martes, 16 de febrero de 2016

7292. EL PAPA FRANCISCO.

Por Arturo CEJA ARELLANO.
Periodista y poeta.
Desde Jacona, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

DI’ARINA Y DE MAÍZ
El Papa Francisco

Qué gran orgullo y satisfacción el saber que mi hijo Oswaldo se ha dedicado en los últimos días a cuidar y velar por la seguridad del Santo Papa Francisco durante su peregrinar por nuestro país. Ayer estuvo con él aquí, en Michoacán, realizando un trabajo difícil y delicado, porque los errores no son válidos a pesar de que seguimos siendo humanos.

Quién iba a pensar que mi hijo iba a cuidar al máximo representante de Dios en nuestro mundo; al máximo jerarca de la Iglesia Católica. Seguramente que el Todopoderoso lo está colmando de bendiciones desde allá, desde el cielo, de donde nos ve a todos; desde donde ve lo que hacemos, sobre todo nuestras pendejadas, porque seguimos violentando los derechos de nuestros hermanos en éste mundo cada vez más ingrato, cada vez más cruel.

Y para ello estudió, para eso se preparó durante muchos años de desvelos y sobresaltos, de esfuerzo físico y mental, nadando, corriendo, volando; haciendo lo que no cualquiera hace, ni hará. Y al final de la extenuante jornada, no habrá premios, ni glorias; ni tendrán las “gracias”, ni reconocimientos, ni las falsas palmadas sobre sus hombros.

El éxito y la gloria será para unos cuantos, para muy contados, para los que están detrás del escritorio, para los que recibieron ya la Bendición Papal en privado. Detrás de ellos, los que realmente cuidaron al Papa, se irán escurriendo lentamente, cubiertos por las sombras de los fríos y tétricos edificios, para abordar el autobús o el metro que los conduzca a sus hogares, donde sí encontrarán los brazos cálidos de la esposa y el beso ansioso de los hijos.

Así es la vida de quienes tienen como Madre a la Patria y como Padre al Coronel. Dios te siga bendiciendo hijo mío;y ojalá que en alguna de las muchas ocasiones que tuviste, el Papa Francisco haya clavado su mirada sobre la tuya y te haya agradecido aunque sea levemente tu gran esfuerzo y el de tus compañeros de ese trabajo diseñado para hombres y mujeres muy superiores a todos los demás, que deambulamos sin rumbos fijos.

Pero bueno, la presencia del Papa en nuestro país ha dado importante giro, pues de la protesta y el enojo ha surgido la aceptación, porque se ha visto la emoción del pueblo de México, al estar cerca o lejos de él; al verlo aunque sea por la tele. Se ha sentido el cambio propio de la sensibilización; se ha visto la alegría de la gente; se ha escuchado su canto, su grito; la porra, los vítores; los rezos transformados en murmullos.

Y se han visto a los niños ser elevados en brazos de sus madres, como entregándolos al Papa, para que reciban su bendición. Impactante fue la sonrisa de los niños enfermos, los que han sido lacerados desde pequeños por enfermedades crueles, que no respetan sexo, ni edad. Los “auxiliares metiches” retirando a la gente, cuando el Papa es quien se acerca a ellos para saludarlos. La satisfacción de la primera dama del país y la del mandatario nacional; la del Secretario de Gobierno, la del Secretario de la Defensa Nacional y la del Cardenal Rivera.
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* (Que así sea mi estimado amigo Arturo-glc-)

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