martes, 5 de enero de 2016

7102. DEMOCRACIA SIN CIUDADANOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Democracia sin ciudadanos.
Tía Conchita era un pan de Dios y no había quien no la quisiera. Aparte, era tonta, pero tonta como ostión hervido. Como era tan buena persona nadie se atrevía a contradecirla y cuando recetaba para todo uno de sus famosos “tecitos”, se lo tomaban, por no ofenderla. Tío Alfredo se murió tomando su tecito de azahar para la tuberculosis; Ana María mi prima, se operó las varices a escondidas de la tía, porque se le iban a curar con su tecito de gordolobo; la tía abuela Lucha, le tomó gusto a su tecito de epazote, después de años de no curarse con eso su invencible insomnio; su marido ya totalmente calvo, siguió tomando su tecito de albahaca contra la calvicie. ¡Ah, los tecitos de tía Conchita!

A México le recetaron su tecito de democracia. Después de decenios de no elegir a nuestros gobernantes mediante el voto, después de tantos años de autoritarismo tricolor -en mayor o menor grado, era un sistema autoritario-, de alguna manera permeó en la mayoría de la población que todo sería diferente y mejor con democracia, entendida como elecciones libres (lo demás: estado de derecho, instituciones confiables, servidores públicos eficientes y decentes, todo eso, si alguien se lo planteó, como si la democracia obrara milagros, lo dio por seguro… sin ninguna razón). Y nos tomamos nuestro tecito de democracia.

Ya sabemos lo que resultó: primero la decepción foxiana; luego, el susto calderoniano (digo, el señorcito nos metió en una guerra que no tiene para cuando acabar y suma muchos más muertos ya que el ejército yanqui en Vietnam). Y como el que regresa a la lancha a medio hundir, porque ya se dio cuenta que nomás no llega nadando a la costa, regresamos al PRI a Los Pinos, con un argumento sobreentendido: más vale malo por conocido, expresado en “ellos sí saben gobernar”… 

Bueno, sí saben, pero no con los nuevos parámetros; no con gobernadores que ya le tomaron gusto a no tener patrón (sin pavor al Secretario de Gobernación, como antaño); no con partidos políticos engolosinados de dinero e impunidad; ¡ah! y sin presión de la prensa extranjera, que antes ni caso hacía de lo que pasara acá, pero como ya somos una de las fichas del gran capital internacional, pues les interesa y se meten, cabildean con sus gobiernos y con las entidades financieras mundiales, que aprietan las tuercas de nuestro gobierno, a nuestro y Presidente, sin pudor y sin piedad: con todo eso que no había en el pricámbrico clásico, resultó que el neoPRI peñanietista, tampoco pudo  gobernar.

A los seres humanos suele sernos difícil afrontar la realidad cuando va a contrapelo de nuestros deseos (por eso los chaparros -a veces-, son tan de mal carácter, porque la realidad de su corta estatura se les impone 47 veces al día… o más). Millones de tenochcas no fácilmente vamos a aceptar que la democracia electoral, así, ella por sí misma, no sirve para nada, ni cura nada, ni endereza jorobados, ni un régimen democrático da buenos gobernantes ni gobiernos nomás porque se respeten los derechos humanos y los resultados de las elecciones. Nomás no se le olvide: Hitler se hizo con el poder democráticamente y ya ven las que hizo.

Y como está difícil dejar lo que nos parece el único remedio, ahora vamos a probar (estamos ya probando), a sacarle la vuelta a los políticos profesionales y a los partidos políticos. Ellos, los políticos, por ser los villanos designados de esta comedia; y los partidos, porque si no nos funciona la democracia es porque la habían monopolizado y son unos perversos alma negra, origen de todos los males nacionales.

Así las cosas y como por ensalmo, se aprobaron las candidaturas independientes y los partidos postularon candidatos cuya divisa es precisamente no ser profesionales de la política. “El Bronco” como gobernador de  Nuevo León y Cuauhtémoc Blanco, como alcalde de Cuernavaca.

El Bronco ya gobernador y su patética circular sobre el código de vestimenta de empleados del gobierno estatal (que “deben vestir con propiedad”), y de las empleadas (que no deben usar “blusas llamativas”, ni “vestidos estraples” -sic que sonríe-, ni “legins” -resic que se retuerce de risa-, ni “prestar sus servicios a la ciudadanía usando calzado de plataformas extravagantes”… ¡así se forjó el acero!).

El Cuau queriendo primero dejar en su lugar a uno que tomara las decisiones y ahora, “embroncadísimo” con el Gobernador de Morelos porque con los conocimientos que le da su amplia experiencia futbolística, ha determinado que el Mando Único Policial no conviene a Cuernavaca (y al que no le parezca le “rompe la madre”, como aclaró a don Graco Ramírez, que gobierna ese estado como mejor puede, con sus más de 35 años de experiencia política).

Habrá quien diga que los candidatos independientes tendrán menos compromisos inconfesables al carecer de filiación política… bueno, pues sí, es posible, aunque también los puede promover discretamente un delincuente ricachón, un gobierno extranjero o que resulte ser un millonario excéntrico como el Donald Trump, que se anda comprando la candidatura para ser Presidente de los EUA. Digo: no son garantía de nada.

También habrá quien diga que los gobernantes que no sean políticos de profesión, cometerán menos canalladas precisamente por no haberse maleado con políticos y por no tener compromisos políticos… bueno, sí, pero si uno está escogiendo quién va a operarle las anginas a su hijo, no escoge al señor más decente, sino al médico más capaz.

La democracia no resuelve nada sola. La democracia sin partidos y sin políticos es todavía peor remedio. Lo que realmente sucede es que la democracia no es un sistema de purificación de almas y voluntades. La democracia se hace con gente y en toda la gente está la solución de los problemas de toda la gente. Lo que no se puede es hacer mejor a la sociedad sin la participación de la sociedad, esperar que el gobierno se conduzca bien milagrosamente, que sea papá de todos y nos resuelva todo; eso es lo que no se puede tener, democracia sin ciudadanos.

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