jueves, 28 de enero de 2016

7206. 16 MESES..., SON PADRES BUSCANDO A SUS HIJOS.

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LAURA, LA DISTANCIA Y EL CARIÑO

La conocí hace años en su espacio,
mujer de mis gracias y afectos,
caminábamos de vez en vez, de tarde en tarde,
respirábamos el tiempo con un café,
apenas llegando a casa, la nuestra,
mi refugio, decía ella, Laura,
para luego dejar que las palabras
libres o a veces intencionadas,
nos dieran el tono de la música
con el sentido de quienes se esperan.
La conocí hace años en su espacio,
hoy la distancia me hace recordarla.
Así pasa cuando le quieres tanto.

eliseo.

Hace unos tres o cuatro años, algunos alumnos  míos hicieron un viaje en grupo con pobladores de Manuel Doblado, Gto. Al puerto de Veracruz; algo normal, es un lugar atractivo al turismo. A su regreso y paso por Morelia, una de ella me buscó asustada... regresaron sin dos personas masculinas que habían hecho el viaje con sus esposas, quienes regresaban desconsoladas. Mi hoy ex-alumna me comentó que ella y su amiga los vieron en un bar en donde coincidieron en el puerto; andaban de ligadores sin sus esposas, que incluso les insinuaron a ellas irse a correr una parranda... ellas les dijeron que no, que no acostumbraban salir con viejos... luego se separaron, y fue la última vez que los vieron; nunca regresaron al hotel con sus esposas.

Al día siguiente la alteración del grupo de turistas era grande, decidieron ir a denunciar el caso en la comandancia del puerto; la respuesta que se les dió fue lapidaria... la última vez que se les vio fue cuando por la noche tomaron un taxi rumbo a un bar famoso del puerto, luego les dijeron... ¡regrésense! ellos están con vida, pero no los verán. Y nunca más los volvieron a ver; los siguientes días fueron de decir misas en Manuel Doblado, orando por su aparición; por desgracia  la vida no está hecha de milagros; así no funciona; nunca aparecieron... las misas son eso, misas.

En este mes acaban de desaparecer 5 estudiantes en el mismo estado de Veracruz, con circunstancias parecidas; luego de tres semanas, parece que la historia se repite; no será por misas que han de aparecer, por desgracia.

Ayer martes 26 se cumplieron 16 meses de que los normalistas de Ayotzinapa fueron desaparecidos en circunstancias muy parecidas a las de Veracruz, siempre el estado sospechosamente entrecruzado con la delincuencia, y la sociedad en medio de todo esto.

En el caso de las esposas y demás familiares de los señores de Manuel Doblado, ignoro cómo han llevado el luto del vacío; es un tema que cada vez se vive de manera más solitaria, cada vez se tiene menos confianza en compartir la tristeza y temores con los demás; no se tiene la certeza de que no se está siendo vigilado. En los cinco jóvenes, la indignación se generaliza porque apenas es un botón más de la violencia que campea en nuestro país. Pero en el caso de los normalistas, como se lo he reiterado, no son de mis gustos como figuras activas, rechazo sus métodos de presión social, pero rechazo aun más la agresión de que han sido, evidentemente desde el estado mismo, porque representa una demostración del poco aprecio que nos tienen las fuerzas del estado, ni que decir las del crimen organizado.

Resulta increíble que se intente desde el gobierno tapar el problema para que el Papa no sea testigo de la peregrinación de estos padres por las calles y campos del país en busca de sus hijos. Tontería inicua, lo sabe perfectamente, no necesitan escondérselo, sabe que el país se nos ha ido de las manos, no muestra la menor simpatía por nosotros; su viaje, como lo he explicado, es de tipo pastoral, viene a estar con sus seguidores, el pastor que busca a sus ovejas, solo eso, pues no quiere saber nada de las autoridades mexicanas, de sobra es sabido que no cree en ellas.

¿Por qué querer apagar el deseo de estas familias por encontrar información sobre sus hijos...? ¿Por qué en lugar de apoyarles para que su búsqueda sea meno penosa, se les ataca y se les intenta anular...?

El nombre del juego se llama impunidad, cinismo y corrupción; el nombre del juego es falta de respeto a los menos pudientes. Pero ellos no dejan de ser padres, solamente que son padres lastimados por las instituciones que sostienen con sus impuestos y su trabajo; son padres pobres... pero padres. Y eso en lo personal, no se a usted, me encabrona.

Fernando Savater, en su libro Ética de Urgencia, dice en un momento, que las leyes son iguales para todos; que en su texto dicen lo mismo para el rico y para el pobre. Es una ley que se aplica a la sociedad, pero que la gran diferencia que la hace desigual es la capacidad que tiene cada persona para defenderse; un pobre no puede pagar a un abogado prestigiosos y capaz para no ser afectado de manera injusta; mientras que el rico tienen todo un equipo de abogados que evitarán cualquier atropello en  su contra..., esa es la diferencia; así de simple. Es la misma ley... pero unos pueden pagar y defenderse, otros están indefensos por su pobreza.

Esto es lo que me molesta, que los que están en las calles son padres pobres, defendidos apenas por organizaciones extranjeras, atacadas por el propio gobierno que no desea que esto se aclare, al parecer esa es la consigna; la pegunta es... ¿por qué? usted haga su juicio, el pueblo ya juzgó a cada uno; ya sabe por qué siguen en las calles caminando, preguntando por sus hijos, por una simple razón... son padres.

Si a usted no le molesta, no le encabrona esto, entonces el Estado ha logrado su objetivo consistente en hacerle insensible al dolor de los demás... aunque no sean como usted. Repito, los normalistas y sus métodos me molestan, pero a sus padres y su tesón por encontrar a sus hijos me genera respeto y admiración.

Porque no olvidemos que somos una sociedad que una vez fuimos amablemente amistosos en un país menos violento; le mando un afectuoso abrazo. 

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