miércoles, 2 de marzo de 2016

7364. PARÁSITOS DEL PODER.

Reporte Z

Por Rafael Gomar Chávez.
Filósofo y periodista.
Desde Michoacán.
México. Para
Tenepal de CACCINI

Parásitos del Poder.

No hay un rey que, teniendo fuerza suficiente, no esté siempre dispuesto a convertirse
en absoluto.
Thomas Jefferson (1743-1826)
Político Estadounidense.


En el país de la desigualdad, los excesos pasan a ser tan comunes que con el tiempo su trascendencia se desvanece. El papel del periodismo debe ser mantener en la memoria colectiva los hechos que no deben ser olvidados porque son los síntomas de una grave enfermedad que corroe hasta los huesos a nuestra patria. El libro “Los parásitos del poder” de Ernesto Villanueva e Hilda Nucci es una de esas obras para mantener viva en la memoria la existencia de una clase parasitaria que mantiene un nivel de vida desproporcionado con las condiciones generales del país, e inmoral desde el punto de vista de la ética.

El libro del que da cuenta la revista Proceso acaba de aparecer por lo que nos gustaría leerlo para comentarlo y sustentar con información objetiva una realidad que es apenas uno de los nudos de la red de corrupción, abusos e impunidad que son la característica de la vida política nacional.

¿Cuánto cuesta mantener los privilegios de los ex presidentes? Esa es una buena pregunta para comenzar el análisis de un tema olvidado. Algunos columnistas, como el que esto escribe, han utilizado el término “parásitos” para referirse a los políticos, otra palabra que los retrata sin duda es el de “vampiros” o “chupadores” de la sangre del pueblo. La nota introductoria al reportaje de la revista Proceso es una invitación para leer el libro y confirmar lo que ya sabemos: que los ex presidentes y sus privilegios son el símbolo de un sistema injusto, inmoral y corrupto:

Pensionados de por vida con cientos de miles de pesos mensuales por unos cuantos años de trabajo, agraciados para siempre con seguro social y seguro de gastos médicos mayores para ellos y sus familias, asistidos y protegidos por centenares de empleados públicos, favorecidos con subvenciones y apoyos de todo género, los expresidentes mexicanos forman una casta insólita, única en el mundo por sus privilegios casi monárquicos y los multimillonarios recursos que consumen del erario, muy superiores incluso a los de los países más ricos.

Los privilegios de los ex presidentes son el símbolo de un país dividido entre una clase con un nivel de vida de privilegios y las mayorías agobiadas por la sobrevivencia diaria. Las notas periodísticas de las últimas semanas que dan cuenta de los viáticos de los funcionarios de la ASF, los viajes y gastos desproporcionados de los diputados, la vida de lujos de ministros, consejeros y otros funcionarios son la confirmación de la existencia de un régimen de excepción que es además, ilegal y especialmente inmoral.

La nota introductoria señala que  “para que un ciudadano de a pie pueda ser sujeto de una pensión por cesantía en edad avanzada conforme a la Ley del Seguro Social de 1997, debe tener cumplidos 60 años al momento de causar baja en el IMSS, haber cotizado como mínimo mil 250 semanas –más o menos el equivalente a 25 años de trabajo–, estar de baja ante esta dependencia al momento de realizar la solicitud y encontrarse privado de actividad remunerada”, en cambio, “un presidente o su similar pueden tener una pensión privilegiada con una quinta parte del trabajo de una persona común”.

Los autores realizaron una investigación en 21 naciones de los cinco continentes y la compararon con la situación en nuestro país: “El caso que más llama la atención es el de México, pues es el único país donde un expresidente recibe aproximadamente 2 mil 379 salarios mínimos como ingreso global mensual”.

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