martes, 12 de enero de 2016

7143. UNA VIDA CON MUCHO EMPEÑO.

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Los tiempos, las circunstancias, la vida en si nos exige cada vez más esfuerzo, más trabajo para ganar menos dinero que además tiene menor poder adquisitivo. Antes, de cuando yo recuerdo, el dólar valía $12.50 así que, por poner un parámetro, con mil pesos se compraban $80.00 dólares y ahora con mil pesos sólo se compran, aproximadamente 57 dólares.

Según Chava Flores dos pesos alcanzaban para pagar la renta, el teléfono y la luz, sobraba para el gasto y el resto para echarse un alipuz. Cierto eran tiempos más fáciles porque teníamos menos necesidades, al menos las básicas no eran tan exigentes, teníamos casa, alimento, ropa y remedios, buenos o no, sobrevivimos. En números reales el litro de leche andaba en 0.80 centavos y recordando al gran actor cómico Palillo que decía que un huevo costaba un peso y que ahora un peso cuesta un… trabajal.

Debemos empeñarnos todos, toda la familia en trabajar porque las necesidades creadas cada vez aumentan en número y en costo, por lo tanto, miles de familias prefieren que los hijos trabajen a que estudien para que les pueda alcanzar el ingreso para Pantalla, para el Celular, para Coppel, Elektra, Mega cable y otras necesidades imperiosas; la comida no es tan urgente porque se van a un restaurant oriental y hasta rellenar.

Entre otras cosas que han cambiado pero que sigue habiendo un empeño es la palabra, antes se empeñaba la palabra y al cumplir se obtenía un amplio crédito sin necesidad de firmas, ahora no, ahora debes firmar letras, pagarés, contratos y al final una demanda porque ya no se empeño la palabra que además para qué, si ya no tiene valor.

Antes “el mañana te pago” si se cumplía o se hacía cumplir, ¿Recuerdan aquella frase de pagas puerca o chiflas madre? Y los papás les trasmitían a sus hijos el valor de ser “Hombre de palabra, Hombre de honor, no payaso”. En aquellos viejos tiempos lo que me tocó ver en mi pueblo llamaría mucho la atención ahora, el raptar a una mujer ya fuera a pie o a lomo de caballo era palabra empeñada de que debía casarse con ella, en caso de no tener dinero la dama era depositada en casa de una familia de honor y ahí debía regresar el responsable del rapto después de haber “hecho fortuna”. Dice Cantinflas en una de sus películas que no fue un rapto, que fue toda la “nopche”. Si un día tiene oportunidad de ver la película Rosenda, basada en la novela del cotijense José Rubén Romero se darán cuenta como eran esos “depósitos” y un rapto lo pueden ver en la película de Jorge Negrete y María Félix.

La palabra dada era palabra empeñada. En el amor también se empeñaba la palabra, las tiernas Dulcineas esperaban a sus arrogantes Quijotes. En otras latitudes cuando los caballeros andantes se iban de cruzadas les ponían su cinturón de seguridad, en ese tiempo se llamaba “de castidad” por aquello de las dudas, bueno hasta los matrimonios eran hasta que la muerte los separara, aunque a veces se tuviera que forzar la llegada de la huesuda, como la viejita que enviudó cinco veces, cuatro de ellas los maridos murieron envenenados y el quinto a balazos porque no se quiso tomar el veneno.

Un poquito de música. “espejismos rosicleres/ ya no me fruncen el ceño/ ni me cobran alquileres/ las mujeres que olvidé/ bajo el sol que me apuñala/ vivo sin patria ni dueño/ como el aire lo regalan/ y el alma nunca la empeño/ con las sobras de mis sueños/ me sobra para comer” Joaquín Sabina.

Si se estudia con empeño se logra aprender. Es cierto que las oportunidades escasean, pero escasean más para quienes no les ponen empeño a sus estudios que al cabo su papá tiene negocio o tiene un amigo que le puede conseguir una chamba. La gente debe empeñarse en forjarse así mismo con sus propias herramientas y aprovechando las que puedan captar por medio del estudio, más las oportunidades que se van presentando o consiguiendo con el propio esfuerzo, o sea, por su propio empeño.

“Trabajo por mis metas/ no me frenan represas/ buscando un estilo de vida nuevo/ arma tú el diseño, hazlo con empeño/ desplante y desempeño/ lucha por tus sueños” (No sé de quién).

Un empeño triste es el de empeñarse en vivir en la ignorancia, podemos culpar al gobierno, al cielo, a los buenos, a los malos, pero la realidad está en nuestras manos. Esa ignorancia es, por decirlo de algún modo, estúpida. Estoy de acuerdo que muchos niños, jóvenes y adultos se quedan sin oportunidad de asistir a la escuela, totalmente cierto, ¿pero los que sí pueden ir y no se empeñan en aprender?

En lo que si somos muy empeñosos es en gastar y parece que o ya lo sabían o lo adivinaron los señores españoles que vinieron a domesticarnos, en concreto el señor Pedro Romero de Terreros quien fundó la más antigua casa de préstamos en el continente americano en el año de 1775 y cuyo concepto ya ha sido adoptado por China y la India. El nombre correcto fue Sacro y Real Monte de Piedad de Ánimas e inició con un capital de 300,000 pesos oro. Según leo el primer empeño lo hizo un señor de nombre Juan Carabantes y empeño una prenda “Aderezo de diamantes” y le prestaron 40 pesos oro.

En el primer año de actividades, que no eran agiotistas puesto que no cobraban intereses, eso sí, si no pagas perdías la prenda, se hicieron 17,000 operaciones y según el mismo escrito que sigo leyendo, en ese tiempo la Ciudad de México tenía 68,000 habitantes, por lo tanto, el 25% de la población ya las daba, las prendas, por gastalón. Como ya nos hicimos consumistas y nos apegamos a las modas siempre estamos fuera del presupuesto y eso como todos saben, es vivir en el error. Queremos tener lo mismo que aquel, pero más barato y aunque así fuera, de todos modos, cuesta.

Y “Aita” que ahora cuando la Ciudad de México tiene arriba de 20 millones de habitantes, el Monte Pio realiza 9 millones de operaciones al año y según sigue diciendo el escrito se subastan un millón de artículos en el mismo periodo, es decir, que ya anda el porcentaje cerca de la mitad. Tenemos más tentaciones y más trampas donde caer y “tropecé de nuevo con la misma piedra y tropecé con el mismo pie” y por secula seculorum. Les comento que estoy oyendo cantar a Compay Segundo que dice “la juma de ayer ya se me pasó, esta es otra juma que hoy traigo yo”, la juma del año pasado ya pasó, pero sigue el 2016.

En lo que estábamos, en el “empeño”, vemos que hay muchas formas de empeñarse, pero en esta última el empeño es peligroso, el síndrome ya se extendió por todo el país y ya no es piadoso, se deben pagar intereses y los términos y plazos son fatales, determinantes. Al entrar se ven caras en las que se puede adivinar que van haciendo cuentas y cálculos de cuanto les podrán dar por su prenda y para cuanto les alcanza. También en las filas se ven rostros que en  su sonrisa asoma un alivio, una seguridad de cubrir el adeudo y recuperar aquella prenda preciosa por su valor sentimental. Se empeñaba oro en aretes, anillos, cadenas y otros artículos por ese estilo, ahora se pueden adquirir subastados celulares, tabletas, relojes, computadoras y las prendas de actualidad.

Entiendo que hay momentos que las enfermedades, las defunciones u otros motivos apremiantes obligan a poner en riesgo objetos queridos, pero también hay momentos en que no era necesario, nunca se necesita lo que no quieres.

Bien, me empeñé en incomodarlos después de visitar una empresa de préstamos fáciles, nomás deja tres o cuatro veces del valor que te quieres llevar. Claro que la situación a veces así obliga como se dice de los que al encontrase en el Banco de Sangre le pregunta: “¿usted vende la sangre o la dona?” y el cuestionado contesta: “Amigo ahorita nomas la sangre, pero si el petróleo sigue bajando y el dólar sigue subiendo venderé hasta la dona”. Desde luego que también puede vender merengues, churros, empanadas y más.

Bueno creo que ya está bien. Empéñense en no empeñar.

Saludos empeñosos para Toda mi Familia y Todos mis Amigos.

Rafael Ceja Alfaro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: