miércoles, 20 de enero de 2016

7170. NI EL ÚNICO NI EL PEOR.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Ni el único ni el peor.  
Tío Mencho nomás no podía con sus hijos, sus siete hijos, sus siete hijos varones. Tío Mencho era director de una academia militarizada en la que el alumnado se componía de lo más granado del mundo gandalla del occidente del país, los peores de los peores eran los internos… y los traía derechitos, marchando. Los papás de los que salían de ahí veneraban a tío Mencho del que decían que enderezaba jorobados. Pero no en su casa. Decía tío Mencho: -No sé cómo le hago para no poder con estos -sus hijos-, si traigo marchando a 300 delincuentes –y la razón era que a cada orden de él, su esposa, tía Maruca, emitía contraorden, por consentidora y por purgarlo. Estaba pintado en la pared.

El pasado día 13, los integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), se pusieron de acuerdo en que es muy conveniente impulsar la “Policía Estatal Única” en todas las entidades federativas y presentar la iniciativa correspondiente ante el Senado de la República, para que se reforme la Constitución del país y no haya que andar pepenando el “ok” de cada Gobernador… ni Alcalde, porque ya ve, luego aparecen por ahí descendientes de Cuauhtémoc, que nomás abren la boca por ventilarla y dan mucha lata. Muy bien.

Ya desde mucho antes, especialistas y estudiosos afirman que la descentralización del gasto público, ese asignar por ley los recursos presupuestales a los estados, restando discrecionalidad al gobierno federal, fomentó los gastos absurdos e incrementó exponencialmente la corrupción de los gobernantes de las entidades de la república. Claman porque se vuelva a controlar el presupuesto que se otorga a los estados desde Hacienda federal.

También recibe muchas críticas la descentralización educativa, que hizo 32 secretarías de Educación Pública chiquitas y le mandó ríos de dinero a los gobernadores, sin que se haya obtenido ningún resultado positivo y sí, en cambio, el trafique de plazas y la creación de escuadrones de aviadores. Ahora parece que están tratando de regresar las plumas a la almohada.

Y qué me dice de la descentralización de la Secretaría de Salud, traducida en la instalación de 32 “servicios de salud”, uno en cada entidad, con una sensible baja de calidad en la prestación del servicio, problemas administrativos infinitos, desabasto de medicamentos y corrupción, corrupción y más corrupción.

En principio, si somos una “federación” de estados libres y soberanos, todo eso es muy correcto, pues es tratar a los libremente “federados” estados como lo que son, iguales, todos gobernados por señores que el pueblo eligió, maduros, sensatos y probos… sí, cómo no.

Así como de repente alguien se dio cuenta de que tener 33 códigos penales en el país (el federal y el de cada entidad), era una babosada inmensa y se implantó un código único para todo el país, igual deberíamos ir haciendo con lo demás, con todo, no nomás eso o la policía, sino todo, por un motivo muy fácil d entender: México es una república federal sólo en los papeles (en la Constitución); siempre fuimos y seguimos siendo, un país centralista, lo que de malo no tiene nada y más nos valiera aceptar.

Dejando de lado el estilo de gobierno del tiempo de los aztecas en que todo dependía del humos en que estuviera el señor del penacho más grande (y hay noticia de que hubiera nada descentralizado, ni derechos humanos, ni nada distinto a lo que saliera del forro delas reales gónadas), dejando eso, piense de dónde nos salió lo “federales”, si nos echamos 300 años de colonia, gobernados desde la Ciudad de México por un Virrey que hacía y deshacía dando órdenes directas a alcaldes y regidores que formaban los ayuntamientos e intendencias; después estuvimos 200 años con un omnímodo poder central, ratificado en el priísmo que en todas sus gradaciones mantuvo muy claro el principio de que el único gobernante del país era el Presidente de la república y los demás eran sus gatos (gobernadores, alcaldes, legisladores, jueces, todos, hasta el gendarme de la esquina), por eso aquello de: -“¿Qué horas son?” –“Las que usted diga, señor-presidente” –sí señor, así era y no nos gustaba pero los 40 años más rescatables de nuestra historia moderna así fueron.

En parte por eso nuestra “entrada a la democracia”, ha sido una tómbola de traspiés: no hemos sido nunca federales… ni demócratas, seamos sinceros.

Lo de ser demócratas nos urge, lo de ser lo que somos, un país central, también. No va a suceder (lo de ser centrales), lo de demócratas, tal vez, entendido bien el término que es mucho más que votar y que el voto se cuente.

Por lo pronto y a nuestro estilo, sin llamar a las cosas por su nombre, ya estamos centralizando cosas, cada vez más cosas. Ahora van por la policía, ya lo hicieron con el código penal, también con el Instituto Nacional Electoral. La seguridad pública, mientras esté a cargo del ejército y los marinos, también es central… ahí va la cosa.

Nadie se atreve a decir que antes, cuando el pricámbrico clásico, los gobernadores hacían menos barbaridades, porque tenían jefe y temblaban cuando sonaba “la red”, porque o era el Secretario de Gobernación para dar recado de parte del patrón o era directamente el patrón. Y si hacía falta, los corrían, así, como si nada (Salinas de Gortari cambió 19 gobernadores, nada más de botón de muestra). Por lo que sea, se portaban mejor. Ahora, muy demócrata el país, pero tenemos 32 virreyes y un Presidente de la república.

Lo que muy difícilmente se conseguirá, será devolver a la federación el control de los recursos que ejercen los estados: en bloque se opondrían los gobernadores que azuzarían a sus legisladores federales (no les conviene… los moches, usted sabe), y así con todo “federalizado”, o sea, regado a lo ancho y a lo largo del país, es muy difícil, porque para administrar bien el país habría que esperar a que tener 32 administraciones estatales homogéneamente decentes, y eso nos sería milagro, serían 32 milagros.

Mejor resígnese, porque don Moreira no es ni el único ni el peor. 

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