viernes, 22 de enero de 2016

7174. CHISTES, RELATOS, LEYENDAS Y CUENTOS.

Por EVERILDO GONZÁLEZ ÁLVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA HISTORIA DEL PISAQUEDITO, DE LORELENCHO Y DE CASIMIRA
PRIMERA PARTE

Cuentan los que saben porque así lo vieron, oyeron o así se los contaron, que allá en ese pueblo, que por carretera tiene una de las vistas más hermosas, además es cuna de hombres ilustres y que tiene por nombre Chavinda, que hace una buena cantidad de años, vivían Rufina  y su esposo Rucailo, ella ya frisaba los cincuenta años de edad y él era diez años mayor y cuentan que un mal día, a consecuencia de la edad y las enfermedades que aquejaban al marido, éste falleció después de haber permanecido algunos días grave.  Dios el Creador del universo lo recogió para que dejara de sufrir en este mundo de lamentaciones y fuera primero a ese tour por el Universo y ya luego a su lado y él atendió su llamado como debe de ser, allá se encuentra alabando al Creador y deleitándose con todo lo que es el Universo.

Ya después del novenario y días después de que sus dos hijas regresaran a Estados Unidos donde radicaban en compañía de sus maridos, Rufina volvió a la vida normal, no había querido irse con sus hijas pues decía que allá moriría de tristeza sin estar en su casa y sin sus amistades, así que se quedó en Chavinda donde ella vivía agusto y donde lo económico no era problema ya que Rucailo fue muy trabajador y le dejó una buena cantidad de dinero, los intereses de la cuenta del banco y de la caja de ahorros le alcanzaban para vivir holgadamente y todavía le sobraba por lo que no habría de padecer por cuestiones económicas, además en caso de que se viera en aprietos, sus hijas estaban prontas a mandarle dólares ya que ellas también estaban en buena posición económica allá en el vecino país del norte…

Dos meses después del fallecimiento del que tanta felicidad le dio, Rufina consideró que podía tener en su casa algunos animalitos de esos que a ella le gustaban, siempre deseó tener unas gallinitas, algún chivo, dos perritos y pues algunos otros animalitos  pero su esposo no había aceptado, no le gustaba tener animales en su casa y ella se había aguantado pero ahora consideró que podía darse el gusto que nunca fue posible y así se lo platicó a su comadre Petra.

Mira comadre -dijo Rufina- siempre que he ido a tu casa no te imaginas como quisiera vivir como tú, a tus anchas teniendo todo lo que quieres, veo como tienes que las gallinas con su cantador gallo, que los patos, que las vacas con su toro cebú y esos juguetones y brincalones chivos que tanto te hacen reír y ya cuando estoy en la casa de verdad te envidio, pero ahora ya podré tener mis animalitos, ya ves que Rucailo nunca aceptó tener ni siquiera un canario.

Sí -dijo Petra-, el gusto de tener animalitos nunca te lo diste pero ahora dátelo ten en tu casa todos los que quieras que al fin tienes espacio.

La plática siguió sin apartarse las dos del tema y la comadre Petra terminó recomendándole que fuera a Tarecuato, que allá encontraría buenas gallinas, de esas ponedoras para que tuviera sus blanquillos nutritivos y gallos buenos para posar y cantar.

Mira -le dijo al tiempo que volteaba hacia el corral donde estaban sus animalitos-- te compras unas siete y unos dos gallos y con eso tienes, ya luego cuando estén cluecas y tengas pollitos irás teniendo más, procura comprar de esas que coman maíz, trigo y milo en vez de alimentos químicos, los huevitos son más nutritivos y las gallinas además te durarán más tiempo, ya ves que lo químico acaba con los organismos, igual si compras algún chivito procura darle alfalfa y se criará muy sano y luego sabrá exquisito hecho birria. 

Seguiré tus consejos -dijo Rufina- chance hasta un loro compre para enseñarlo a rezar y que sepa dar los buenos días y algunas otras cosas que en los ratos libres le pueda enseñar a hablar, lo podría enseñar a rezar…

Ya luego Rufina se despidió y sus pasos los dirigió hacia su casa. Iba feliz pues el solo pensar en los animalitos la hacía irradiar felicidad.

Rufina en los días siguientes se abocó a hacer un gallinero con tela de alambre, justo donde empezaba el corral de su casa, era el mejor lugar ya que la casa contigua se encontraba desocupada y los cantos de los gallos y el cacareo de las gallinas después de poner los huevos, no molestaría a nadie y ella a su vez tampoco sería molestada ya que su cuarto queda retirado, en el otro extremo de la casa.  Para hacer el gallinero, se hizo acompañar de Casimira que era una señora cuarentona también viuda y que decía que no quería estar en su casa porque los bellos recuerdos de cuando vivía con su marido la entristecían, ella era de allá del Tepegüaje también del municipio de Chavinda y sus hijos también radicaban en Estados Unidos , como a ella también le agradaban los animalitos, pensó que se la pasaría bien y entonces se fue a vivir con Rufina unos días mientras hacían el  gallinero, claro que ella iba con la idea de serle útil a la amiga y de una vez quedarse a vivir con ella ya que las dos se estimaban y se podrían acompañar en forma adecuada.

Rufina le asignó un cuarto que se encontraba frente a donde quedaría el gallinero, ahí no había ruidos y podría vivir tranquila, solo estaba un poco retirado el baño pero no importaría eso, no había por qué fijarse en pequeñeces, así es que la  buena de Casimira se fue a vivir con Rufina  y las dos mujeres se abocaron a disfrutar de su compañía y de sus gustos por los animales, ambas se acompañarían y vivirían agusto lo que les quedaba de vida en este mundo.


CONTINUARÁ

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