacer un resumen de los más rumbosos escándalos recientes y pasados, nada le menea el copete al tenochca estándar, ni la matanza de Huitzilac en 1928 (14 personas entre civiles y generales, uno de ellos, Francisco R. Serrano, fuerte candidato a la presidencia de la república); ni la imposición a tiros del presidente Ávila Camacho (ya no hizo falta contar los votos); ni la represión de los varios movimientos (ferrocarrilero, magisterial, campesino, estudiantil… y 2 de octubre sí se olvida, que los que vivimos esa época, sabemos que no pasó absolutamente nada: a partir del 3 de octubre, todo volvió a su cauce, sin problemas).

Lo anterior no significa que no haya escándalo, sino que habiéndolo, las consecuencias no se presentan nunca o se mitigan de manera que afecten a los menos importantes de los involucrados y pareciera que los ciudadanos lo sabemos y nos basta con sorprendernos, alborotarnos, hablar del asunto airadamente… y quedar a la espera del siguiente escándalo, que borrará el anterior.

Nuestros presidentes se cuidan del escándalo por coquetos que son, no porque teman perder el poder; les molesta el escándalo porque tienen la ilusión (vana) de ser queridos y hasta respetados, nada más (y dos de ellos, porque creían que podían ser después de presidentes de México, personajes mundiales: Luis Echeverría y Salinas de Gortari… ¡hágame usted el refrabrón cabor!)

Caso distinto es el del resto de los políticos y funcionarios; a ellos les preocupa el escándalo no por lo que la gente piense o diga (con la gente se limpian las evacuaciones que expelen por el extremo inferior de sus sistemas digestivos), sino porque en una de esas le colman el plato (o le dan excusa) al Presidente de turno (o Gobernador), y los mandan a coleccionar lagartijas al desierto de Altar, Sonora.

Una estrategia muy vista de nuestros personajes del poder público, a medio vendaval por alguna de sus pifias, es la de esperar a que aparezca alguna nota que distraiga la atención (como el estado que guardan las nalgas de la señora Guzmán, lo hemos dicho antes), y también, cuando atinan en algo, a darle la difusión equivalente a la segunda venida de Cristo, que es lo que han hecho impúdicamente con la reaprehensión del Chapo, que daba para anuncio en conferencia de prensa del vocero de la PGR, advirtiendo que por instrucciones del Presidente de la república se continuarían las investigaciones hasta aclarar del todo, en primer lugar, por qué había sucedido la inexcusable fuga. No es gracia.

Y no pasa nada. El tenochca simplex está como las ancianitas de mi familia: ya nada lo espanta, acostumbrado como está a comulgar con piedras de molino.

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