jueves, 7 de enero de 2016

7118. ¡SUERTE Y AMIGOS!

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo. De Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Suerte y amigos!
Si en otras partes y ahora es igual, es cosa que ignora el del teclado pero al menos en México a los que pertenecemos a la generación de los primeros años 50 del siglo pasado, se nos educaba con un recetario que incluía entre otras cosas: religión, refranes y nalgadas ocasionales.

Por supuesto parte de la educación eran las costumbres, pero de esas no se hablaba, nomás se practicaban sin ninguna explicación, y al tenochca infante le parecían de lo más natural. Ya luego más grandecito, se preguntaba (o no), si en Berlín habría peregrinaciones a la Villa, que allá serían “wallfahrten nach der Basilika von Guadalupe”; si en París comían rosca de Reyes y si al que le salía Niño también le tocaban los tamales del 2 de febrero (“gâteaux de maïs sur le jour de la fête de Notre-Dame de Candelaria”… a lo mejor). Pero eso eran las costumbres, que van cambiando sin que nadie se dé cuenta. Por eso cambian.

De las dosis de religión que incluía la educación de la época, quedaba muy claro que Dios lo veía todo, que era nuestro Papá, nos quería muchísimo y había que portarse bien para que no se pudiera triste… y luego ya más grandecito se preguntaba uno (o no), cómo queriéndonos tanto, había hecho el infierno donde al que moría en falta se le aplicarían torturas tremendas por toda la eternidad (… pero nos quería muchísimo); y también le resultaba extraño que sabiéndolo todo, porque Dios es Omnisciente, no hubiera puesto a San Miguel a montar guardia junto al árbol para, entre otras cosas, ahorrarle a su Hijo Jesucristo, las molestias de venir a redimirnos, y redimirnos de esa manera (que desde muy chiquito, cada Semana Santa, viendo las que pasaba Enrique Rambal en el “El Mártir del Calvario”, a la hora de la crucifixión hacía un coraje inmenso este López… al Llanero Solitario, lo hubiera rescatado Toro: a Batman, Robin; al Santo, el Gori Guerrero lo salva… por qué Dios Padre no le echó la mano a su Hijo era algo que le parecía inexplicable y casi imperdonable). Pero eso de la religión es cosa de cada quien y con la edad va uno entendiendo cómo son las cosas (o eso cree).

De las nalgadas no comento nada porque no había argumento válido y ya nalgueado, lo único que pensaba uno era lo ciertos que eran los refranes, porque “palo dado, ni Dios lo quita”. Y llegamos así a los refranes, aforismos, adagios, máximas, los dichos, pues.

Parecía que los grandes tenían un dicho para cada circunstancia: “al que nace para tamal, del Cielo le caen las hojas” (y su variante del que nació para maceta y el pasillo, usted sabe); “el que con lobos anda, a aullar se enseña” (y su variante: “dime con quién andas y te diré quién eres”); “el hábito no hace al monje” y centenares más.

Parecía también que tratándose del trabajo, el arsenal de proverbios era inagotable: “el flojo y el mezquino andan dos veces el camino”; “a Dios rogando y con el mazo dando”; “al que madruga Dios le ayuda”; “a juventud ociosa, vejez trabajosa”; y serán muy ciertos, serán muy sabios, pero vive uno el suficiente número de décadas partiéndose el lomo con fe ciega en que “no hay atajo sin trabajo”, confiando en que “trabajo y persistencia son la mejor herencia”,  seguro de que “dudoso es heredar, seguro el trabajar”, hasta que concluye que los refranes sobre el trabajo en nuestra risueña patria, son mentiras redomadas, pues hay prueba sobrada de muchos que se levantan a la hora que les pega la gana, que no dan golpe, que son mezquinos y más flojos que un perro de casa rica, y no sólo les va bien sino muy bien; y no son tan pocos.

En el caso del junta palabras se sumaba a esa “sabiduría” de refranes que predican las bondades del trabajo, un culto por el estudio que decían sus progenitores, era garantía de progreso. Le parece escucharlos ahora mismo diciendo: “el saber no ocupa lugar”; “si cuesta aprender, cuesta más no saber”; “la letra con sangre entra”; “más vale saber que dinero”… sí cómo no.

Cansado está el tenochca estándar de conocer gente que nunca estudió y el éxito social y la fortuna económica los han correteado toda su vida por el solo  mérito de portar el apellido de don Fulanez, poderoso depredador de un sindicato; de don Zutanez, exgato de confianza de uno que fue Presidente del país, o Gobernador de su estado, o Secretario, o… tantos y tantos más de los que conforman el inabarcable estrato de los de arriba.

Por si fuera poco para dudar de las virtudes intrínsecas del estudio, están otros que sin apellidos de influyente, sin credenciales académicas ni título de nada, les va excelentemente bien; no me refiero a los que se hacen ricos gracias al brutalmente espléndido sueldo, prestaciones y retiro generosísimo que se paga por trabajos como Jefe de Seguridad de un líder terrorista, bombero de plataformas petroleras o Jefe de Mantenimiento de las barras de control de reactores de fisión nuclear, no, sino a la enorme cantidad de puestos de trabajo que en México son casi garantía de riqueza pronta y plácida, sin requerir ninguna capacidad, conocimientos, habilidades ni perfil académico. Por mencionar algunos:

No sabemos cuántos son ni cuánto ganan, pero la clase social que constituye el “mirreinato” mexicano, formado por casi puros inútiles gozosos usufructuarios de lo que sus papás o abuelos o amigos de políticos consiguieron medrando todos a costa del erario o de los privilegios obtenidos por complicidades inconfesables con los poderosos de turno. Son miles.

Otro último ejemplo para no saturarlo: cada tres años, 500 tenochcas asumen de diputados y cada seis, 128 de senadores (aparte cada estado tiene su Congreso); si tienen la edad, no están en la cárcel, no son ministros de algún culto y son mexicanos, llenan todos los requisitos y por el sólo hecho de asentar plácidamente las nalgas en unos sillones que se llaman curules… ¡a vivir la vida loca! Y ya sabe: aplican restricciones, hay unos bichos raros que hacen su trabajo muy bien, pero esos son muy mal vistos.

¡Que el saber nada te importe, Dios te dé suerte y amigos!

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