sábado, 9 de enero de 2016

7122. FAMILIA IMPERIAL.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Familia imperial.
Cuando su texto servidor conoció a tío Tito, era un ancianito bonachón (hermano mayor de la abuela Virgen, la materno-toluqueña). Igual lo ponían sentado junto a la estufa a vigilar que no se tirara la leche (en esa época se hervía la leche, fíjese nomás), que lo mandaban a cuidar a los niños al parque y le pedíamos “caballito” y se dejaba montar. Ya adolescente se vino a enterar el del teclado de la vida y fama de tío Tito: de joven fue atravesado y valentón, se sumó a la Revolución y regresó hecho un macho matrero; de soltero no dejó de aquellos campos ni una flor y de casado fue brusco y mandón… sí, pero se fue haciendo mayor, se le empezó a subir a las barbas su mujer, luego los hijos; todos le fueron perdiendo el miedo y después el respeto gracias a todas las cuentas pendientes que tenía y acabó siendo… tío Tito, que se dejaba montar.

Cualquier tenochca mayorcito sabe lo que era el pricámbrico clásico, digamos el de tiempos del presidente Ruiz Cortines (1952-1958), aunque aún con Díaz Ordaz (1964-1970), el régimen gozaba aún de cabal salud.

Al régimen le llamábamos “el sistema”, le voy a decir por qué… no lo sé.

Tenía características que llamaban la atención de políticos de otros países. Por un lado: salvo excepciones, todos los habitantes de ese México, sabíamos que no existían la prensa libre, ni las elecciones, ni los partidos políticos de oposición; que todos los diputados y senadores eran del PRI; que todos los gobernadores y los alcaldes, también. Se imprimían y vendían periódicos y revistas, había noticieros en la radio y en la rudimentaria televisión de la época, pero nadie suponía que se iba a enterar de nada, faltaba más. Se hacían elecciones y algunos votaban, pero nadie suponía que los votos se contaran (¿cómo para qué?). Había panistas, oficialmente opositores que tenían clarísimo hasta dónde podían llegar y llegaban muy cerca de la punta de sus narices. Hasta 1976 empezó a haber diputados de oposición, aplastados por la absoluta mayoría del PRI, y el primer gobernador no priísta fue en 1989 (Ruffo Appel -de Baja California-, y fue una noticia de ¡y retiemble en sus centros!)

Por otro lado: si usted no se metía de agitador, de guerrillero ni escribía en las paredes mentadas de madre contra el Presidente, nadie se metía con usted y en términos generales, la vida era apacible, a condición de que no se le olvidara nunca que no tenía derechos y que el gobierno era dador de toda gracia. También era recomendable no olvidar que el gobierno (quién sabe cómo), parecía enterarse de todo, siempre y por eso lo mejor era no hablar de política (y no se hablaba).

Otra característica tenía “el sistema”: los presidentes hablaban poco, se dejaban ver poco, oían menos (salvo excepciones), y eran como seres mitológicos que jamás se equivocaban y obraban milagros. Y eran más seriecitos, por cierto.

“El sistema” era presidencialista y el régimen era el del “nacionalismo revolucionario”; envejeció mal y se fue debilitando, fue cediendo terreno para que no estallara el país y  para congraciarse con el tío Sam, que exigía que se cubrieran las apariencias democráticas, porque se ponía unas quemadas espantosas apoyando a un régimen que las malas lenguas (del extranjero), llamaban autoritario, despótico y “dictadura perfecta”.

Ahora que ya todo mundo puede decir y dice lo que le pega la gana sin consecuencias, parece una bobada que le hayan puesto la etiqueta de “dictadura perfecta” al régimen, pero cuando Mario Vargas Llosa lo etiquetó  así, fue casi un terremoto. Fue el jueves 30 de agosto de 1990, en un debate televisado que organizó la revista “Vuelta” de Octavio Paz, llamado “El siglo XX: la experiencia de la libertad”, para hablar de los gobiernos de Europa del Este, entonces comunista; lo que dijo fue: “México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México”… Octavio Paz, muy molesto, le respondió diciendo “como escritor e intelectual prefiero la precisión. Primero: lo de México no es dictadura, es un sistema hegemónico de dominación, donde no han existido dictaduras militares. Hemos padecido la dominación hegemónica de un partido. Esta es una distinción fundamental y esencial”… bueno, eso se le ocurrió decir y en la sede del PRI gritaban a corto: ¡no nos ayudes compadre!

Así, ya muy achacoso el viejito fue que llegamos a Ernesto Zedillo (presidente no priísta que dijo que era priísta porque iba a ser Presidente de parte del PRI). Luego, lo que usted sabe, Fox, Calderón y Peña Nieto.

Cuando el del teclado conoció a tío Tito, en su casa mandaba su esposa -tía Luz- y hacía años que los hijos lo habían llevado con el Notario a “poner en orden” sus cosas, o sea, a poner a nombre de la mamá todas sus propiedades y le registraron a ella su firma en el banco (“y/o”… a todo dar). Y tío Tito cuidaba la leche.

Ahora se supone que somos un país en democracia, pero sin decirlo y hasta negándolo, seguimos esperando y creyendo en las virtudes del viejo régimen que más que presidencialista, era autoritario. Nuestros políticos tienen sueños húmedos al imaginar que si llegan al poder podrán gobernar como el Gran Tlatoani que eran los presidentes de antes, con la misma estructura de Estado y las instituciones de antaño que ya no sirven para nada.

No se explica el gobierno el desencanto y franco rechazo que sufre, sin darse cuenta que no puede dar lo que los políticos y peladaje esperan: resultados inmediatos (aunque fueran mentiras, ahí otro día le cuento de devaluaciones, inflaciones, crisis recurrentes…)

Están queriendo aplicar fórmulas que ya no sirven y peor, mucho peor, sin darse cuenta se acercan a un régimen de oportunistas, amigos, hijos y ahijados que heredan el poder sin ni siquiera el mérito de haber echado bala o mucha baba para cautivar incautos. Ya nomás por ser hijo, nieto o algo de alguien poderoso… ahora falta que en unos años nos vengan a decir que somos la perfecta familia imperial.

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