miércoles, 10 de febrero de 2016

7266. EL MISMO BOLETO.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

El mismo boleto.  
Tía Margot nunca dejó de sorprender a este menda. Digamos que era multimodal, por su extraña habilidad para mantener simultáneamente varios estados de ánimo. Imagínela sentada viendo en la televisión a Los Polivoces (en aquellos años, en blanco y negro): soltaba la carcajada y antes de terminar, volteaba hecha una fiera a gritarle a una de sus hijas que era una fodonga, en la última sílaba de “fodonga”, con la más dulce voz le decía a Neto, su hijo chico y el consentido, “¿qué quieres de cenar, mi amor?”; en la erre de “amor”, veía que llegaba su marido y con cara de asco y el mayor desdén le decía, “tú, ni te me acerques”, ya soltando la siguiente carcajada por la despedida del programa con Chano y Chon. Con ella lo mejor era estarse quietecito.

La recordé leyendo la prensa de ayer. Por un lado, la esposa del Presidente fue al hospital que va a visitar el Papa y junto, la nota sobre la indignación de los padres de los 43 desaparecidos (que son 42), porque nada más les dieron tres pases para verlo. En la misma plana, una foto del nuevo avión presidencial y al lado las declaraciones de don Videgaray de que ya nos alcanzó el destino y nos vamos a tener que apretar el cinturón (nosotros, los del peladaje, ellos, los de la élite del poder, comen igual, visten igual, parrandean igual y si acaso sufren, es indigestión o cruda).

¿Cuál es México?, ¿el México de los 21 millones de niños pobres y con rezago en derechos básicos, que ayer dijo la Unicef?, ¿o el de la nueva sede de Bancomer, un inmenso y lujoso rascacielos en Paseo de la Reforma, que ayer inauguró el Presidente?... ¿cuál?, porque en un solo día se topa uno con que América Móvil quintuplicó sus ganancias en el último trimestre del año pasado y que en Guerrero el crimen organizado cerró 38 escuelas; que los expertos argentinos afirman que la PGR miente en lo de Ayotzinapa y que la PGR afirma que no ha cerrado la investigación; que un juez dice que ya le van a dar chance a doña Elba Esther de irse a su casa a esperar que la juzguen (porque, no se le olvide, es la hora que no está sentenciada de nada), y que es seguro que le ganamos a Senegal. Se descontrola uno.

Por un lado la emergencia nacional porque ahí viene el Zika y por el otro, el Presidente de la república recibiendo en Los Pinos a Los Venados de Mazatlán, campeones de la Serie del Caribe de béisbol (¡ajúa!); Chicharito metió gol y se lesionó y en la carretera de Puebla encontraron el cadáver de la reportera que alzaron en Veracruz; científicamente descartada la versión de que a los 43 los incineraron en el basurero de Cocula, Guerrero, dicen los expertos argentinos y en Tierra Blanca, Veracruz, informa el padre de un desaparecido, hay cientos de cadáveres calcinados, sin expertos ni cobertura mediática internacional, porque eso sí, en México hasta entre cadáveres hay clases.

¿Cuál es México?... pues ese es México, al mismo tiempo erial habitado por miserables con la panza pegada al espinazo y venero inagotable de ganancias para la banca extranjera. Uno y todo, lo mismo. Si la santísima trinidad es un solo Dios en tres personas, nosotros venimos a ser un solo país en 120 millones de tenochcas.

País condominio con vecinos que no son gente bonita, de esos que huelen mal y andan en los cruceros vendiendo chicles y tragando lumbre o peor aún, en las fábricas y el surco (fuchi); y otros muy pocos, con elevadores sociales exclusivos, los ginecológicos (que lo alumbre la señora adecuada, casada con el señor adecuado, para quedar de nacimiento en el lugar adecuado), y de los otros elevadores: el dinero sea bien o mal habido, los amigos, los compadres, las influencias y la falta de escrúpulos, que llevan como de rayo a la planta “pent house”, ahí donde anidan líderes sindicales enriquecidos hasta el eructo (antaño  del peladaje sudado, ogaño de los exquisitos de jugo de naranja con champán, mentada de madre enológica, para acompañar sus chilaquiles rojos), vedettes de buen cuero,  intelectuales que aprendieron a rentarse y adornan las reuniones, y jerarcas religiosos que también aprendieron a rentarse, y también adornan las reuniones; ahí, sí, donde se codean entre ellos muy satisfechos de ser de esos,  de los que tienen lo propio y los que tienen lo ajeno, pero mucho. Eso todo, sumado es México.

Y ahora, esa ensalada que nomás no “liga” por más aderezo que le hemos puesto en 200 años, ahora, con Papa, con mucho Papa, que el pobre hombre no sabe que cuando llegue ya serán millones los que están hasta la coronilla de tanta noticia sobre eso, de tanto gasto del gobierno para eso, de tanto oportunismo, aunque lo que está asegurado, por supuesto, es que será vitoreado por los que nunca faltan, los que hay para toda ocasión, esos que son puro raiting, razón primera de las carretadas de dinero que reciben los televisos y sus parientes segundones los tvaztecos, porque la iglesia católica en México es de Televisa, que para eso le lleva sus mañanitas cada año a la Guadalupana. Sí señor.

No deja uno de asombrarse con este risueño país que por más que pase no deja uno de querer. No sabemos nuestra historia ni gran cosa de nuestros héroes (aparte de que Hidalgo era calvo; que Morelos usaba paliacate y las solapas del saco hasta las orejas; que Iturbide traía enormes las patillas los pantalones entallados y era guapísimo; que Juárez era prieto y feísimo; que Pancho Villa era panzón y simpático, Madero chaparrito y crédulo; que Carranza usaba lentes redondos y poco más); no sabemos realmente si es cierto que estamos al borde del precipicio o en el comienzo de una nueva era dorada, y ¿sabe qué?, la verdad, la verdad, a nadie le importa porque nadie puede estar preocupado diario las 24 horas, porque no es novedad que el himno nacional realmente debería decir "¡sálvese quien pueda, cada quien para su santo!”… y porque a fin de cuentas, ahí viene el Papa y después, después ya pasará algo, la gente tendrá nuevas distracciones… ¡pásele, pásale!, tres tandas por el mismo boleto.

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