lunes, 1 de febrero de 2016

7224. LA TURBULENTA Y APASIONANTE VIDA DE TOULOUSE-LAUTREC.

Por Héctor Ceballos Garibay.
Excelente escritor, ensayista, investigador y docente.
Desde Uruapan, Michoacán. México. Para
Tenepal de CACCINI

CURSO DE HISTORIA DEL ARTE
Queridos alumnos:

La turbulenta y apasionante vida de Toulouse-Lautrec será el tema de nuestra próxima clase. Abajo les transcribo la carta de arte en donde hago algunas reflexiones sociológicas sobre la vida y obra de este insigne artista francés, mismas que ampliaré durante la sesión del martes y el jueves. Y aparte de deleitarnos con bellas imágenes, la pregunta clave a responder será: ¿por qué un tipo talentoso y privilegiado como él, escogió fatídicamente el camino de la autodestrucción?

En esta ocasión, luego de haber abusado de su paciencia con escritos largos en las últimas tres misivas dominicales (sobre el Chapo, Obama y el Papa Francisco), decidí que hoy me limitaría a redactar un texto informativo y de salutación.

Asimismo, aprovecho la presente para hacerles una atenta invitación a aquellos de ustedes que se interesan por los temas  históricos y políticos de nuestra patria. Invitado por la Casa de la Cultura y por la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana de Uruapan, impartiré una charla el próximo viernes 5 de febrero, a las 19:00 horas, en la Biblioteca Justo Sierra. Enmarcada en las fiestas de conmemoración de su aniversario, la conferencia se titula: FRANCISCO J. MÚGICA Y LA CONSTITUCIÓN DE 1917. De manera concisa hablaré de las disputas ideológicas en el Constituyente de Querétaro y me referiré a la vigencia y la caducidad de nuestra Carta Magna.

Va un abrazo afectuoso.
HÉCTOR CEBALLOS GARIBAY

CARTA DE ESTÉTICA
(28/10/12)

58. La historia de la creación artística moderna resulta inconce­bible sin la existencia de los cafés, las cervecerías, los restaurantes y los antros que proliferan en las grandes ciudades durante el siglo XIX. En los dos siglos previos, los salones y las academias fueron los recintos idóneos donde se cultivaba el conocimiento y ocurría el choque entre quienes le rendían culto a los clásicos de la Anti­güedad y los que, por el contrario, le apostaban a las innovaciones del presente. El nuevo contexto urbano decimonónico, caracteriza­do por la expansión de la producción industrial, la masificación de la sociedad y el auge de los nuevos medios de comunicación, hace que las discusiones filosóficas y literarias, sobre ética, estética y po­lítica, cambien de escenario y de funcionamiento.

En efecto, teniendo como marco sociológico las sombras protec­toras del anonimato y los señuelos del capitalismo rapaz, las tertu­lias y disquisiciones de las cofradías de intelectuales se trasladan de los espacios privados e institucionales hacia los cafés, bares, circos y teatros: sitios públicos, bulliciosos y seductores donde, al igual que el fluir tempestuoso de las ideas, también pulula el hachís, la absenta, los licores, el comercio carnal e infinidad de vicios y tenta­ciones que ponen a prueba el libre albedrío humano. Dada la recién adquirida importancia de los ámbitos para el ocio, los impresionis­tas y sus amigos (Manet, Fantin-Latour, Zola, etc.) son iniconcebibles como movimiento estético sin el Café Guerbois, el Tortoni, La Closerie des Lilas. Los poetas simbolistas, por su parte, resultan inexplicables si omitimos su espacio vital de regocijo y estimula­ción grupal: el Café Voltaire, La Cote d’Or, el Grand Café.

Nada hay mejor, desde el punto de vista del aprendizaje intelec­tual y sentimental, que probarnos a nosotros mismos a la hora de jugar con fuego. Debemos, pues, tomar decisiones con cabeza pro­pia y contestar un interrogante crucial: ¿qué elegir de ese intríngu­lis de espejuelos de vida y muerte que nos ofrece la Modernidad como malicioso embrujo? Escoger entre la expansión de la mente o la claudicación del yo, la curación anímica o la autodestrucción, el goce gratificante o la evasión que atolondra. Cierto, cada respuesta es per­sonalísima y merece comprensión y respeto, sea que optemos por un extremo u otro o ya fuere que nos decantemos por la máxima del gran Epicuro: jamás renuncies a los goces de este mundo, siempre y cuando al final del camino triunfe el placer reposado (edoné): el dis­frute integral de alma y cuerpo, la satisfacción prudente y a la vez intensa, la complacencia mesurada pero prolongada. La sabiduría, diría el filósofo griego, consiste en evitar los excesos a fin de alcan­zar la templanza: ese equilibrio psíquico que nos permite labrar la felicidad individual.

Henri Toulouse-Lautrec (1864-1901) conforma la imagen del “pintor maldito” por antonomasia. Aristócrata, genial, deforme (pier­nas cortas, cabeza grande), vicioso (drogas, alcohol, prostitutas) y sociópata (agredía, incluso, a sus seres queridos). Ángel caído que deambula por los tugurios de postín y de mala muerte. Se enamora sufridamente de sus grandes amigas cantantes: Jane Avril, la “Gloto­na”… Y se incendia con furor cada noche. Todo en él es exceso, bru­talidad, desprecio, autodestrucción. Y por ello muere a los 36 años.

Su obra nos deslumbra: por estar en los orígenes del cartel publi­citario, por recrear con precisión y desparpajo el cosmos de la fa­rándula parisina de fin de siglo, y por inventar un universo pictórico saturado de color, ritmo, dinamismo y hondura sicológica.

Si tratándose de cualquier persona no debe admitirse que nadie se erija en juez supremo y se arrogue la potestad de dictar exclusiones o absoluciones a los otros. Tampoco en el caso de Toulouse-Lautrec vienen a cuento las condenas morales o los prejuicios sec­tarios. Para la historia del arte sólo importa que fue un genio, un personaje fundamental e indisociable de la “belle époque”. 

HENRI TOULOUSE-LAUTREC: PLACER Y AUTODESTRUCCIÓN

- Martes 2 de febrero, de 8: 00 a 9.45 de la noche, Salón Ejecutivos del Hotel Pie de la Sierra.
 - Jueves 4 de febrero, de 12: 00 del mediodía a 2: 00 de la tarde, Auditorium, Av. Latinoamericana 7.


*Material fotográfico: Diapositivas de la Colección José Ceballos Maldonado.











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