miércoles, 17 de febrero de 2016

7300. TODOS NOSOTROS.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Todos nosotros.
Tío Alfredo estuvo en cama los últimos siete años de su vida aunque no estaba enfermo de nada, sino que ya con la edad se le hizo más descarada su maña de atenido. Ver a una persona y pedirle “un favor”, era lo mismo. De alguna manera se las ingenió para hacer lo menos posible toda su larga vida. Comiendo, pedía el salero aunque le quedara a su alcance estirando el brazo; tía Luisa, su sufriente esposa (o lo que le parezca mejor), siempre le puso los calcetines y le hizo el nudo de la corbata. Cuando falleció, el abuelo Armando dijo: -¡Vaya! por fin hizo algo él mismo –pavoroso caso.

La visita del Papa Francisco y la larga lista de asuntos que desde la prensa le han querido endilgar para que los atienda y resuelva, me recordó a tío Alfredo. Algunas de estos últimos días: “El Barzón pide al Papa intervenir para que el gobierno apoye a la producción nacional”; “Organizaciones agrícolas y el artista plástico Francisco Toledo enviaron una carta al Papa Francisco solicitándole que se pronuncie contra el maíz transgénico”; “El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan pidió al papa Francisco que demande al gobierno mexicano verdad y justicia”; “Piden al Papa impida construcción de hidroeléctrica Las Cruces sobre el río San Pedro Mezquital, en Nayarit”; “El líder michoacano de autodefensas llamó a que el Papa apoye el proceso de paz y señale a gobernantes corruptos”; “La Unión Popular de Vendedores Ambulantes ‘28 de Octubre’ pide al Papa que exija a Moreno Valle cese de represión; anuncian plantón frente a la Nunciatura Apostólica”; “Piden al Papa Francisco canonizar a Fray Sebastián de Aparicio; ‘difícilmente hay otro Santo que haya hecho y haga tantos milagros’, afirman”; “Piden exponer feminicidios al Papa”.

Hay más peticiones, algunas un poco más elaboradas, vea usted: “Indígenas piden que el Papa se disculpe por conquista de América y repudiar la bula de Alejandro VI”, que no es una sino cuatro, conocidas como “bulas alejandrinas” (la “Breve Inter caetera” del 3 de mayo de 1493 -sí, de hace casi 523 años-, la “Inter caetera II” del día siguiente; la “Eximiae devotionis” del 3 de mayo de ese año; y la “Dudum siquidem” del 26 de septiembre, también de 1493), que son los decretazos por los que el Papa de entonces, les regala las tierras de América a los Reyes de Castilla y Aragón -los Reyes Católicos-, y al de Portugal, y para que no anduvieran con pleitos, les dice qué es para cada uno. La petición presentada al papa Francisco incluye que aparte de repudiar públicamente las alejandrinas, haga una nueva bula “de desagravio”… o sea, como no vaya a ser que el Rey de España y el Presidente de Portugal, vengan a reclamar como de ellos América, urge que el Papa no se haga pato y arregle el tiradero de su predecesor de hace 523 años. A todo dar.

Por su lado, los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa y el líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el poeta Javier Sicilia, pidieron “que el Papa mire al país con los ojos de las víctimas”, don Sicilia le advirtió que si calla “está del lado del crimen", y afirmó que “limitar la visita del Papa a una visita de Estado es atroz para los católicos, el evangelio y el propio Papa”… ah, qué bueno que le dijo.

Ya se da idea de las cosas que le han pedido al Papa algunos compatriotas  tenochcas, para no mencionar que también le solicitaron “permita anticonceptivos mientras dure emergencia del zika”; que garantice el abasto de medicamentos al sistema de salud; y seguidores del equipo de futbol Atlante, le pidieron mediante bonita manta allá en la CdMx (antes DF), que rece para que su equipo ascienda a Primera División, además, con maña, pusieron: “Atlante y San Lorenzo, uno mismo”, sabedores de que el Santo Padre le va al San Lorenzo.

Que la gente tenga fe en su religión está bien o cuando menos, no está mal. Si practicaran todos los católicos de este país lo que enseña su religión, sin duda esto sería parecido al Edén, sin un ladrón, sin un cornudo, sin un asesino. Sí, pero igual, las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), no aseguran que nos pongamos a trabajar como si pagaran; las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), no garantizan que seamos emprendedores, formales, cumplidos, puntuales, serios, productivos. No hay mandamiento de la ley de Dios que diga: “Trabajarás”, ni que asegure las inversiones, que los banqueros dejen de practicar usura, que el gran capital deje de explotar al trabajador ni de saquear países enteros. Claro que a los gobernantes sí les acomodan las cuatro, porque ya veríamos qué clase de autoridades tendríamos si todos sus integrantes fueran prudentes, justos, con carácter y sin vicios… ¡de rechupete!”

Son las virtudes humanas, esas que valen para todos, tengan la religión que tengan o aunque no tengan, las que tienen que ver directamente con los problemas del país, con mucho de lo que andamos queriendo que nos resuelvan políticos, gobernantes y el Papa. Le menciono algunas: laboriosidad, orden, responsabilidad, patriotismo, sobriedad… son 24, con esas se da una idea.

No es que no se valga pedirle a Dios, a quien uno crea que tiene línea directa con Él, al poderoso de turno y al alcalde del lugar, no, sí se vale, pero hemos de reconocer que por razones que seguramente conocen los sociólogos, a nosotros los del pedaje nacional lo que se nos da muy bien es esperar que otro haga muchas cosas que nosotros podemos (y debemos hacer).

Muchos de nuestros problemas son nuestros porque nosotros los provocamos y en nuestras manos está que se evaporen casi mágicamente, así, de un día para otro. Imagine por ejemplo, que ya nadie abusa de nadie, que ya nadie tira basura en la calle… por lo pronto, el Cañón del Sumidero lindo, limpiecito y todos nuestros ríos y ciudades.

O imagine usted que a partir de hoy mismo ya nadie ofrezca ni dé mordida. ¡Adiós corrupción!, esa que decimos que tanto nos molesta y que, no hay excusa que valga, no existiría sin todos nosotros.

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