viernes, 26 de febrero de 2016

7346. CONFIAR EN LA AUTORIDAD.

Por el Sr. López.
Periodista crítico.
Desde el Estado de
Chiapas. México. Para
Tenepal de CACCINI

LA FERIA

Confiar en la autoridad.
Tía Maruca, viuda, con nueve hijos, no se despeinaba por nada y nada le robaba la paz. ¿Qué Maruquita quería irse sola de viaje con unas amigas?... que se fuera (en aquella era del pricámbrico clásico, eso era escándalo); ¿que Maruquita regresó de ese viaje un poco más embarazada de lo socialmente aceptado?, que tuviera su niño y lo mantuviera, sin una alzada de voz. ¿Que Oscarito no quería estudiar?, que no estudiara; ¿qué no trabajaba?: a la calle; ¿que lo vieron durmiendo en un parque?, es sanísimo a su edad;  ¿que ya trabajaba?, de regreso a su casa, pero pagando pensión. Para la familia era una irresponsable, pero ella decía que nadie paraba un tren a gritos. Sabia.

Según parece a un sector nacional le preocupa que el tal Donald Trump llegue a la presidencia de los EUA; que llegue. Que va a hacer un muro entre México y su país; que lo haga. Que quiere que pague México el muro; que nos cobre… ya verá don Trump qué buena paga somos y de lo que son capaces unos cuantos cientos de miles de mexicanos haciendo túneles, rentando lanchas rápidas, volando en papalote sobre la barda y dinamitándola con cierta regularidad, no para pasar al otro lado, sino… nomás.

Y también don Trump ya se enterará lo que es ser presidente de su país: será el hombre más poderoso del planeta, sí, pero para ponerle doble grapa a un papel necesita permiso de su Congreso, que está lleno de personajes menores y mayores que representan fielmente intereses de una escala que no sospechamos, ni don Trump; ahí que le pregunte a Kennedy, a Nixon, a Obama (entre otros muchos que si acabaron vivos su mandato o si lo acabaron, fue porque se resignaron a lo limitado de sus facultades). 

A don Trump le va a costar Dios y ayuda el permiso para construir el muro y si lo obtiene, para cobrárselo a México va a acabar haciendo una peregrinación a la Villa de Guadalupe, de rodillas toda avenida de Los Misterios… ¿y sabe cuándo va a ver un centavo de eso?: nunca. Dirá usted que puede bloquearnos comercialmente, embargarnos cuentas nacionales… no, mire, a los EUA le pasa lo que tío Alfredo en su despacho de abogado, con doña Cuquita: después de 45 años de ser su secretaria era la única que sabía los términos y dónde estaban los expedientes de todos sus asuntos, quién le debía y cuánto; al grado que Cuquita murió y tío Alfredo se retiró: -Sin Cuca, no puedo ni hablar por teléfono, no sé si anotaba los números o si los sabía de memoria –decía resignado.

Los EUA sin México no es viable, así nomás, el país militarmente más poderoso del mundo, no puede prescindir de México. Por eso, ¿que don mechas Trump quiere ser Presidente?, ¡que sea! Ya lo veremos haciéndose el simpático con el peladaje  (y no va a llegar, digo, si hay lógica en el Universo, no llega). Por cierto: ¿sabe qué sector de los votantes de EUA lo apoya?... sí, el de los “latinos” que ya están allá legalitos. Lástima, pero así es esto. No es grato, pero así es. Otro por cierto: ¿sabe quiénes en los EUA, piensan de los mexicanos como él?... la inmensa mayoría. No nos los dicen porque son menos maleducados que el pato Donald (usted vaya sustituyendo la “a” hasta que le atine a lo que el del teclado no se atreve a escribir, por ser una vulgaridad y políticamente incorrectísimo… trate con la quinta vocal), pero lo que piensa el pato Donald, lo piensan la inmensa mayoría.

A ver si se entera: al “wasp” (blanco anglosajón protestante, por sus siglas en inglés), los latinoamericanos en general y los mexicanos en particular, le caemos igual de bien que una diarrea con tos. Hay excepciones, como en todo, pero la generalidad es esa: nada de “primos”, ni de “buenos vecinos”, mucho menos de “socios”, nos necesitan y punto. Si nos ponemos listos, con el tiempo, acabarán por respetarnos, cosa para la que también tendrían que poner de su parte algunos connacionales que viven allá y hacen todo lo posible para confirmarle a los “wasp” que somos de lo peorcito. En fin.

Créame, a veces la “estrategia Maruca” es lo mejor. Mire si no: por andar queriendo aplicar las leyes contra las drogas nos hemos enredado en un problemón del que nadie sabe cómo salir. Tan fácil como haber seguido como con tantas y tantas cosas en México, sin que la autoridad aplicara la ley y con la población ingeniándoselas para vivir así, sin grandes achuchones. Pero, no, de repente le dio a don Calderón por hacerle al “marshall” Dillon (el de “La ley del revólver”), y mire nomás la que armó, pudiendo haber seguido haciendo la vista gorda con los que exportaban polvito vacilador rumbo a donde los esperaban y esperan, con los brazos y las narices abiertas.

Ahora la única solución posible (y de probada eficacia, no dude), es hacer legales las drogas, todas sin excepción, con una sola condición: que sea un monopolio nacional del Estado mexicano, una empresa paraestatal.

Obviamente será una mina de oro para algunos altos funcionarios de Dromex (Drogas de México), y para los líderes del Sindicato de Trabajadores de la Droga de la República Mexicana (STDRM), que tendrá secciones según el ramo: Sección Uno, Agrícolas y derivados (mota, amapola y planta de coca); Sección Dos, Químicos y conexos; Sección Tres, Comercialización y Transporte.

Ya verá que en poco tiempo habrá problemas de producción por culpa de “condiciones meteorológicas adversas”; reclamos por deficiencias de distribución; demandas de consumidores extranjeros, con las narices como coliflor, las venas como hilachos y los pulmones estallados, porque por un “error inexcusable que se investigará hasta llegar a las últimas consecuencias”, se mezcló raticida en la cocaína, toloache en la mota, sal de mesa en la heroína y azufre en el opio; para ni mencionar la pena de que las drogas sintéticas resultaron ser grenetina en píldoras.

Ya no se preocupe, que las legalicen y el gobierno se encarga, digo, si con el petróleo pudieron y las minas de oro y plata las concesionan a mineros extranjeros, que les dura esto. Hay que confiar en la autoridad.

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