martes, 19 de enero de 2016

7169. MAYA, LA SEDUCTORA.

Reporte Z

Por Rafael Gómar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Maya, la seductora.

Nuestras ilusiones no tienen  límites; probamos mil veces la amargura del cáliz y, sin embargo, volvemos a arrimar  nuestros  labios a su borde.
René de Chateaubriand  (1768-1848)
 Diplomático y escritor  francés.


Maya es en la cosmovisión hindú,  la ilusión, ella es utilizada por  demiurgos poderosos para atraer y  engañar a los hombres, con su  belleza, los colma de placeres haciéndolos sus esclavos para  siempre. Maya sigue actuando hoy como lo hacía hace cientos de años, pero con la ventaja que en la actualidad Maya cuenta con una poderosa herramienta, la televisión.

Maya está detrás del consumismo, de la tendencia a los placeres de la carne, de la tierra, del sexo. Maya es hermosa y lujuriosa y se presenta como ángel o como demonio, su capacidad de transformación la convierten en una diosa poderosa que todos quieren tener de su lado.

El consumismo, la tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes no siempre necesarios, es una patología que caracteriza al comprador compulsivo,  esta necesidad nunca satisfecha revela un vacío existencial y muchas veces la causa puede ser la falta de amor, de afecto, esa sería una explicación que los psicólogos aceptarían, pero hay un factor aún más poderoso que no se puede soslayar: el condicionamiento social que se refuerza día, tras días, hora tras hora a través de los medios masivos de domesticación.
El papel preponderante de la televisión en este proceso de enajenación (enajenación significa ajeno a sí mismo) es evidente para muchas personas, pero no así para los esclavos que han caído en el embrujo de Maya.

El sistema neoliberal y sus teóricos han impuesto el paradigma de que la esencia de la vida son las posesiones, tener es más importante que ser, al punto en que los desposeídos sienten que sus vidas no tienen sentido. En la sociedad del derroche, ser es tener, así que el individuo consume su vida vendiéndola para adquirir cosas que le den un satatus que de otro modo no puede obtener. Cuanto más tienes mejor, así que de lo que se trata es de acumular cosas, dinero. La vida así vivida se experimenta como vaciedad que nunca se colma. La vida es el vacío que horroriza por lo que mejor se evita a toda costa y este sentimiento se contagia y se extiende por el mundo sin que nada lo pueda detener.

En el sistema capitalista neoliberal la concentración de la riqueza genera una profunda desigualdad lo que lleva a monopolizar el poder y el dinero y por consiguiente, a generar un estado de insatisfacción en las masas que a pesar de sus carencias siguen en poder de la insaciable Maya.

Sólo la sabiduría puede romper el poderoso embrujo de Maya, sólo la conciencia de la propia esencia puede romper la cárcel en que nos han encerrado, la cárcel del consumismo.

La mayoría de las necesidades del ser humano son artificiales, para vivir no se requieren muchas cosas,  como dijo san Francisco, el pobrecito de Asís: necesito pocas cosas y  lo poco que necesito lo necesito poco.

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