martes, 26 de enero de 2016

7191. HIJOS Y ENTENADOS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Hijos y entenados.
Seguro está usted de acuerdo en que el sentido de la justicia es innato. Eso o el del teclado es un anormal, porque clarito recuerda que tía Elena le daba más postre a su hijo, el chocante del “Ricardito”, que a los otros niños que invitaba a comer a su casa; que a Camacho (he olvidado su nombre), era al único que no castigaba el maestro Alfonso (2º de Primaria), cuando nos portábamos mal todos en el salón; y que cuando mi primo Pepe transformó en una batalla campal la posada de la cuadra, a él nadie le dijo nada y a los demás niños nuestros respectivos padres, nos dejaron en carne viva las nalgas (no tanto, pero casi). Sí, es natural el sentido de lo que es o no es justo. Digo.

Ayer publicó el diario “Milenio” en su primera plana la siguiente nota: “Evasión fiscal. Hacienda investiga a médicos de la capital”. La nota elaborada por Rubén  Mosso explica que se refieren a la capital del país, la CdMx (ya no DF, enorme ganancia para los chilangos, como bien se nota), pues “se sospecha que son responsables de evasión fiscal, pero todavía no se avisa a la Procuraduría General de la República (PGR) hasta que se junten las pruebas necesarias para que el agente del Ministerio Público federal actúe penalmente”. ¡Asústame espanto!

En la nota advierten que los va a exhibir Hacienda porque: “En agosto de 2015, la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló que la SHCP exhiba públicamente a las personas físicas y morales que emiten facturas falsas”; cosa muy cierta, aunque fue no fue en agosto sino el 26 de julio del año pasado, cuando la Segunda Sala mandó a volar 5 amparos en revisión de ciudadanos que pensaban que semejante cosa violaba los derechos de audiencia, libertad de trabajo, protección de datos personales, irretroactividad de la ley, presunción de inocencia, legalidad, y el Artículo 22 constitucional por tratarse de una pena infamante y desproporcional.

Con lo del “derecho al trabajo” como que exageraron los demandantes, de lo demás, bueno, ya la Suprema se pronunció como siempre que de impuestos se trata, que nuestra Corte con Hacienda, se arruga; por eso no sienta jurisprudencia que alguien gane un juicio alegando que un impuesto es inconstitucional y el fallo favorable vale nomás para el que ganó y los demás millones de causantes se friegan y lo pagan, aunque ya se sepa que es muy ilegal o sea, contra la Constitución; a diferencia del resto de las leyes, en las que ya basta un solo fallo favorable para que no se aplique a nadie más el precepto. Es que Hacienda, es Hacienda.

De cualquier manera, no parece que vaya a perder clientela un cirujano porque Hacienda publique que pagando impuestos es malísimo; ni es creíble que se muera de la vergüenza un psiquiatra porque salga su nombre en la lista negra del SAT, que eso en nuestro risueño país, casi da currículum (lo andan felicitando sus clientes, que por eso no le piden recibo, para que se clave los impuestos… y no se los agregue a sus honorarios).

No hará el del teclado la apología del delito (de tarugo), y afirma con alborozo y alegría que hay que pagar impuestos, porque sí hay que pagarlos, que si no, con qué va el gobierno a atender las necesidades de los 120 millones de tenochcas que ya somos los del peladaje, con qué nos van a dar servicios municipales (perdón, sí, tiene razón, eso se paga aparte), con qué nos van a pagar pensiones (perdón otra vez, ya no las pagan, hay que ahorrar para el retiro y ellos lo jinetean toooda la vida del causante y luego, con suerte, se lo van devolviendo, después de llenar unos pocos cientos de requisitos), a ver con qué se va a pagar la estupenda educación, las escuelas de lujo, el servicio médico… a ver, con qué van a pagar sus modestos sueldos los altos funcionarios del gobierno, sus prestaciones, viáticos, primas vacacionales, compensaciones por desempeño, bonos, oficinas austeras, automóviles, teléfonos celulares, flotillas de aviones y personal asignado a sus domicilios, a ver: ¿con qué?

Y tan es convicción del junta palabras que hay que pagar los impuestos completitos que tiene algunas sugerencias para los caballeros del SAT y compañeros mártires de Hacienda, porque ponerse a corretear médicos y coristas; ingenieros y costureras; notarios y tamaleras, es menos productivo que pagarle lo que debe el gobierno federal -y algunos estatales-, a sus proveedores y contratistas (andan quebrando ya a la ICA, otrora la más poderosa constructora de México y América Latina), pero que les paguen descontando los impuestos completos (ya que ellos luego compensen en su declaración anual sus deducciones y se los devuelven)… ¿qué tal? Harto ISR de golpe.

Otra sugerencia: en vez de auditar papelerías y misceláneas, vayan sobre los “outsorceros” tramposos que no hacen “outsourcing”, sino masiva evasión de impuestos (ustedes mismos calculan en 500 mil millones el boquete fiscal que les han hecho); que cancelen por siempre los privilegios fiscales a empresarios maniobreros que eluden centenares de miles de millones de pesos mal utilizando los créditos fiscales… ¡ah! y que dejen de robarse lo que sea que se roben, mucho o poco del erario, porque el erario son los impuestos que nos sacan al peladaje con tantos trabajos y no es para que nadie celebre con una gran fiesta “sus primeros 500 millones de pesos”, robados, pero-por-supuesto, como la que por ahí dicen hizo alguien, si es que es cierto, que luego la gente nomás anda calumniando (hasta fotos hay).

Por último: la raza, los que sudan frío cuando les llega una atenta invitación del SAT a aclarar cuentas, porque se comieron los impuestos y ya no hay ni remedio, mucho les agradecería que también saquen listas de funcionarios que se sospeche son ladrones, que tengan auditorías que ni Dios Padre podría cuadrar; y que atiendan al peladaje con la amabilidad que atienden a gente como don Moreira, al que la PGR encontró más limpio que un pañalito del Niño Jesús, porque es un poquitín incómodo que haya hijos y entenados.

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