jueves, 25 de febrero de 2016

7339. RELATOS, LEYENDAS Y CUENTOS.

Por EVERILDO GONZALEZ ALVAREZ.
Ambientalista y articulista.
Desde Zamora, Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

LA HISTORIA DEL PISAQUEDITO, DE LOROLENCHO Y DE CASIMIRA.
Sexta parte.

Ya de regreso del templo, Casimira puso al perico en su casa y las dos mujeres se quedaron observando a ver si pronunciaba alguna palabra, pero nada, absolutamente nada se le escuchó pero si vieron que por la alambrada del gallinero se fue caminando y se bajó para un rato después regresar al columpio que le habían hecho. Cuando las dos mujeres se disponían a ir a realizar labores de limpieza, alcanzaron a oír que el Lorolencho mencionó: “ Casimira, Casimira ven “ y después volvió al silencio. Las primeras palabras de Lorolencho habían salido de su pico y tanto Casimira como Rufina estaban felices, no cabe duda de que hice buenas compras- mencionó Rufina-, el Pisaquedito ha salido excelente en eso de cantar, ¡ qué buena forma de estar entonado¡ y que exacto es en el canto, ya nada más falta que nos muestre, el ya próximo mes de  Abril que efectivamente ajusta la hora de cantar de acuerdo al cambio de horario,  y, además,  el perico ahora ya dio muestras de que será bueno para eso de hablar, espero que pronto se aprenda el avemaría y el padrenuestro para que sea un ejemplo a seguir en eso de el buen arte de hablar, pues si- dijo Casimira- y algo muy bueno es que parece que se lleva bien con el gallo y las gallinas, ya ves que ahora se entró al gallinero y nadie se peleó con nadie, ahí se estuvo un ratito y ya luego se subió por la alambrada y se quedó en el columpio y luego se fue a la resbaladilla, y al trapecio y anda feliz, bien que está aprendiendo los juegos que le estamos enseñando y ya con todo su plumaje ya quedó para presumir.

Todo marchaba bien según las dos mujeres, pero no contaban con que al otro lado ya funcionaba la cantina en la que había todo tipo de vinos, cervezas, tepache y botanas, y que contaban con los servicios de dos bellas mujeres que fungían como meseras y qué coincidencias de la vida, una se llamaba precisamente Casimira y a la otra solo la conocían como Brujilda y pues ya sabemos o imaginamos como son esos lugares y como se trata a las meseras y las cosas así funcionaron y a Lorolencho le tocó escuchar el florido lenguaje que se decía y que claramente llegaba a sus oídos y aparentemente nada aprendía porque Casimira lo vio que estaba muy quieto, parecía como idiotizado o atarugado pero en realidad lo que sucedía es que el perico estaba en una profunda concentración  memorizando todo lo que escuchaba que decían en la cantina y hay que decir las cosas claramente, por sabrá Dios qué, a los pericos es lo que les gusta aprender mas, lo que se dice en las cantinas, eso les fascina luego decirlo.

Pues resulta que ya en el mes de Abril, llegó el día en que se llevaría a cabo el cambio de horario, el día en que el Pisaquedito ajustaría su hora de empezar a cantar y, como este suceso ya lo habían platicado con sus amigas pues había causado incredulidad e interés por comprobar lo que se decía del mentado gallo. Casimira y Rufina invitaron a sus amigas a que acudieran al otro día que sería el primero con el nuevo horario y que reloj en mano comprobaran si efectivamente el Pisaquedito ajustaba su hora de cantar, si lo haría hasta una hora después de la hora que hasta ese día había empezado a cantar como les habían dicho en Tarecuato al comprar el mentado gallo. La cita era en su casa faltando diez minutos para las cinco de la mañana del anterior horario para que se viera que a esa hora no cantaba y esperarían el transcurrir de una hora que según eso sería cuando debería de cantar y pues puntuales, a la hora convenida, se juntó una buena cantidad de mujeres deseosas de tener algo que contar a sus nietos. Rufina y Casimira prepararon café y unos panecillos para ofrecer a sus curiosas invitadas y pues el tiempo se hizo corto y se llegaron las cinco de la mañana del anterior horario y el Pisaquedito no emitió sonido alguno, las mujeres voltearon a verlo y dijeron que aun estaba profundamente dormido y se le podía apreciar una mueca de felicidad como si estuviera soñando. Los minutos transcurrieron y el gallo no cantó y no cantó y todas las mujeres se convencieron que no cantaría y se dirigieron a la sala a saborear una taza de buen café acompañado de unos sabrosos panes traídos de Patamban que Lucrecia invitó y ahí se esperaron hasta que transcurrió una hora, claro que el tema de la plática era sobre el Pisaquedito, Chela la que vende ropa tomó la palabra, miren – dijo- algo que sí me consta es que ese gallo tiene una hermosa forma de cantar, como tengo que levantarme temprano para preparar lo que llevaré a vender pos este gallo es el que me despierta y debo decirles que es un deleite oírlo cantar, de verdad que tiene un canto muy hermoso, es sumamente afinado y ni ganas de oír el radio dan… El tiempo transcurría y el número de curiosas aumentaba siendo necesario pasar a sentarlas a la cocina y al patio y Casimira tuvo que ir a conseguir sillas y a comprar bolillos a la tienda de la esquina pues los panes que habían traído y otros más que Casimira había hecho, rápidamente se terminaron y lo mismo pasaba ya con el azúcar que quedaba poco.

Continuará.

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