lunes, 25 de enero de 2016

7181. VIGILAOS LOS UNOS A LOS OTROS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Vigilaos los unos a los otros.
Si recuerda usted, tía Amelia tuvo doce hijos varones, se lo he dicho antes; y también que eran buenos muchachos, decentes, pero muy traviesos, fuertes como toros y algo peleoneros. Siendo así, le caían bien a todos en el barrio, pero no era raro que se presentara algún vecino a reclamarle a su mamá por un vidrio roto, por un gato teñido de morado (la mascota de doña Lola que era muy regañona), por un tinaco acribillado a flechazos (habían ido al cine a ver “La Diligencia”, con John Wayne), o por haber soldado con autógena las puertas del colegio de niñas (unas maestras los habían empapado a manguerazos, para que dejaran de ir a la hora de la salida a alborotar a las de prepa). Tía Amelia siempre mandaba a volar a los que se iban a quejar diciendo que ella nomás respondía de sus actos y que le reclamaran a sus hijos (pero no era fácil se atreverse a eso, porque eran muy bravos y eran doce), hasta el día que le metieron un tiro a uno de los grandes. Se acabaron las travesuras para siempre, porque la tía era más brava que todos juntos.

Dicen los priístas, que su partido no responde por lo que haya hecho don Moreira, que cada quien es muy dueño de sus actos. Cierto. Políticos y legisladores de varios partidos diferentes al tricolor (que no opositores), claman contra el PRI y lo menos que dicen es que es un partido encubridor… bueno.

Allá por el 2010, importantes señores del PRD, metieron a escondidas a la Cámara de Diputados a Julio César Godoy Toscano, para que rindiera protesta como legislador federal y adquiriera el fuero que impediría que lo metieran a la cárcel, porque tenía orden de aprehensión. Ya cuando don Godoy huyó, dijeron que su partido no era responsable de lo que acusaban (de narco, nada más).

En el año 2014, entre los panistas hubo tómbola de pastelazos, unos acusando a otros de encubrir los inolvidables “moches” que pedían los diputados panistas a alcaldes por asignar presupuestos. Ernesto Cordero señalaba que tal vez esos dineros mal habidos eran para financiar la campaña de Madero para reelegirse (como se reeligió), en la presidencia de su partido. Y el simpatiquísimo Javier Lozano, declaró que había “alguna oscura razón” para ese encubrimiento.

El 30 de julio del 2105, el entonces vocero del Partido Verde, Arturo Escobar, declaró a la prensa que era preciso “que el PAN aclare ya la conducta reprobable de su militante, Francisco Rojas, pues de lo contrario, seguirá encubriendo un acto ilícito y reprobable, y manchando la imagen del panismo”; curioso ataque de amnesia de don Escobar, él de cabeza clara e inteligencia reconocidas, pues olvidó que el Comité Ejecutivo de su partido invariablemente ha cerrado filas protegiendo al exNiño Verde (digo, don Jorge Emilio González Martínez, cumple 44 añitos el próximo 16 de abril… niño ya no es, ni para Chabelo), de cositas como el video que le hicieron negociando un soborno de dos millones de dólares por conseguir o facilitar la obtención de unos permisos de obras en Cancun (La Jornada y El Universal y toda la prensa de México, del 24 de febrero de 2004); su elección en 2001 como presidente de su partido (su partido, suyo, de él), que le invalidó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación por tramposo; y el asunto aquél tan feo de la modelo voladora, la joven búlgara que dejó una fiesta en un departamento del caballero en Cancún, brincando por el balcón del piso 19.   

Y podríamos seguirle con ejemplos reales e indiscutibles de deslindes de los partidos e incluso franco apoyo a sus correligionarios, alegando la presunción de inocencia o que las organizaciones no delinquen, cosas las dos ciertas, muy ciertas.

Los tres asuntos que ahora están de moda (el de Guillermo Padrés, esperpento panista que gobernó Sonora de 2009 a 2015; el ya muy sabido de Moreira y el de Lucero Guadalupe Sánchez, diputada panista que visitó al Chapo cuando estaba en el penal y pasó la fiesta de este año nuevo con él), más una tradición que se remonta a 1929, ratifica la irresponsabilidad de los partidos políticos mexicanos sobre la calidad política y personal de aquellos a quienes postulan a cargos de elección popular.

Aunque somos los del peladaje los que les pagamos la existencia a los propios partidos y también sus campañas (nada baratas, ninguna de las dos cosas), no tenemos derecho a exigirles nada: si postulan burros o sabios, santos o crápulas, damas o pindongas, nos toca nomás tragar, que ellos sólo reciben el dinero del erario, lo gastan y lo que resulte, eso, eso no es de su responsabilidad, ellos no responden por los actos de nadie.

No se afirma que la mayoría de los integrantes de las cúpulas partidistas ni de los que postulan como candidatos, sean Mochaorejas de la política, no, pero sí que al menos de unos 30 años para acá, la generalidad de los que mandan a los congresos (el federal y los estatales), son del todo incompetentes y carentes de méritos políticos, aunque fueran muy decentes; y también que los que mandan a encabezar poderes ejecutivos (el federal, los estados y los municipios), dejan mucho que desear en su desempeño, a veces en su vida personal y hasta en los criterios más elementales de decencia de esa cotidiana, la normalita de todos, que no estamos exigiendo que sean mártires de la virtud.

Si se hiciera una ley que obligara a que los partidos repusieran lo que se roben sus correligionarios en el desempeño de algún cargo público, conseguiríamos nada más que se incrementaran sideralmente los sobornos a los jueces. Nada se arreglaría.

En cambio, sí se puede legislar que si resulta culpable alguien que tenga un cargo de elección popular, lo sustituya automáticamente quien haya quedado en segundo lugar y si ya es ex funcionario, que en la siguiente elección el partido al que pertenecía el pillo, no pueda postular candidato a ese mismo cargo. Si funciona es cosa que no sabe el del teclado, pero sería muy divertido verlos sujetos a un nuevo mandamiento: vigilaos los unos a los otros. 

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