miércoles, 6 de enero de 2016

7110. ENTENADOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo, de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Entenados.
Tío Emilio era bien parecido y simpático, a más de adinerado y generoso. Ya casi cuarentón, comprendió que era tiempo de casarse, pero tenía dos obstáculos: era muy mujeriego y -peor aún-, era celoso, incontrolable y exageradamente celoso, de psicólogo, psiquiatra y junta médica.  Así las cosas, se fue a un pueblito de Jalisco dejado de la mano de Dios, de donde regresó casado por las dos leyes con Margarita, una joven despampanante, alta, rubia, de ojos azules como platos, que hablaba como la india María y había sido educada en algo muy lejano al respeto al esposo y más cercano a la sumisión a “su señor”, que así le decía al tío (recién llegó, no se sentaba a la mesa mientras él comía, por ejemplo)… ¡ah, renegrido tío Emilio! Las señoras de la familia paterna de este menda, adoptaron de inmediato a Margarita y dedicaron el tiempo que hizo falta en darle la capacitación urgente que hacía falta para que Emilio la tratara como esposa y no como esclava-reproductora de lujo; ella aprendía pronto y pronto fue consiguiendo llevar una vida normal con el tío, excepto en una cosa: la nana de él, una anciana de mala leche y muy chismosa, que lo idolatraba, vivía con ellos con la exclusiva función de espiar todo el santo día a Margarita, que no podía salir a ningún lado sin la nana (Alonsa, si no recuerdo mal). Cosa tan desagradable finalmente se remedió, gracias a la intervención de la abuela Elena, quien le aconsejó que exigiera a su esposo, a cualquier precio, incluida la huelga connubial (que no es de brazos caídos sino de las otras extremidades cruzadas), cambiar a su secretaria por una que contrataría Margarita… o sea iba la nana. ¡Abur nana!

En la capital del país se jactan sus gobiernos de ir adelante que el resto del país en todo. Ha de ser. Ahora han iniciado con la aplicación de multas por medio de máquinas que fotografían las placas del vehículo que viole el Reglamento de Tránsito en la Ciudad de México (exceso de velocidad, no respetar carriles, invadir pasos peatonales, etc.). Mire nomás.

De entrada parece mejor que sean máquinas desprovistas de dentadura, que no se cansan ni se distraen, no faltan a sus deberes ni jornadas, no se presentan crudas a trabajar, no necesitan servicio médico ni requieren vacaciones, las que se encarguen de poner orden en el tránsito vehicular, sí, pero si es válido que una máquina aplique multas y sirva incluso para establecer responsabilidades penales (un atropellamiento de peatón que fotografíe la maquinita será la condenación del dueño del auto), entonces ya podríamos pensar en cancelar del primer artículo de la Constitución, que los ciudadanos tenemos derechos fundamentales y ya podrían ir notificando a todos los jueces del país que eso de la presunción de inocencia y el ser oído y vencido en juicio, queda suspendido “sine die”, porque sin intervención de ningún ser humano, ni siquiera de un policía de crucero, si la máquina dice que usted es culpable de haber violado el reglamento de tránsito, es culpable y a pagar (o al bote, según de qué se trate), lo que es la optimización al delirio de la justicia pronta y expedita, que pasa a ser mecánica (y los juicios orales quedan como prehistoria de la eficiencia judicial).

Imagine usted que un conductor efectivamente iba a exceso de velocidad porque llevaba a su madre infartada al hospital: nada, se friega, la máquina lo detectó y paga su multa. O piense que le toma la foto invadiendo carril, porque dio usted un volantazo para no pasarle por encima a un conciudadano que con la alegre audacia que dan los humos del alcohol cruzaba a pie el periférico: nada, aquí está la foto y usted iba entre dos carriles. O peor aún, piense que la infracción la cometió su compadre, al que prestó el coche: ¿qué dijo, no?... ¿con ese cuento me zafo?... no señor, a pagar por la falta que usted no cometió, pero su coche sí.

Aunque… pensándolo bien… está bien, adelante con eso, con un detallito: con el mismo criterio aplicado a los desgraciados conductores de autos de la Ciudad de México, se debe exigir que haya cámaras y micrófonos en cada oficina del gobierno y que cada funcionario de nivel medio superior para arriba (Presidente incluido), esté obligado a portar todo el tiempo que dure su encargo, las 24 horas del día, un micrófono y una cámara de video que permitiera monitorearlo (se pueden negociar las visitas al trono en el baño y el amoroso acto reproductivo… se puede negociar), pero primero está el objetivo superior del bien de La Patria:  inhibir toda conducta ilícita, de esas que todo indica a veces cometen, como dejarse sobornar, chantajear tenochcas, vender favores, arreglar licitaciones, decidir asuntos de interés general con ligereza o a lo tarugo, pedir favores sexuales a compañeras y compañeros de trabajo (¡oh, sí!), organizar trampas electorales, usar bienes públicos para cosas personales, dejar escapar narcos y un etcétera de 206 años de largo (desde 1810).

Es perfectamente factible desde el punto de vista técnico. Y toda esa red de cámaras y micrófonos, conectadas a una súper computadora debidamente programada (si le buscamos, debe haber una ONG que ya tenga listo el “software”), para que una máquina en lugar de expedir una multa de tránsito, expida carta de despido, multa, inhabilitación, sentencia de cárcel, cancelación de pasaporte y bloqueo de cuentas bancarias, todo en un “ticket” y sin pasar por un juicio que es lento, corruptible, ineficaz y premoderno.

Si el gobierno de la capital del país considera posible controlar mediante máquinas el comportamiento de sus más de tres y medio millones de conductores de vehículos automotores, con más ganas se debería poder automatizar el control de conducta de los funcionarios públicos de nivel medio y superior, que son muchos menos (secretarias, personal de base y a los carteros, que los dejen en paz).

Obviamente sería una atrocidad y obviamente, jamás la autorizaría el gobierno… pero que conste, la cosa es dispareja: unos hijos y otros entenados.

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