martes, 19 de enero de 2016

7167. NI QUIEN DIGA NADA.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Ni quien diga nada.
Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, fue siempre muy machito según los estándares de “machez” del peladaje nacional, incluso en el famoso “affaire de las jarochas", aquella noche cuando tía Emilia oyó ruidos en el techo de su recámara, que era el piso del cuarto de las sirvientas (dos cimbreantes porteñas), y alarmadísima por chirridos, golpeteos y lo que creyó eran lamentos, subió a la azotea en bata de franela, cara encremada, los tubos en la cabeza y chanclas, armada con un paraguas, imaginando lo peor. Nomás llegar a la azotea lo confirmó: las estaban golpeando, porque se oían lamentos y bufidos; no pudo abrir la puerta de lámina del cuarto y golpeándola con todas sus fuerzas la emprendió a gritos de “¡¿qué pasa ahí?!”: silencio; más gritos, más golpes, más silencio; regresando a la escalera de fierro, gritó que iba a llamar a “la patrulla”… y salió Pepe, despeinado, descalzo y fajándose la camisa desabrochada: -Nada tía, vine a saludar a las muchachas –ya se imaginarán la bronca; le habló a los tíos Agustín y Josefina, papás y víctimas de Pepe y todos esperaron a que llegara tío Arturo, el esposo de tía Emilia, a “ajustar cuentas”, pero tardó muchísimo y llegó muy mal, golpeado porque lo habían asaltado aunque la verdad es que se cayó al bajar de la azotea por el tubo del desagüe… pero Pepe… Pepe era muy machito y se la tragó él solo.

Muchos de la planta “pent house” de la casta política nacional esperan que don Humberto Moreira también sea muy machito, porque si no, va a ser un embarradero terrible. Y también le rezan a su santo favorito para que ya no hablen otros políticos del tema, como doña Margarita Zavala, esposa de don Calderón, que ayer publicó en El Universal un artículo titulado “Y fue en España”, en el que afirma: “(…) en México parece que no hay consecuencias de ningún tipo para quien se burla de las leyes y del pueblo (…) en México ni siquiera la oposición denuncia la corrupción del partido en el gobierno”. ¡No nos ayude comadre!, han de pensar algunos colaboradores de su marido cuando fue Presidente.

Cuatro de los cinco años que Moreira fue gobernador de Coahuila, don Calderón era Presidente; Agustín Carstens, fue secretario de Hacienda, tres años de Moreira (de 2007 a 2009), Ernesto Cordero Arroyo, todo 2010 y enero de 2011, cuando Moreira pidió licencia para irse de presidente del PRI. Y esos cuatro señores tenían obligación de saber y se puede afirmar que sabían en las que andaba el gobernador de Coahuila. A menos que usted crea que se puede endeudar por 35,400 millones de pesos a un estado sin que se prendan focos rojos y suenen las alarmas federales. Imposible.

En 2011 (el 25 de agosto, tiempos aún de Calderón), el subsecretario de Hacienda Gerardo Rodríguez Regordosa, declaró que: “En el registro de la SHCP sólo teníamos 8,000 millones de pesos; en los reportes de las calificadoras -incluso en sus estimaciones más pesimistas- decían que tenían hasta 14,000 millones de pesos, pero resulta que tenían 32,000 millones (ni a la cantidad le atinó)”. Esas son metidas de pata tamaño familiar, o sea, Hacienda consulta calificadoras para darse una idea de cuánto deben los estados.

Que Humberto Moreira merezca siete hogueras o no, es otra cosa, lo evidente es la absoluta imposibilidad de hacer una tropelía de ese tamaño falsificando documentos de Hacienda y decretos del Congreso estatal, cosa que concedamos que hizo, pero ahora nomás explíquese cómo los 10 bancos que otorgaron los créditos no ratificaron la documentación antes de soltar esa fortuna (Interacciones, Banorte, Bancomer, Mifiel, Banco del Bajío, Banamex, Santander, Banobras, Bansi y Multiva). Hay que creer que don Moreira y asociados se encontraron con 10 equipos de imbéciles al frente de las direcciones de crédito de cada banco, hay que creer que no se enteraron los directores generales ni los consejos directivos de cada banco, como si fuera un crédito para poner una tortillería.

Por otro lado: si los créditos se obtuvieron chuecos, entonces el gobierno de Coahuila no tendría por qué pagar. Sería un fraude cometido por unos pillos… ¿sí?, pues fíjese que no: el Congreso de Coahuila en agosto de 2011 reconoció 33 mil millones de esa deuda y la legalizó (¿en qué quedamos, si era ilegal la cosa, ya no?), lo que Banamex analizó diciendo que con los intereses a 30 años pactados, creció el importe a 72 mil millones: ¡viva el erario!

Repite el del teclado: que a Moreira lo juzguen y le dejen caer completito todo el peso de la ley (ni es tanto, son como nueve kilos de libros), pero lo que no veremos es que la cosa sea pareja. Nomás calcule que el banco que más le prestó al gobierno de Moreira fue Interacciones de la familia Hank Rhon. Le aflojaron 17,231 millones… los Hank Rhon… ¿sí entiende, verdad?

El fraude al obtener los créditos si es que lo fue, se cometió cuando los responsables de las finanzas del país eran los del gobierno de don Calderón. La robadera… bueno, eso sí que cada quien responda (y lo gastado en campañas también es robado).

Y aprovechando que es temporada de espantarse de la deuda que causó don Moreira, se le informa que en los estados que este año cambian de Gobernador, hay unas deuditas: en Chihuahua, 41 mil 309 millones de pesos (mp); en Veracruz, 41 mil 286.8 mp; en Quintana Roo, 21 mil 983 mp; en Tamaulipas, 12 mil 980 mp. Para no aburrirlo, en los 12 estados que hay elecciones (sin Colima), la deuda suma 167 mil millones de pesos. Esperemos que cada peso esté derechito y no se haya malversado nada. Esperemos, aunque chueco o derecho, el que paga es el erario, o sea, todos los tenochcas simplex.


¡Ah! y por cierto: sí doña Margarita, tiene toda la razón, en México no hay consecuencias de ningún tipo para quien se burla de las leyes y del pueblo y ni siquiera la oposición denuncia la corrupción del partido en el gobierno; tiene toda la razón, ahí pregúntele a su marido, que nos metió en una guerra que ya va en más de cien mil muertos y ni quien diga nada.

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