lunes, 22 de febrero de 2016

7320. ¡CÓMO ES POSIBLE!

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

¡Cómo es posible!
Si así somos, ¡qué raros somos!; si no, si fue un maléfico plan orquestado exitosamente por algo así como los Illuminati de la Mota, la Logia Discreta de la Gran Cruda (de la Fraternidad Hermética de Beodos), los Caballeros Templarios Náhuatl o alguna sección secreta del Cisen dedicada a licuar las neuronas del respetable, no importa, el hecho es que la población presenta síntomas alarmantes de envilecimiento de la conciencia (actitud contemplativa acompañada por abundante emisión de babas, como lama después de zamparse una torta de hongos con la receta secreta de doña María Sabina; indiferencia e incapacidad de reacción y en los ratos de estado de alerta: interés en la revista TVynovelas, entre los más graves).

Se hacen públicas cosas que en cualquier país lógico provocarían que cayera el gobierno y si no, cuando menos, para la más ignominiosa ejecución de funcionarios por docena… y acá, no sólo no pasa nada sino que asuntos verdaderamente menores, acaparan la atención del respetable.

Se acuerda usted del motín en el penal de Piedras Negras, Coahuila, en el que murieron asesinados 49 entre presos y no presos (no, no es lo que le voy a comentar, ya sé que le da pereza); bueno, pues a raíz de eso, la autoridá’ se puso a investigar qué había dentro de esa cárcel (no, tampoco le voy a decir que había tiendas, restaurantes, un teatro, celdas de lujo, armamento, drogas; capaz que se me queda dormido), y encontraron un horno para cremar cadáveres, con restos de huesos humanos calcinados… horno operado por los presos.

La nota es de un diario texano (el “Breitbart Texas”), que acá retomó el portal Sinembargo y luego ya se regó por la prensa nacional. Aparte del horno, encontraron muchos tambos con pedazos de cuerpos humanos en ácido y otros que se usaban para la basura y presentan señales de haber sido usados antes para quemar cadáveres (con agujeros a los lados para que entrara aire y se facilitara la combustión… si tontos no son).

La Procuraduría de ese estado, informa que ya están investigando, pero que “se sabe que los hornos” (dijeron “un horno” y luego “los hornos”… ¡dioses!), funcionaron hasta hace cinco años (o sea, no se espanten, ya ni se usan); y que fueron los zetas quienes llevaron a esa cárcel a “unas 150 personas” (o sea: tampoco es cosa de magnificar las cosas, sólo llevaron a 150 y eso porque necesitaban “interrogarlos, torturarlos, ejecutarlos e incinerarlos”… no exageremos ni queramos hacer escándalo de todo, ¡caramba!).

Dicho de otro modo: la cárcel esa era una instalación al servicio de una banda de delincuentes, que entraban y salían a la hora que querían y la usaban como sitio seguro (casa de seguridad), para guardar a sus secuestrados, para matar a sus enemigos. Y todo a ciencia y paciencia de las autoridades. Y suponiendo que es la única. Y olvidando cómo salió el Chapo de otra de ultra alta seguridad de esas invulnerables que tenemos.

Esto, le aseguro, en cualquier país lógico haría saltar por los aires al gobierno de ese estado y al nacional. Acá, la nota del día siguiente en prensa nacional, fue que se rompió el récord de pasajeros en calzones en el Metro de la Ciudad de México: cinco mil capitalinos (y capitalinas) demostraron de qué está hecha la raza de bronce y sin temores, bizarramente, con garbo de triunfadores, se treparon en chones a los vagones del destartalado Metro chilango. ¡Así se forjó el acero!

La supuestamente prensa más aguerrida, por ejemplo, La Jornada, salió en su portada de ayer con un titular (“Golpeará a miles de mezcaleros nueva norma para el agave”), que le permite pensar a un austriaco que en México las cosas discurren dentro de los carriles de la más benevolente normalidad, porque si el problema nacional que amerita la “cabeza” de un diario es que nada más los tequileros de Jalisco (y de cierta región), podrán ostentar la denominación de origen de su bebida destilada de agave  (lo demás se llamará “komil”, no mezcal, ni tequila), pues qué país tan a todo dar.

En Milenio diario, un toque de delicioso extranjerismo: “Arrasa Trump en Carolina del Sur. Jeb Bush se baja de la contienda republicana; Hillary gana Nevada”; no, si estamos en todo los mexicanos y nos da tiempo de estar muy al tanto de cómo van las elecciones primarias en los EUA (aunque sean pocos, muy pocos, los que entiendan el proceso electoral de allá, entre otras cosas, porque ni el nuestro les importa).

Si lo de los hornos crematorios en cárceles nacionales es una nota morbosa y por eso se la saltó nuestra pudibunda ciudadanía, entonces vea cuál fue la reacción nacional por las declaraciones inmensamente escandalosas de Juan Manuel Portal, titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), respecto de los resultados finales de la revisión de la Cuenta Pública federal de 2014, en los se determina que hay una danza de decenas de miles de millones de pesos, cercana a los 200 mil, y no levantó una ola de indignación, ni la huida en masa del país de altos funcionarios: no pasa nada. Ni pasará.

Como tampoco pasará nada con los tres mareados del instituto electoral de Chiapas que destituyó el INE (antes IFE), porque en este risueño país eso es como una travesura de niñitos y sólo le interesa a ese diminuto sector que pierde su tiempo leyendo sobre política, porque si la mitad de lo que se dijo en la larga sesión del Consejo General del INE, fuera cierto, era como para repetir las elecciones, pero, no, que tampoco se trata de eso, no sea usted exagerado. Es una pintita más en el tigre electoral nacional.

Ahora que, para saciar las ansias de sangre del pueblo, eso sí, se nos informa que se averigua ¡a fondo! quién le prestó a la tal Belinda, un helicóptero oficial para ir a ver al Papa en Michoacán (¡eso sí que no!, abusos, ¡no!) Y por supuesto, carnita fresca para el monstruo de mil cabezas que es el respetable: una funcionaria de la Secretaría de la Función Pública, está bajo investigación, porque comió caviar en Londres… hija de su… pero, ¡cómo es posible!

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