viernes, 19 de febrero de 2016

7314. CAMILO TORRES, EL SACERDOTE REVOLUCIONARIO.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Camilo Torres, el sacerdote revolucionario.

La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí
nada más que el temor a Dios.
Mahatma Gandhi (1869-1948).
Pacifista  y pensador indio.


Hace 50 años murió el padre Camilo Torres Restrepo abatido por las balas del ejército, era su primera participación en un combate al lado de los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional de Colombia que buscaban cambiar un sistema económico, político y social inhumano. Camilo se integró a la guerrilla y rechazó el trato preferencial que los jefes insurgentes pretendían darle. Camilo Torres fue ordenado sacerdote católico en 1954, y el 15 de febrero de 1966 fue abatido.

El padre Camilo colgó la sotana para tomar las armas pero nunca dejó su fe como nunca renunció a la revolución “como único camino hacia una fraternidad cristiana de verdad”. No hay que ser un especialista en religión para darse cuenta de la contradicción en que se metió el padre Camilo que antes de tomar las armas creía en que se podría lograr un cambio profundo con una revolución pacífica, pero algo pasó que lo hizo cambiar de idea.

La violencia y la resistencia pacífica, son contradictorias, otros personajes de talla mundial como Mahatma Gandhi lograron una revolución sin disparar un tiro, ¿qué dejó el ejemplo de Camilo Torres? Muchos en Colombia y en otros países se preguntan cuál fue el legado del sacerdote revolucionario, del primer cura que tomó las armas, que eligió el camino de la violencia contra los principios morales fundamentales del cristianismo.

¿Sirvió de algo la sangre derramada del padre Camilo? A 50 años de su muerte, en Colombia se vive una situación de violencia muy similar a la que se vive en México. Entre las ideas más importantes del padre Camilo sin duda destaca la de que la condición para que los pueblos oprimidos se liberen de sus esclavistas es la unidad, un pueblo desunido es presa fácil de los opresores.

La unidad y la organización son la base para que los pueblos se liberen, escribía el padre Camilo que dejó atrás la vida burguesa que tenía asegurada con su familia para meterse en los barrios proletarios en donde el dolor y la muerte tienen rostro y nombre. La tarea del padre Camilo quedó inconclusa, la revolución en Colombia fue sólo un sueño que nunca se logró, pero el ejemplo del padre Camilo nos confronta hoy más que hace 50 años, no para tomar las armas porque el camino de la violencia sólo genera más violencia, sino para trabajar por la unidad y la organización popular como único camino de liberación, y más que nada el ejemplo del padre Camilo Torres nos confronta a los cristianos, a los que conscientes de una realidad atroz, no hacemos nada por transformarla, o peor aún, somos sus cómplices y beneficiarios.

Probablemente no estaremos de acuerdo con el método del padre Camilo, pero su ejemplo de congruencia con su conciencia nos dice que cada ser humano debe decidir el camino a seguir, en especial a los que profesamos alguna forma de religiosidad, tan devaluada últimamente por la falta de congruencia, por la división entre nuestra fe y nuestros actos.

Tal vez lo mejor que podemos aprender de la vida del padre Camilo es que el camino hacia la justicia y la paz no es la violencia, sino la unidad y la congruencia entre lo que creemos y lo que hacemos cada día.

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