martes, 26 de enero de 2016

7195. DINERO.

Por Rafael Ceja Alfaro.
Docente y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI
  
“Tengo dinero en el mundo, dinero maldito que nada vale y aunque me miren sonriente la pena que traigo ni Dios la sabe” cantada por Pedro Infante y “Soy un Príncipe a mi modo no le temo a la pobreza, si el dinero no es la vida yo para que quiero riqueza” cantada por Julio Jaramillo. Sería muy fácil vivir así, sin temer a la pobreza, también Emilio Tuero canta “El dinero no es la vida, es tan solo vanidad” pero como todo cambia, todo evoluciona para bien o para mal y para peor y escuchando algunos temas de la Reunión de Davos, Suiza, me doy cuenta que 62 personas en el mundo acumulan la misma riqueza que acumulan 3,500 millones de seres en este mundo, aclaro que no se si haya otro mundo y que tampoco sé si esta última acumulación de necesidades se le pueda llamar riqueza. Algo parecido había leído hace años y decía que el uno por ciento de la humanidad atesoraba el 75 % de la riqueza mundial y el otro 99% de humanos se repartía el resto (25% para que no se complique)

En otro de sus párrafos, la canción el Príncipe que canta Julio Jaramillo dice “Si tengo salud y amor y soy libre, en este mundo nada me puede cambiar, porque a nadie soy igual”. Cierto, lo más importante es la salud, pero ya se ha convertido en artículo de lujo. Si queremos medicina de patente y además acudimos a hospitales 4 o 5 Estrellas, en cada medicina, en cada aparato para que se nos revise “porque lo más importante es la salud”, con el pago en cada habitación/suite debemos pagar cuotas adicionales encubiertas para pagar casas en fraccionamientos de lujo, camionetas cómodas para las familias, vacaciones en lo más popof del país o en el extranjero, relojes y plumas mont blanc, ropa propia para profesionistas y bien sabido es que “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda” y otras pequeñeces.

Si acudimos a la herbolaria, como se curaban los de antes, debemos tener paciencia, fe, esperanza y la caridad de los curanderos. Miren que curioso es el efecto que produce el dinero, si la mascota es de casa rica lo elevan a la calidad de humano y si el pobre es “jodido” lo bajan a la calidad de animal. Por ejemplo, los perros antes se curaban tragando zacate y eso los obligaba a arrojar lo que les estaba dañando, ahora tienen estética, no todos, ropa, una serie de artículos que veo en las tiendas departamentales, veterinarios porque ni modo de dejarlos morir como perros ¡Ah! Pero la jodidez tiene similares que no es lo mismo, pero si más barato.

Un amigo que vive en Miami que le asusta más que se enferme su mascota a que se enferme su mamá, la última vez que se enfermó la señora le costó cerca de mil dólares y la enfermedad del perro le salió en más de 7,000 dólares.

El dinero nos cambia, a veces mucho dinero nos hace más pobres, mezquinos, ruines, indolentes y el filósofo dijo que “No es más rico el que tiene más, sino el que necesita menos.

Puede haber mucho dinero, pero la pobreza se nota en la poca calidad humana, en el espíritu pobre, la falta de humildad, la falta de la verdadera caridad, no la que viste y obliga a torcer los ojos en una mueca que indica que se siente Dios. Hemos visto gentes con buenas dosis de humanidad y preocupación por el prójimo, de pronto les llega la “Dama fortuna” de donde venga y se convierten en seres pedantes, “No me estorbes”, aislados en sus nubes doradas, olvidados, solamente recordados cuando pueden ser útiles, “al nopal lo van a ver solo cuando tiene tunas”, el nopal sin tunas nomas es un cactus baboso. Ya lo decía el gran Confucio que un poco de dinero solucionaba algunos problemas, pero mucho dinero los crea.

Cambiamos tanto que con unos pesos encima nos gusta la Música Clásica, la buena literatura, aunque no les entendamos ni mais, presumimos de gourmet y ante la exigencia del llamado de la panza, nos vence el llamado del monte, a donde la cabra tiende y la preferencia se inclina por tortas, tacos y tostadas, (A mí me gustan las de queso de puerco que prepara Chema),  como quiera a veces envidiamos a quienes lo tienen y más aún cuando traemos alguna urgencia y andamos con las manos vacías y vemos como otras manos lo despilfarran, porque se quiera o no el dinero hasta para morir es necesario, no para el que se ausenta, sino para los que se quedan a cubrir los gastos funerarios.

Es de todos sabidos que “Poderoso caballero es don dinero” y El Piporro decía que “With money the dog dances” y también sabemos que “Como te ven te tratan” aunque “La levita es muy bonita, muy bonita y muy decente, pero al pobre no le queda porque de él se ríe la gente” y “Lo que al pobre le critican al rico se lo festejan ¿por qué no nos emparejan y ya revueltos quién se fija”.

Entre los graves problemas en la tenencia del dinero es que nunca es suficiente y decía mi suegro: “Trabajamos hasta enfermarnos y todo lo que ganamos no alcanza para curarnos”, por dinero traicionamos, delatamos, entre hermanos nos peleamos con el afán de atesorar, de tener porque también se dice que “Uno vale según lo que tiene, por desgracia es la ley de la vida, te regalan si cuentas con bienes, para hacerte el favor que tu pides van primero y te toman medida”.

En pasadas reuniones en Davos he escuchado reclamos que parecían verdaderos y soluciones que parecen viables, pero no se han aplicado y el mundo sigue su misma ruta de “Joder los unos a los otros” o bien “Ahí los dejo para que el vivo se mantenga del penitente”. Exclama un ponente hace algunos años que debíamos regresar a una economía más ética, más moral porque de lo contrario la hambruna iría creciendo a niveles peligrosos por la insuficiencia de alimentos y bienes básicos y por consecuencia habría nuevas, desconocidas enfermedades que por lo mismo no estaríamos preparados con las medicinas necesarias para al menos defendernos. Han pasado muchos años y lo único verdadero ha sido que se han cumplido las amenazas de hambruna y enfermedades, las guerras, los movimientos de migración buscando un lugarcito en ¡El mundo! Huyendo de los cuatro Jinetes del Apocalipsis, no pretendo ser dramático, son los ecos de las noticias cotidianas.

Como engaña el brillo del dorado metal, al igual que las actitudes de personas que no logran ser auténticas a pesar de la fortuna. ¿Será pecado atesorar fortuna cuando las ganancias provienen del trabajo honrado? ¿Ante esta circunstancia pasará el camello antes que el rico?

No quiero permitir que el dinero cubra mis ojos, tape mis oídos, me niegue mi libertad de expresión, ni que se meta en mis manos obligándome a cerrarlas apretando una dicha engañosa y pasajera.

Bueno, por hoy aquí le paramos, pero como dicen que dijo Mc Arthur “Volveré” y en la próxima semana retomaremos el tema del DINERO.

Saludos a Toda mi querida Familia y a Todos mis queridos Amigos.

                                                                    Rafael Ceja Alfaro.

proteo.852@gmail.co

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