jueves, 18 de febrero de 2016

7306. RIQUEZA IMPARABLE.

Por el Sr. López.
Periodista critico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Riqueza imparable. 
Como terapia ocupacional, después de la empapada que nos puso el distinguido visitante a quien de verdad se le agradece la visita, pero para la otra hay que prevenirnos (de ser posible con apoyo de las autoridades), para que las televisoras no pongan en riesgo la salud y hasta la vida de la población diabética, por el alto grado de glucosa de los programas con que nos bombardearon sin clemencia. Modérense.

En fin, hablemos de dinero, que siempre es muy sabroso.

Ayer anunciaron el Secretario de Hacienda y el Gobernador del Banco de México varias cosas que se oyen parecido a cuando el doctor sale del quirófano con la bata chorreada de sangre y dice “hubo complicaciones”… a rezar.

En resumen, que se recorta el 2.7% el presupuesto federal: 132 mil 300 millones de pesos (en gasto corriente, o sea, clips, papelería, sueldos; el gobierno federal 32 mil y Pemex 100 mil); que va a subir la tasa de interés del Banco de México (no importa nunca nos presta), y que ya no van a rematar dólares (tampoco nos afecta, nuestro problema no es comprar dólares y si tuviéramos, iríamos corriendo a venderlos, giritos).

De entrada se preocupa uno porque para que nuestros gobernantes digan que van a recortar el presupuesto, las cosas deben estar verdaderamente mal… o eso parece, porque cuando el tío Quique dijo que andaba mal de dinero, a coro le dijimos que no le creíamos y como para convencernos comentó que su coche nuevo lo había pedido sin llantas cara blanca… más tiene el rico cuando empobrece.

Para medio saber si de verdad está la cosa que arde (o se va a poner así), piense usted que el presupuesto nacional (el del gobierno federal), este año suma la bonita cantidad de 4 billones 763,874 millones (cuatro millones de millones de pesos, más 763,874 millones… si puede usted imaginar esa cantidad de dinero, el del teclado, no, ¿será como cuatro, casi cinco estadios Azteca copeteados de pacas de dinero?, quién sabe). Y a esa montaña le van a recortar 132.3 mil millones.

Como de verdad no puede uno dimensionar semejante cantidad de dinero, entonces, haga de cuenta que lo contratan en una chamba y le dicen que su sueldo es de 4,763.84 pesos, pero cuando llega el día de pago le dicen que, con la pena, pero es de sólo 4,631.57, o sea, 132.3 menos. Gusto no le da, pero es lo mismo.

Igual esto: una rebaja de ese tamaño no le hace cosquillas al país. Ya otra cosa es que le estén cargando la mano a Pemex (ni disimulan sus negras intenciones).

Las tripas del presupuesto, el laberinto de información y la tómbola de mañas burocráticas, hacen casi imposible saber cuánto se desperdicia del presupuesto (ya sin pensar en actos de corrupción… aunque no me lo crea, son posibles, o al menos eso se dice), pero lo que sí podemos entender es que algo anda fatal:

En el año 2000 el presupuesto nacional fue de 1 billón 195,313 millones. Ahora en 2016, es cuatro veces más dinero. Está difícil justificar un incremento de cuatro veces en 16 años: no tenemos cuatro veces más gobierno, ni más servicios, ni más de nada. Nomás nos sale más caro que sean tan gentiles de gobernarnos.

En el año 2000, el Poder Legislativo federal, los caballerosos tribunos de la república, nos costaron 3,374.3 millones de pesos; los mismos 128 senadores y los mismos 500 diputados ahora nos salen en 11,981.4 millones; casi 350% más dinero para exactamente lo mismo. El salario mínimo en ese periodo creció de 40.31 a 73.04, el 81.19%; o sea que los gentiles legisladores podrían haber llegado a costarnos 6,113.9 millones, póngale 7 mil, para sus chuchulucos, pero no casi 12 mil.

El Poder Judicial en el año 2000 funcionaba (es un decir), con casi 8,100 millones de pesos; ahora anda arriba de 63,616 millones… y no son ocho veces más jueces. Es sólo dispendio.

El Poder Ejecutivo es más complicado de comparar. Es de justicia decir que la Oficina de Presidencia de la República tuvo un moderado aumento de costo (de 1,555.8 millones en el año 2000, a 1922.6 millones en este); pero la querida PGR, pasó de gastar 4,875 millones a 16,469, lo que ya calienta (¿o tenemos tres y pico veces más procuración de justicia?). La Secretaría de Salud brincó de 4,875 millones a la sideral cifra de 132,217 millones, 27 veces más… a menos que sea uno ciego y no vea 27 veces más hospitales, 27 veces más médicos, 27 veces mejor pagadas las enfermeras, a menos que los servicios de salud manden a la clientela a conseguir medicamentos y material de curtación, nomás por el gusto de ver caras de angustia. Desarrollo Social subió de 13,728.65 millones a 109,372 millones ocho veces más presupuesto… le digo, son pobres por su puro gusto.

El antes IFE en el año 2000, costó 8,458 millones y este año el hoy INE anda en 15,474 millones, casi el doble (y de ahí sale lo de los partidos políticos, cosa de todo el interés de nosotros, el peladaje).

Honradamente (¡ese que se rio, se me sale!), honradamente, si el gobierno federal recortara el 20% de su presupuesto, en vez del 2.7% que nos anunciaron ayer, no pasaría nada, sin correr a nadie.  Ningún economista serio avalaría esta afirmación, pero es que no saben de la procelosa mar del dispendio y la corrupción oficiales.

Ayer mismo la Auditoría Superior de la federación informó que en 2014 hubo un probable daño patrimonial de 70 mil millones, que los estados dejaron sin ejercer 63,607  millones, de los que se sospecha un “ulterior mal uso” (¡qué feo ser tan mal pensados!); aparte, ya hay denuncias penales por otros 26 mil millones que se robaron los que se los robaron; y que están tratando de recuperar otros 42,702 millones que ya detectaron y con tantita suerte regresan a las arcas federales. Esto es un año y suma, 202,309 millones… por ahí del doble del recorte de este año. Le digo.

No se puede justificar un presupuesto tan inmenso si tenemos básicamente los mismos servicios con las mismas carencias, una deuda cada vez mayor y una alta élite en el poder que goza y disfruta en exclusiva de las mieles de una deshonesta riqueza imparable.

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