lunes, 25 de enero de 2016

7184. ¡ACHIS!

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
¡Achis!

Hoy desperté con ganas de escribir. Tras prepararme el ineludible cafecito encendí la computadora. Mi mente daba vueltas y vueltas, y nomás no se ponía de acuerdo acerca del tema a tratarles. Y es que, tiene razón el amigo Juan Carlos Velázquez con aquello de defender lo defendible al estar del otro lado de la cerca, a donde me llevaron, yo no fui.
         
En éste momento el tema de la inseguridad que se respira en Zamora y Jacona, por mencionar algunos sitios de la geografía michoacana, es un tema de alto riesgo, de vida o muerte; por lo tanto, yo elijo a la vida, porque tengo ganas de seguir viviendo, principalmente para demostrar con trabajo y honradez, que quienes se han forjado una idea negativa acerca de mi persona, están equivocados.
         
Y mire usted, de pronto es muy fácil convertirnos en “piedrita en el zapato”, o en “figura incómoda”, porque resulta difícil equivocarnos, pero sobre todo reconocerlo; y al no aceptarlo optamos por destruir a la figura que nos incomoda para seguir engañándonos a nosotros mismos.
         
La vida es muy, pero muy difícil cada día que transcurre. Todos queremos estar donde se supone se está bien, pero no todos cabemos al mismo tiempo en algunos de los casos. Es por eso que se reciben patadas, guantadas y arañazos por todos lados, de la mano que menos esperamos.
         
Cada día se hace más difícil complacer, aunque se le brinde atención esmerada.
         
Cada día se hace más difícil acudir a nuestro lugar cotidiano de trabajo, no obstante a que nos despertemos y levantemos con optimismo. Ni siquiera sabemos lo que nos espera, con qué actitud o con qué modo se nos va a recibir, lo que provoca que nuestro corazón lata de manera acelerada.
         
Ya ni siquiera podemos estar seguros que, encomendándonos a Dios nos va a ir bien, porque nuestro Dios está muy ocupado en otros asuntos, por eso es que debemos actuar con paciencia y respeto, pero con sigilo y atención, con la seguridad de que ocurrirá cualquier cosa, a fin de que no nos extrañe que de pronto surja el carambazo.
         
Habrá que entender que la gente está nerviosa, que existen muchas mentes maquiavélicas; que hay quienes lo único que desean es destruir, sin importar las consecuencias, que de paso afecten a familias enteras.
         
Y lo más difícil es sobrevivir con una etiqueta en la frente, que ni siquiera nos corresponde. Qué difícil es vivir cuando nos cargan el petate que tampoco es nuestro, que ni siquiera lo fabricamos, mucho menos lo compramos, pero sí pesa sobre nuestro lomo, porque allí nos lo ensartaron.
         
Lo mejor del caso, es que cada quien reconozca sus errores y tratar de enderezar la nave en que viajamos hacia un rumbo de paz, armonía, entendimiento, respeto, perdón, porque es muy, pero muy fácil echar culpas para sentirnos ¿libres?, ¿bien?
         
Amables lectores y lectoras, tengan ustedes un bonito domingo en compañía de quienes más quieren, en familia, con los amigos, con la sociedad amable y respetuosa. Démosle lo mejor de nosotros: amor y respeto.

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