domingo, 28 de febrero de 2016

7355. “MI GUERRA DE LAS MALVINAS SECRETA” CHILE, ENTRE COMPLICIDAD Y LEGÍTIMA DEFENSA.

Por el Lic. Washington Daniel Gorosito Pérez.
Sociólogo, docente universitario, investigador, ensayista y poeta.
Desde el Estado de Guanajuato. México. Para
Tenepal de CACCINI

CHILE, ENTRE COMPLICIDAD Y LEGÍTIMA DEFENSA.

Sidney Edwards, oficial retirado de la Real Fuerza Aérea británica, en sus memorias narra su experiencia en Chile durante el conflicto de las Malvinas y lo ha titulado: “My Secret Falklands War”. En 1982, Edwards viajó a Santiago de Chile, con la misión de conseguir el apoyo del régimen militar que lideraba el General de Ejército Augusto Pinochet Ugarte para la causa británica.

En declaraciones a AFP, fue tajante: “Hubiéramos perdido la guerra”, porque “no hubiéramos podido responder a los ataques aéreos que lanzaban los argentinos si no hubiéramos sabido cuando iban a producirse”. El militar británico confirmó que la estación de radares de Punta Arenas, fue una herramienta fundamental para los británicos, “porque nos  avisaban cuando los cazas argentinos dejaban sus bases en el sur de Argentina” y permitían enviar a los aparatos británicos a su encuentro lejos de la flota británica.

“La alternativa hubiera sido enviar patrullas aéreas bien lejos de la flota. Eso es extremadamente costoso”, no sólo financieramente, sino en términos de desgaste para los pilotos, “y además no hubiéramos podido hacerlo con el pequeño número de aviones que teníamos en los portaaviones”.

Recordemos que el 2 de abril de 1982, la Argentina, gobernada igual que Chile por una dictadura militar, por orden de su Presidente, el General Leopoldo Fortunato Galtieri, invadió las islas del Atlántico Sur, en el denominado Operativo Rosario. El conflicto se extendió por más de dos meses, culminando con la derrota argentina. El 14 de abril, Edwards llegó a Santiago, con la misión de lograr y coordinar el apoyo del régimen chileno a los británicos.

Edwards tenía experiencia en operaciones conjuntas de inteligencia con otros países, además su español era excelente debido a que había estado destinado en la Embajada inglesa en Madrid. Sabía que debía cortejar al General del Aire Fernando Matthei, Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile (Fach), quien era simpatizante anglófilo, que había sido agregado militar en Londres entre 1971 y 1974  y era miembro de la Junta Militar que gobernó el país trasandino desde 1973 a 1990.

Nunca había estado en Sudamérica, mucho menos en Chile, y esperaba una especie de lugar polvoriento, mexicano, de cow- boys, como los que había visto en las películas del oeste cuando era niño. “Me asombró encontrar una ciudad  prospera y moderna, con estándares europeos. Logré una entrevista (con Matthei) el mismo día de mi llegada, tras 20 horas de vuelo”. Los chilenos aceptaron ayuda en secreto, un secreto a voces que se confirmaría con la desclasificación en el 2012 de los documentos británicos de la guerra, y a cambio se les daría para siempre el material militar que necesitaban”

“Matthei asumió un gran riesgo, pero lo hizo por su país, porque sabía que si los argentinos ganaban aquella guerra, luego querrían las islas del Canal de Beagle”, objeto en ese  entonces de fuertes fricciones entre ambos países, “y esa hubiera sido otra guerra”. Según Edwards, “lo que hizo Chile no sólo nos ayudó a nosotros, sino que evitó otra guerra en Sudamérica”. Matthei ofreció la cooperación total dentro de los límites de lo práctico y de lo diplomáticamente posible. Enfatizó la necesidad de mantener el secreto”.

Apoyarse en un régimen como el chileno no le supuso ningún conflicto. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Tengo mi propia opinión sobre las dictaduras y los derechos humanos, pero me los guardo. Uno lucha en una guerra con todo lo que tiene a mano. “Ellos empezaron la guerra, pero nosotros teníamos que ganarla”.

Cuando en 1988, el General Pinochet fue detenido en Londres ordenado por la justicia española, Margaret Thatcher, la Primer Ministro británica en la época de la guerra, saló en su defensa. La “dama de hierro”, “sabía lo que los chilenos habían hecho por nosotros, pero no podía decirlo, porque la información estaba clasificada. Yo pensaba, “si la gente supiera”… “El motivo por el que ella defendió  a Pinochet era saldar una deuda de honor, porque les debíamos mucho a los chilenos.

El militar fue condecorado con la Orden del Imperio Británico pero no en la lista de honores de la guerra de las Malvinas, para preservar el secreto. La guerra terminó el 14 de junio de 1982 con el saldo de unos 900 muertos, (649 argentinos y 255 británicos). Del final de la guerra el oficial aéreo, recuerda la fiesta en el centro nocturno “Las Brujas”, en Santiago. ”Era un lugar muy popular, quedamos ahí y nos lo pasamos muy bien. Los chilenos estaban muy contentos, era casi como si hubiesen ganado ellos la guerra”. “En realidad la ganaron, supongo”.  

Es importante tener en cuenta que el General Fernando Matthei Aubel, en 1999 dio una entrevista en la que dijo: “Yo hice todo lo posible para que Argentina perdiera la Guerra de las Malvinas”.  Continuó: “Chile no tuvo nada que ver en las Malvinas. Fui yo por mi cuenta. Toda la nación argentina puede estar resentida conmigo”. Matthei aseguró haber tomado la iniciativa luego que recibió informes de grandes movimientos de tropas argentinas en la Patagonia, algo que los ingleses desconocían por completo.

“Llegó a Chile por aquel entonces el Wing Commander Sidney Edwards y negociamos la entrega de aviones, misiles antiaéreos y radares a cambio de información. Los apoyamos con monitoreo permanente, radares y escuchas con dispositivos electrónicos”.

El General del Aire, justificó su decisión tras escuchar las palabras de Galtieri quien aseguró públicamente a sus compatriotas que “las islas Malvinas era el primer paso y que el siguiente era la recuperación de otros terrenos. “Que saquen el ejemplo (los chilenos) de lo que estamos haciendo ahora porque después  les toca a ellos”.

En aquel momento las relaciones entre Argentina y Chile atravesaban momentos críticos, a partir de las diferencias que había entre ambos países en torno de los límites fronterizos, que fueron zanjados con el Tratado de los Hielos Continentales en 1991”. El Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, Oscar Camilión, había dicho: “Los planes militares eran, la hipótesis  de resolver el caso Malvinas, invadir las islas en disputa en el Beagle. Esa era la decisión de la Armada”.

También se dice y era Vox Populi en aquella época que había un acuerdo militar “underground”, entre Argentina, Perú y Bolivia para atacar a Chile. Este hecho histórico al ser juzgado puede considerar el accionar del Gobierno de Chile como traición a los intereses y la hermandad latinoamericana  o simplemente fue pragmatismo y se actuó en defensa propia evitando una futura guerra entre Argentina y Chile.

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