viernes, 5 de febrero de 2016

7245. EL DILUVIO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El diluvio.
Más nos vale empezar, aunque sea de uno en uno, a reflexionar en qué clase de sociedad nos estamos convirtiendo (o siempre hemos sido).

Si es bien cierto que los diputados no tienen ni rastro de decencia por lo que ayer informó la prensa nacional sobre el seguro de vida que se pagan con el dinero de todos nosotros, incluidos los medio muertos de hambre, que son mayoría (y créame, esto del seguro es lo de menos, el Congreso federal es el reino del dispendio); si nadie puede negar la indiscutible desfachatez del Senado, que se construyó una sede que le grita al país desde avenida Reforma que con las necesidades del pueblo se abanican; si también el Poder Judicial forma parte de este festival del descaro, pasarela de unos cuantos desvergonzados con sueldos y prestaciones delirantes, que escandalizan a los más altos funcionarios públicos de países muy ricos; si tampoco nadie ignora que nuestro Poder Ejecutivo, de mandos superiores para arriba, hasta Presidencia de la República, es una tómbola de excesos y lujos en la que impera el más insolente despilfarro; si así, aún sin mencionar la rampante corrupción, los impunes abusos de poder, la sádicamente cómica impartición de justicia ni la frivolidad como método de gobierno, sólo eso, el ejercicio del presupuesto nacional, así sin robos ni sobornos, permite a la élite del poder y la alta burocracia, excesos, abusos y aberraciones que pueden ser formalmente legales sin perder su naturaleza de indecentes.

Sí, es bien cierto.

Pero al mismo tiempo es cierto que la ciudadanía (¡áchis!... “¿la ciudadanía?”… ¿toda?)... bueno, una parte no menor de los que integramos el alegre peladaje nacional, el tenochca promedio, considera que no pagar impuestos es casi un acto virtuoso, como una protesta cívica por evasión; que la ley se respeta por excepción, dependiendo de la conveniencia personal, no como principio indiscutible; y que toda autoridad es digna de cualquier insulto y que ni salvo prueba en contrario puede un político ser honesto.

En resumen: si los países son territorios habitados por pueblos que se gobiernan a sí mismos, México viene a ser una zarzuela, una opereta, una comedia de equivocaciones.

Aparentemente llenamos todos los requisitos: territorio tenemos (bueno, lo que nos quedó después del atraco del tío Sam); pueblo, también (y creciendo, eso sí, haciendo gente somos buenísimos); y hay harto gobierno, por todos lados y en todos los niveles hay gobernantes (y leyes, leyes tenemos para aventar para arriba).

Pero en la realidad, haciendo a un lado que el gobierno ha concesionado el 25% del territorio a empresas mineras, la mayoría extranjeras (chéquelo por su cuenta), nuestra población sólo nominalmente conforma “un pueblo”, ya lo hemos comentado, porque aparte del gusto que nos da, si estamos en otro país, oír el “Son de la negra”, en lo demás somos un molazo de etnias, razas y mestizajes que nomás no acaban de integrarse, ni comprenderse, ni respetarse; y el gobierno que tenemos no le merece respeto a nadie, fenómeno extrañísimo porque al mismo tiempo el poder hipnotiza al mexicano que suele ser obsequioso hasta lo servil con cualquier político de fama con que se tope.

Le pongo un ejemplo con una noticia que publicó ayer la agencia de noticias Associated Press, la copio íntegra:

“BERLÍN (AP) febrero 4, 2016 - 18:07h — Una adolescente alemana podrá quedarse con un lingote de oro de 500 gramos que halló en un lago de los Alpes el año pasado y entregó a las autoridades. La policía en Berchtesgaden confirmó el jueves un reporte del diario tz, de Munich, acerca de que las autoridades no habían podido encontrar al dueño del lingote, dijo la agencia noticiosa dpa. Eso significa que seis meses después del hallazgo, la joven de 16 años que lo encontró puede quedarse con él. El lingote vale unos 20 mil dólares. La adolescente, que no ha sido identificada, estaba de vacaciones en el lago Koenigssee en el sureste de Alemania cuando encontró el oro en agosto. El lingote estaba a unos dos metros de profundidad. Aún no se sabe cómo fue a parar al lago”.

Ahora, con toda sinceridad, si su hija encuentra un lingote de oro en Xochimilco y lo entrega en la Delegación (o a unos patrulleros), ¿qué le dice a la chamaca? (no se haga…): la pone pinta, de taruga no la baja… ¿y sabe qué?: confiesa López que también se pondría como chile toreado si alguna de sus hijas cometiera semejante barbaridad, lo vería como prueba absoluta de retraso mental… “mea culpa”.

¿Por qué actúa así una jovencita en Alemania y por qué en México, del Bravo al Suchiate, del Golfo al Pacífico, eso jamás sucedería?, la explicación es muy simple: esa señorita confía en sus autoridades, no sólo porque se lo enseñaron sino porque la vida cotidiana le ha probado que sí se puede confiar en el gobierno.

Y acá todo al revés: en la casa, en la escuela, la abuelita y el señor cura párroco, nos enseñan que los gobernantes no son de fiar... y tienen razón porque no siempre, no todos, pero sí muchos son unos pillos, bueno: todos menos algunas excepciones.

¿O usted cree que nuestra “autoridad” hubieran devuelto el lingote?... le hubieran dicho que apareció el dueño, que no era de oro, que era robado y está en el juzgado, y en un descuido anda teniendo que dar mordida para que no lo involucren en un lío (en la vida real eso le sucedió a un amigo: encontró un tesoro en monedas de plata y oro -contó más de cien ollas de barro-, en una cueva en Durango y fue muy cívico a informar a la autoridad… por un pelo salvó la vida, estuvo detenido cerca de un mes y previo pago de un dineral en sobornos le hicieron favor de dejarlo libre, hambreado, aterrado, golpeado y amenazado de muerte; rigurosamente cierto).
  
En resumen: en este territorio pueblo y gobierno van cada uno por su lado y nadie respeta cabalmente la ley, no somos ni hemos sido nunca, en rigor, un Estado de derecho y eso hay que empezar a corregirlo, cada uno en su propia vida y exigiendo sin tregua a los gobernantes… eso o el diluvio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe un comentario sobre esta entrada: