miércoles, 24 de febrero de 2016

7326. IMPERDONABLE.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Edo., de Chiapas.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Imperdonable.
Tío Emilio -de los de Toluca-, se sentaba a la mesa exactamente a las 14:30 horas, pero, ¡exactamente!, digo, podía usted poner a tiempo su reloj: terminando de depositar su trasero sobre la silla, caía la manecilla en la media precisa… y ¡ay de la tía Lulú! si no estaban ella, los dos hijos y al lado de su plato, la sopera lista para que él sirviera: le hacía un lío peor que si encontrara la mesa embarrada de caca. De vez en cuando, tío Emilio se ponía un guante blanco (en serio) y pasaba el dedo sobre el marco de todos los cuadros de la casa y… ¡ay de tía Lulú si encontraba una mota de polvo!, tío Emilio era muy exigente, pero mucho; se bañaba en tina (cochino), pero antes, revisaba con termómetro que tía Lulú hubiera dejado el agua en precisamente 38.8 grados centígrados, no 39, mucho menos, 38… 38.8 grados exactos o bronca de tramitar amparo, que con tío Emilio no se jugaba. Ya largamente fallecido tío Emilio, comentó un día tía Victoria que  había sido un payaso toda su vida y ante la sorpresa de este menda, sabedor de lo prusianamente estricto que había sido y de las minucias por las que la emprendía a gritos con su esposa-víctima, aclaró tía Victoria: -No, hijito, Lulú coleccionaba amantes y él siempre supo que tenía más cuernos que el pabellón de caza del rey de Inglaterra… era un payaso y era un imbécil –no, pos sí.

Comentamos ayer la notIcia del sábado pasado, de la agencia de noticias Reuters (de las más serias del mundo), sobre la empleada de la Secretaría de la Función Pública que (cito literalmente la nota de El Universal): “En una cena con champán, caviar y salmón ahumado en la exclusiva tienda departamental Harrods fue como Hilda García, una funcionaria mexicana anticorrupción gastó parte de sus viáticos de 450 dólares diarios en Londres el año pasado (…)”

Harrods (Brompton Road por si quiere ir, se baja del Metro en la estación  Knightsbridge), es como un Palacio de Hierro de acá, nomás que fundado en 1835 -primera escalera eléctrica del mundo-, muy lujoso, para la alta pomada londinense y con precios que son una mentada de madre, carísimo (si va, compre un cenicero o una cajita de té, no sea tarugo, lo mismo que le guste lo compra más barato en cualquier parte… claro, la bolsa no dice “Harrods”).

Pues ahí fue doña García, a quien el del teclado no tiene el gusto de conocer, pero supone que ella está acostumbrada a esos lugares y a cenar sus sopes de caviar, sus quesadillas de salmón y un su pozol de champán para pasar la comida, ni modo que trague en seco.

También decíamos ayer que eso en México es un escándalo, delicada como es la piel tenochca después de tantos y tantos años de mal acostumbrarse a gobernantes austeros y moderados, honrados y laboriosos.    

Tal vez explica el escándalo que crece y crece en la prensa nacional, el que la refinada señora García prestara sus servicios en la Secretaría de la Función Pública, dependencia que lucha a brazo partido contra la corrupción en el Poder Ejecutivo de la federación, misma que se encargó de disipar cualquier duda que algún idiota pudiera tener sobre el legítimo origen o conflicto de interés relacionado con la blanca casa y otras propiedades de la esposa del Presidente, las del del mismo Presidente y del Secretario de Hacienda.

Pero que la García gaste sus viáticos en lo que le venga en gana, no es precisamente corrupción, aunque sí resulta un poquitín fea su falta de solidaridad con la mitad de la población que se está muriendo de hambre (aunque pudiera ser que se le hayan atragantado el caviar y el salmón, pero se obligó a consumirlos en defensa de la imagen de la patria en el extranjero, no fueran los londinenses a verla echándose una hamburguesa banquetera y dijeran: -Mexican government, poor little girl…indeed –sólo preguntándole, a lo mejor hasta le hizo daño.

Por supuesto no iba a quedarse eso así. Ayer mismo, la pulcra dependencia custodia del himen patrio, mediante comunicado de prensa, informó:

“El secretario Virgilio Andrade Martínez solicitará a la Contraloría Interna de la Secretaría de la Función Pública una auditoría de todos los gastos derivados de comisiones oficiales de carácter internacional, así como de los procesos de revisión de los comprobantes que sustenten dichas erogaciones (…)”; no sin antes advertir la misma dependencia, que “los gastos se realizan con apego a los límites diarios establecidos en la norma vigente para viajes oficiales internacionales de la Administración Pública Federal”.

Y sí, la verdad es esa: si a usted le da su patrón 450 dólares diarios para sus sagrados alimentos en un viaje de trabajo al extranjero (más o menos $8,325.00 pesos, equivalentes a lo que se gana en tres meses y tres semanas de trabajo un empleado de salario mínimo, para que usted coma un día), su patrón es idiota y usted no tiene por qué llevar tortas desde México. Se lo gasta (si es que puede) y no comete ningún delito ni falta administrativa, eso le dieron para eso, usted no pidió, le dieron: -No se malpase compañero –a todo dar.

Pero como creen que sí somos sus tarugos, ahora resulta que van a auditar “todos los gastos derivados de comisiones oficiales de carácter internacional”, ¿qué van a auditar, don Virgilio?, no hay materia, el que determinó ese tabulador de jeques tampoco cometió ningún delito y el que lo autorizó, tampoco. Es un abuso, pero no pueden fincar ninguna responsabilidad por eso.

Ahora falta que les hagan una ley de menús y consumo autorizado de proteínas en viajes al extranjero.

La dependencia agregó que “se establecieron normas adicionales a las del resto de la Administración Pública Federal, para revisar el destino específico de los gastos permitidos entre los que no está el alcohol la Función Pública reforzará sus medidas encaminadas a evitar eventuales abusos (...).

Mire, eso sí calienta. Lo de los “eventuales abusos”, pasa, aunque son diarios, aquí y en el extranjero, pero llamar al champaña “alcohol”, es una vulgaridad imperdonable, don Virgilio, imperdonable.

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