miércoles, 20 de enero de 2016

7172. TOÑO “EL BOLERO”

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
Toño “El Bolero”
   
Así lo conocí, lustrando calzado debajo del desaparecido tabachín, que era todo un símbolo en la plaza principal. Cuando éste sucumbió a los rigores del tiempo, Toño “El Bolero” se mudó hacia la sombra del árbol frente a la presidencia municipal, donde lo visitaban personajes de la política, pero solamente cuando estaban en campaña, porque ya después, sumidos en la derrota o engallados por el triunfo electoral, ya no regresaban más.
         
Políticos y políticas allí lustraron su calzado mientras Toño los y las ponía al tanto del contenido actual de la política de callejón, de la política de banqueta, del chisme diario, de los dimes y diretes que se dan en ese famoso ambiente.
         
Recuerdo en una ocasión, cuando estaba en plena campaña Mariano Carreón Girón, que a la postre fue diputado federal del distrito 05 de Zamora, antes de la maldita redistritación. Aún estaba abierta a la circulación vehicular la calle Guerrero. “El negro” se acercó en su camionetota y me preguntó: ¿cuánto cuesta un pollo? (cómo se notó que nunca había ido al mercado). -50 pesos, le dije. Enseguida me dio 100 pesos y me dijo que se los entregara a Toño “El Bolero”.
         
Candidatos, diputados de la federación y de la localía, alcaldes, presidentes de partidos políticos del municipio, dirigentes estatales, secretarios, directores, regidores, comerciantes, industriales, abogados, periodistas y hasta Juan Pueblo llegamos con él para enterarnos de las novedades fresquecitas.
         
Era él quien nos avisaba a los tundeteclas sobre la presencia en Zamora de personajes; y hasta nos informaba dónde sería la comida. Por eso lo reconocimos como nuestro gran informador.
         
Nos hablaba de los muertitos en turno.
         
Con Toño El Bolero casi siempre estuvieron desaparecidos periodistas como: Raúl Pichardo Franco, Juan Luis Pichardo Martínez, Miguel “El Loco”, Memo Vázquez Razo (La Mucurita), Salvador Urbano, Eleuterio Méndez Licea, Manuel Chávez Ramírez, Toño Servín, Jesús Navarro, don Poncho y tantos otros más que seguramente están dándole la bienvenida a Toño, de aquél lado de las nubes.
         
Algunos gobernadores salieron del tabachín y de la sombra el árbol con sus zapatos brillosos. Algunos ni le pagaban, no me vayan a creer, pero así sucedía. Víctor Manuel Tinoco Rubí, Ausencio Chávez Hernández y Fausto Vallejo Figueroa, fueron algunos de los mandatarios estatales que allí estuvieron.
         
Marko Cortés, Arturo Laris, Kena Méndez, Adriana Hernández, Arnulfo Vázquez, Nacho Peña, Memo Gómez, Martín Zamaguey, Alfredo Pérez Patiño (q.e.p.d.), fueron algunos de los políticos que también aprovecharon a Toño, porque estaba siempre al tanto de la noticia.
         
Personajes de la vida policíaca también hicieron acto de presencia, como lo hacían zamorenses que habitaban o habitan las Tenencias o rancherías del municipio. Productores de fresa y agroindustriales, como Pablo Gutiérrez, Paco Galván; y hasta los Guerrilleros de la 20 de Noviembre.

Fue en diciembre cuando lo vi la última vez, le llevé el periódico Uandari; él me lo repartía en palacio municipal de Zamora. Le di su aguinaldo. Me dijo que ya se iba a casa porque se sentía mal. Me despedí de él sin pensar que sería la última vez.

Antonio Torres fue siempre líder de los boleros de Zamora, de los lustradores de calzado. Se identificaba con el PRI, pero apoyó a panistas y perredistas que se lo solicitaban.

Cierto día se le acercó por la espalda don Francisco Elizalde García (q.e.p.d.). A Toño, como ustedes saben, le faltaba el pie derecho. Estaba de pie. Don panchito lo abrazó y colocó su pie donde faltaba el de Toño y pidió le tomaran una foto, a fin de que se le vieran dos. Gran broma, sin lugar a dudas.

Toño decía que cuando quería estrenar zapato, esperaba a uno de sus amigos al que le hacía falta el otro pie, con quien calzaban exactamente igual, del mismo número; y de tal forma era como ambos estrenaban y pagaban solamente la mitad.


Toño, amigo, tu lugar de trabajo que compartiste con tus hijos ya no será el mismo; faltará tu presencia, tu chispa, tu picardía. Extrañaré tu “Adiós don Arturo”, cuando trataba de pasar de largo y sin que lo notaras porque llevaba prisa; pero a ti nadie se te escapaba. Nunca escuché que maldijeras a nadie, o que hablaras mal de alguien. Seguramente que todos los santos y angelitos están haciendo fila para que les lustres su calzado allá, en el cielo. Descansa en paz, ¡amigo!

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