jueves, 11 de febrero de 2016

7269. LOS POBRES MÁS POBRES.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Los pobres más pobres.
Allá por los lejanos años 60’s del siglo pasado había un equipo de futbol ya desaparecido según entiende el del teclado, llamado “Guadalajara”, que de 1956 a 1964 fue seis veces campeón de la Primera División, cinco veces Campeón de Campeones, una vez campeón de la Copa México; también, campeón de la Concacaf y antes, cuatro veces Campeón de la Copa de Oro de Occidente. En la familia materna de su texto servidor le iban al “Toluca”, algunos pocos al “América” y con excepción de “guayaba”, “guachinango”, “guardar” y “guante”, toda otra palabra que comenzara con “gua” estaba prohibida. Sabida esa inconfesable pasión familiar, un día alguien invitó a una fiesta en casa de los abuelos a un tal Jaime David Gómez, el “Tubo Gómez”, el gran portero y héroe máximo del entonces imbatible Guadalajara y para asombro del entonces niño López, todos se portaron de lo más amables, casi zalameros con esa leyenda menor de la historia nacional y “don Tubo por acá”, “don Tubo por allá”, todo eran caravanas con don Tubo que bailó apretadito con varias primas. Se lo conté a la abuela paterna, la de Autlán de la Grana, Jalisco, y negando con la cabeza, dijo: -Son unos queda-bien –sí eran.

Entre los miles y miles de cosas que ignora este menda, está el número real de católicos nacionales. Sabe por supuesto que la inmensa mayoría del peladaje, fuimos hidráulicamente inscritos en el padrón de esa religión, a tempranísima edad, con premeditación, alevosía y ventaja, pero no sabemos cifras definitivas ni conviene meterse en honduras ni tomar partido en el diferendo entre Inegi y el Vaticano (por si no se acuerda, en 2012 el Inegi afirmó, apoyado en el Censo de 2010, que el 83.9% tenía esa membresía; y el Vaticano, nomás por sus píos calzones,  dijo que no, que era el 91.89%... será).

Da lo mismo, porque a fin de cuentas el tenochca estándar no conoce y no practica esa religión. Lo reto a juntar los 10 mandamientos de la ley de Dios entre usted y sus amigos (sin Google); o que nomás le digan cuántos dogmas hay, no cuáles, nomás cuántos. Tan no la practicamos que si viviéramos como católicos  cerca de 100 millones de mexicanos, serían escándalo forense, rareza de museo, los políticos ladrones, los kilos de bistec de 900 gramos, o las señoras (y señores) con cornamenta.

Sea como sea, lo que es innegable es que el catolicismo forma parte de la cultura mexicana, con sus deformaciones, sus curas de misa y olla (que luego son los mejores), sus obispos flojones (que luego son la mayoría), y una feligresía que en un porcentaje verdaderamente muy pequeño realmente practica su religión.

Esa es la verdad, con todas las excepciones que usted conozca (y mi tía Josefina); lo que tenemos en el México urbano, de clase media para arriba, son unas prácticas sociales que hacen casarse por la iglesia a gentes que no creen ni en su padre y luego llevan a bautizar a los hijos como se lleva el coche a servicio, porque toca (y no crea que es muy raro el político o líder sindical, que bautiza varias veces al mismo niño para tener más compadres); y en el México de planta baja, sótano y rural, la cosa es muy diferente porque se encuentra uno con mucha gente de fe modelo Caterpillar que con tantito rascarle resulta ser una mezcla de superstición, culto a dioses de antes de la conquista y un catolicismo tan parecido al verdadero como un taco de maciza de la Taco Bell a uno de don Ciro, con salsa roja y cebollita con habanero.

Aun así se comprende y resulta lógico que al tenochca mayoritario, por mal que viva su fe, por poco que conozca su religión, por mucho que la acomode, le dé gusto que lo venga a visitar su pontífice máximo, en particular este, Francisco, que le chorrea la bondad por los poros y es de a de veras un señorote con lo que hay que tener muy en su lugar, que no se deja tomar el pelo y le llama al pan, pan y al vino, vino; que está poniendo orden en su casa y créame, en el Vaticano al más correoso priísta de la vieja escuela, le ponen departamento y le hacen hijos: allá sí se hace grilla de la más despiadada… y con dos mil añitos de experiencia (10 veces lo que tiene México de ser país).

Muy esquemáticamente, el programa de actividades del Papa es: llega este viernes y se va a descansar (tiene 79 años, digo); el sábado, bienvenida oficial en Palacio Nacional (es jefe de estado, pero, aunque no fuera, ya sabe, nuestros políticos de ahora, no dejan pasar una y si se disfrazan de charros, de luchadores y de ciclistas, también de católicos, faltaba más); el mismo sábado va a celebrar misa a la Basílica de Guadalupe.

El domingo va a Ecatepec, de ahí a un hospital pediátrico en la CdMx y después en el Auditorio Nacional, tendrá un encuentro con el “sector cultural” (si los escogió don Peña Nieto hasta Chabelo va a andar por ahí).

El lunes 15, plato fuerte: Chiapas, San Cristóbal, Tuxtla Gutiérrez… puede pasar de todo (no en San Cristóbal y no a él, que los indígenas de los Altos tienen de esa fe que mueve al Popo y al Tacaná, al mismo tiempo), puede pasar de todo pero en Tuxtla Gutiérrez, porque a mucha gente ya se le metió en la cabeza que con y sin boleto van a ver al Papa; y porque no se sabe que va a decir el Papa (aunque se espera que sea diplomático y delicado), pues obispos y sacerdotes de los muy aguerridos, no han parado de mandar informes de cómo ven ellos las cosas por estos lares.

El martes se va a Morelia, el miércoles a Ciudad Juárez y de ahí se regresa a Roma el mismo día. Movidito el viaje.

No deja de llamar la atención el enorme interés de nuestros gobernantes por esta visita, siendo como son, no pocos, tal vez muchos, unos adefesios morales, monstruos públicos  de pena ajena. La única explicación es su oportunismo, su impudicia para doblar el lomo y quedar bien aunque con la religión se limpien.

Para montar su numerito se han gastado dinerales… ojalá alguien le diga al Papa la clase de dispendio que esto ha sido para que vea la manera de que su otros viajes no dejen a los pobres más pobres.

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