miércoles, 27 de enero de 2016

7199. EXISTE DIOS…

Por Arturo Ceja Arellano.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Di’arina y de Maíz
Existe Dios…

Existe Dios
Cuando tropiezas, caes y te levantas solamente sacudiéndote el polvo, cubriéndote las heridas sin maldecir y sigues caminando con la vista hacia adelante, con la frente perlada de sudor, pero con la sonrisa dibujada en tus labios; haciendo caso omiso a las risillas chillonas y burlescas de la sociedad indiferente. Sin escuchar a quienes maldicen el no verte tendido y crucificado en el suelo.

Existe Dios
Cuando escuchas muy lejana las voces bravas del hombre que deja de ser hombre para transformarse en un ser que con sus “chismes” desea destruir la armonía y dedicación de quien trabaja. Son voces lejanas porque no penetran a tu ser, ni te inquietan; continúas siempre adelante, con el deseo vehemente de ser un hombre de bien, siempre bien.

Existe Dios
Cuando se deshacen las células intrigantes y forman un solo cuerpo que se dedica a trabajar, a fortalecer su ética y su moral, para engrandecer la figura de su líder, el que nunca falla, pues los que fallamos somos nosotros.
           
Y vaya pues que existe Dios, aquél que domingo a domingo me espera en el Monasterio de los monges trapenses, allá, en la parte sur de Jacona, donde me doy el lujo de reclamarle y pedirle “que le baje”, con el riesgo de que me suelte y entonces sí, “agárrate Pancho”, no quiero ni pensar.
           
Y allí está, estático, como siempre, como lo dejamos hace 2016 años, cuando lo subimos a la cruz para verlo sufrir eternamente, por nosotros los pecadores; los que al parecer nos regocijamos al verlo con sus ojos tristes y su ritus de dolor reflejado en el rostro ensangrentado, por el que surcan lágrimas de sangre, lloradas por nuestra salvación.
           
Y aun así, eternamente nos vale un soberano sorbete que él, nuestro Dios, continúe colgando de la cruz, sin que ninguno de nosotros nos atrevamos a bajarlo, pues al contrario, vamos y nos postramos de rodillas para ver su sufrimiento, como si se tratase de una escena de circo o tétrico teatro.
           
Pero el peor de los teatros es el que todos y cada uno de nosotros vivimos diariamente, olvidándonos decir a nuestra esposa e hijos: “te quiero”; y marchar de casa sin recibir su cálido beso y su esperanzador deseo de vernos regresar a casa.
           
Dios existe, amables lectores. Y mire que no soy predicador ni mucho menos, solamente les recuerdo que existe, no obstante a nuestro necio comportamiento negativo, tanto en casa, como en el trabajo, donde no hacemos, ni dejamos hacer.

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