viernes, 26 de febrero de 2016

7349. ¿QUIÉN ELIGE TU PAREJA...?

LA ECONOMÍA Y USTED

Por: Eliseo Castillo A.
Economista analítico.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

HUMILDAD

Si la ves, Heraldo de buenas nuevas,
dile apenas dos palabras acaso,
que me siento sin ella cansado,
alejadas como están las primaveras,
dile, Heraldo amigo, que mis gastados brazos,
a tiempo que dejaron de seguir sus pasos,
aun que se que le extraño cada día;
aunque sé que mis noches y mis días,
vivirán solos, se dormirán  sin ella.

eliseo.

Errados como estamos del sentido real de la vida personal, hemos decidido que es la sociedad la que decida el calificativo entre lo bueno y lo malo con que vamos viviendo. 

Así pasa con la elección de pareja, donde hacemos gala de una ignorancia supina que se compara con la ingenuidad con que asumimos que estamos ¡tomando una gran decisión...!

Por ejemplo, es normal que cuando iniciamos el noviazgo (significa entrenamiento, práctica de una actividad que viven con gravedad los  mayores; no así los novios: novio, novillo que ensaya sin temor a equivocarse...no es una relación permanente... novio, novillo, el que aun no es toro adulto).

En realidad difícilmente usted puede demostrar que ha elegido, o está a punto de elegir a su pareja, eso es una fantasía social que se ha construido desde la sociedad misma; en la práctica, como personas socializadas a fuerza de vivir en grupo, vamos aceptando determinadas reglas, las que al final nos indican lo que somos, y lo que se nos permite llegar a intentar ser.

Si usted se casa, ayunta, arrejunta o lo que se le parezca, con alguien que no es bien vista en el medio en que usted vive regularmente:  barrio, cuadra, pueblo, lo más probable es que la va a pasar mal; pues esta, la sociedad no perdona a quien osa brincarse los reglamentos impuestos desde que se es pequeño.

Por ejemplo, usted tiene que negociar (todas las relaciones son una negociación entre dos interesados en una idea común... ser pareja) el tipo de persona que es bien vista en el medio en que se desenvuelve: si es negro, debe buscar una negra o mulata de preferencia; si es morena, debe buscar un moreno y sus variantes de color que no desentonen mucho; si es muy alto o alta, hay que buscar a alguien más o menos de su tamaño; pero, de preferencia que la mujer sea un poco mas bajita... no mucho, pero más bajita; si es católica, no se le ocurra buscar a un judío o musulmán, no se ponga una pistola en la cabeza... incluso descargada; ya ve usted que los chismes dicen que al diablo le da por cargarlas... no sea la de malas...; si usted es gordito, regularmente se le sugiere otra persona parecida; ¡y desde luego... cuidado con la edad, en eso la sociedad jamás ha renunciado a rechazar las parejas que cuentan con edades muy dispares... ¡jamás! pues se supone, pendejismo desde luego, pero que se aplica; que el hombre siempre debe ser mayor que la mujer... ¡pero solo unos añitos, dicen las abuelas... para no encontrarse con asalta cunas, o asilos de ancianos!

Al final de cuentas, lo que se establece con esto es una especie de mandato social que no debe ser ignorado, si se desea ser aceptado en el grupo en que se convive, los jueces son todos los que le acompañan en su vida: padres, hermanos, primos, vecinos, compañeros de vida, juegos y trabajo, en lo posible, cada uno va a opinar en relación a su vida personal, aceptando con  ello que su intimida les pertenece de alguna manera.

Salvo casos especiales, nadie se lo dirá de frente, quizá solamente sus padres; pero todos opinarán y darán su aceptación o rechazo a su vida en pareja. Puede ser evaluado como tonto, aprovechado, ambicioso-busca fortunas, menso idiotizado-yo-no-se-que-le-ve,  o de plano ser ofendida u ofendido con críticas en función a su edad y estatura.

Imposible que la sociedad acepte que una mujer de unos 18 o 20 años se relacione con un hombre de más de 40 o 50 años; eso se califica como una aberración y falta a la moral; a la pobre mujer, enamorada, encariñada, ilusionada, o como se sienta, la van a acusar de pendeja que ha vivido deseando a su padre, y al estarle prohibido, lo resuelve yéndose con alguien de su edad. Algo parecido sucede con una mujer madura que se atreve a poner sus ojos en un joven, en proporciones parecidas (ella de 50 él de 20 años por ejemplo), rápidamente se saca el tema de Edipo en este caso.

Lo que está en juego en este proceso es la fuerza que tiene la persona frente a la que manifiesta la sociedad; sin duda es una lucha desigual; las personas se han vuelto dependientes de los patrones culturales que se les impone desde la segunda (sociedad), por lo que, cuando deciden "formar un hogar", lo primero que se toma en cuenta es la enseñanza que se ha recibido desde pequeño...: hay miles de personas ante nuestra vista, pero solamente algunas entran en las opciones reales a que tenemos derecho: por situación económica, color de piel, estudios, estatura, edad, religión, nacionalidad. Al final, elegimos en función a un patrón más o menos establecido; cada quien busca de manera inconsciente los prototipos que resuelven las estructuras culturales aprendidas; de esta forma se reproducen generacionalmente las pequeñas identidades que hacen que cada persona se sienta socialmente aceptada por los demás.

Por tanto, el primer elemento para elegir pareja, es el permiso social: si se respeta, nos juntaremos con alguien... "¿Igual a nosotros!", toda decisión diferente, regularmente es sancionada con el rechazo, el reproche, y en ocasiones la marginación del grupo. Muchos negros han pagado "su pecado" de casarse con blancos..., el precio es alto; musulmanes con judíos han armado guerras de familias; gordos con flacos..., han arrancado las burlas baratas, enanos con mujeres muy altas; simples pitorreos de chistes de cantina y lavadero; ricos con pobres, chismes y sospechas de enfermedad emocional. Etcétera.

Al final regresando a la premisa original, podemos decir que la construcción de la pareja se ha elaborado a partir de la necesidad de la sociedad por y para controlar al individuo y sus deseos. Es más, el sentimiento amoroso es encausado hacia relaciones entre personas parecidas, de esta forma el control de jerce de mejor manera sobre los individuos, al margen de que pueda suceder que la capacidad de amar, querer, desear y acompañar sea por otra vereda. El control por encima de todo. Usted puede amar a alguien infinitamente diferente: gordo, flaco, chaparro, alto, viejo o vieja; pero tendrá que aprender a disfrutarle al margen de la sociedad, esta nunca le perdonará su rebeldía; eso nunca.

¿Cada oveja con su dispareja?

¡No lo inventé yo, solo le comento parte de lo que escribo en el libro sobre el tema de la pareja! le confieso que no lo disfruto, lo entiendo, pero no es lo que pienso ni quiero. Usted tendrá sus opiniones. Por cierto... ¿cómo es su dispareja?


Un abrazo y hasta luego.

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